Después de superar los temores que flotan en el ambiente de este país, se logró —por fin— organizar el cuadro dramático de los analistas políticos de Acoyapa residentes en Managua. Yo creo que había, a nivel nacional, una apremiante necesidad artística y política de que actores chontaleños continuaran en Managua la labor teatral que caracterizó toda una época: la época de oro del teatro acoyapino.
Hace pocos días tuve la satisfacción de conocer a los artistas de este nuevo cuadro dramático. Los estuve observando mientras ensayaban. Me impresionó profundamente la capacidad de estos actores para desenvolverse en el escenario. En honor a la verdad, debo decir, que no solamente actúan con magistral improvisación sino también con desbordante imaginación. El dominio escénico de mis paisanos residentes en Managua es admirable; muy superior al de los miembros del disuelto cuadro dramático de los desaparecidos analistas políticos que residieron en Acoyapa.
Les pedí que escenificaran un diálogo entre Daniel y Arnoldo; que se imaginaran cómo sería ese diálogo, en caso de que se realizara el día de hoy. Aceptaron mi solicitud, pero advirtieron que se tomara en cuenta que cualquier parecido de la imaginación con la realidad era pura coincidencia. El diálogo entre Daniel y Arnoldo discurrió de la siguiente manera:
Arnoldo: “Ajá Daniel. ¿Cómo estás? ¿Cómo está tu familia?”
Daniel: “Todos bien, gracias”.
Arnoldo: “Dicen que estás haciendo muchos reales; que estás más rico que Carlos Pellas”.
Daniel: “Sí, es cierto, estoy haciendo mucho dinero, pero sin robarle un peso al pueblo nicaragüense”.
Arnoldo: “Entonces, ¿le estás dando en la nuca a Hugo Chávez, o en otras palabras, le estás dando mazo al pueblo venezolano?”
Daniel: “Pensá lo que vos querrás. Pero es peor robarle a los nicaragüenses que darle mazo a los venezolanos”.
Arnoldo: “Esa indirecta, casi directa, de ‘robarle a los nicaragüenses’, no tiene nada que ver conmigo, pues todo el mundo sabe que siempre he sido un hombre hábil, honesto, trabajador y suertero. Y te digo una cosa, Daniel, he tenido suerte en la política, la agricultura, la industria y el comercio. Y te voy a decir algo más, antes de casarme tuve una increíble suerte con las mujeres, pues como vos sabés yo conozco todos los secretos del arte de la seducción. Precisamente, por la suerte que tengo, son muchos los que me tienen envidia”.
Daniel: “Vamos al grano. Vos y yo hicimos un pacto, y debemos cumplirlo, pero últimamente me has estado atacando como si fuera en serio, como si el pacto hubiera quedado sin efecto”.
Arnoldo: “Ve hombré, yo tengo que aparentar que no soy zancudo. De mi oposición no debés preocuparte. Ya sabés que se trata de una oposición lírica, por cierto, muy estética. Nuestro pacto está más firme que nunca”.
Daniel: “Escuchame Arnoldó. Si me jugás piernas, si te volvés más vivo de lo acordado, te mando preso a Tipitapa. Acordate que todavía tenés varios procesos penales pendientes, y quiero desde ahora decirte lo siguiente: si te meto preso, olvidate de que vas a ser tratado con los privilegios de antes. Vas a ser recluido en la celda de los negros”.
Arnoldo: “¿Y de dónde son esos negros?”
Daniel: “Yo no sé; lo único que me han dicho es que se trata de negros peligrosos”.
Arnoldo: “Daniel, por favor. No te preocupés. No tomés en serio mis declaraciones a los medios de comunicación. La realidad es que vamos a seguir repartiéndonos los cargos que siempre nos hemos repartido, y sea cuál fuere la fórmula política y jurídica que utilicés, yo te aseguro que seguirás teniendo mi apoyo, abierto o encubierto, para que seas Presidente de Nicaragua hasta que cumplás noventa y siete años”.
Daniel: (abrazando a Arnoldo) “Me alegro que seas un político pragmático, realista. En reciprocidad, contá con mi apoyo para que sigás siendo el máximo líder del Partido Liberal Constitucionalista. Debés estar claro que si yo pactara con Eduardo, vos no tendrías nada que dar —los cargos los daría Montealegre— y el líder que no tiene nada que dar pierde su liderazgo”.
Arnoldo: “Gracias Daniel por tu apoyo”.
Daniel: “¿Te puedo apoyar con algo más?”
Arnoldo: “Te voy a pedir algo, pero en secreto. El PLC está escaso de dinero. Yo te ruego que gestiones con Hugo Chávez para que me mande unos doscientos cincuenta mil dólares mensuales durante los próximos dos años”.
Daniel: “No te garantizo nada, pero te prometo hacer las gestiones que me pides. Yo le voy a decir a Chávez que, al fin y al cabo, la ayuda que pedís para la cúpula del PLC es como si fuera una ayuda al FSLN”.
Al finalizar el diálogo, y ya fuera del escenario, los actores que personificaron a Daniel y a Arnoldo, mientras se despedían con abrazos y risas de felicidad, acordaron que si Eduardo Montealegre llegara a poner en peligro la posición política de cualquiera de ellos, los diputados del FSLN y el PLC procederían a votar a favor de su desaforación con las consecuencias ya previstas por el pueblo nicaragüense.
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