Tiger Woods y su esposa, Elin Nordegren, en un reciente evento organizado en San Francisco. LA PRENSA/ AFP / ROBYN BECK

La destrucción de una leyenda

Tiger Woods tenía que ser un hombre feliz al acomodarse en un asiento de su avión privado para el largo viaje de regreso a casa desde Australia. Casi había completado un exitoso año de regreso al golf, y la gran recepción que tuvo en Australia fue un agradable recordatorio de su condición como el atleta más famoso del mundo.

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Tiger Woods tenía que ser un hombre feliz al acomodarse en un asiento de su avión privado para el largo viaje de regreso a casa desde Australia. Casi había completado un exitoso año de regreso al golf, y la gran recepción que tuvo en Australia fue un agradable recordatorio de su condición como el atleta más famoso del mundo.

Los australianos no le habían dado una bienvenida tan calurosa a nadie desde que los Beatles visitaron el país hace más de 40 años. Woods recibió un cheque de tres millones de dólares sólo por presentarse, el aterrizaje de su avión fue transmitido por televisión y los aficionados abarrotaron cada rincón del campo de golf para verlo.

Cuando se iba, alguien mencionó que nunca había visto tanto alboroto en un torneo.

“Yo tampoco”, ripostó Woods.

Siempre bajo control, Woods coqueteó con sus anfitriones con una imprecisa promesa de que regresaría. Si lo hacía, podrían estar seguros de que sería bajo sus propias condiciones, y podrían estar seguros de que el precio aumentaría.

Tras el final del vuelo, había algo de tiempo para recargar baterías antes de culminar la temporada con su propio torneo al norte de Los Ángeles. Mientras tanto, Woods realizaría una breve escala en Stanford para ser exaltado al Salón de la Fama deportivo de la universidad.

Woods estuvo en la cancha esa noche como capitán honorario del partido contra California. Era una postal de una familia aparentemente perfecta: el hijo de un militar estadounidense negro y una mujer tailandesa, vestido con su sudadera roja de Stanford, y sosteniendo una gorra roja en un brazo y a su hija de dos años en el otro. Su esposa sueca, Elin, estaba parada a su lado, utilizando lentes oscuros y una bufanda alrededor del cuello.

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  • Justo dos semanas después del accidente ocurrió lo impensable: Tiger anunció que se tomaría un receso indefinido del golf para tratar de salvar su vida familiar.
Antes del choque y antes de que comenzaran a surgir sus amantes, Woods tenía planes de comenzar el 2010 con el pie derecho. Jugaba mejor que nunca y estaban a punto de llegar tres de los campeonatos major donde se había impuesto en años anteriores.

Ahora existe la posibilidad de que se pierda el Masters por primera vez en 14 años. También podría ausentarse del Abierto de Estados Unidos en Pebble Beach, donde ganó por un récord de 15 golpes en 2000.

Nadie sabe cuándo volverá y si puede mantener el famoso control que lo hizo posiblemente el mayor golfista de la historia. La situación de su matrimonio tampoco está clara para nadie.

En cuestión de días un imperio y una leyenda se destruyeron en una forma que nadie habría imaginado. La tormenta rodeó a Woods y por una vez en su vida no pudo controlar lo que estaba pasando alrededor de él.

La figura de Tiger era tan imponente que su padre Earl pensaba que no sólo sería más grande que Muhammad Ali y Jackie Robinson, sino una de las personalidades más importantes en la historia del mundo.

Su familia parecía tan perfecta como su desempeño en el campo. Incluso aquellos que no lo reconocían como jugador lo admiraban como hombre y lo veían por encima del comportamiento escandaloso de muchas estrellas del deporte.

Pero ahora nadie lo verá igual que antes.

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El día anterior, Woods había contestado preguntas para los 1.3 millones de seguidores que tiene en su página de Facebook. La última era de un fanático de Houston llamado Rupert, quien quería saber cuán difícil era dejar a su familia para viajar a torneos.

“Es muy difícil dejar a Elin y los niños, y estoy seguro de que se va a poner más difícil”, contestó Woods.

El mejor golfista del mundo no tenía idea de lo difícil que las cosas se iban a poner.

Se desmorona

La primera señal de que las cosas en el hogar de Woods quizás no eran lo que parecían provino del National Enquirer, que publicó una historia en su edición del Día de Acción de Gracias alegando que Woods tenía un romance con una mujer de Nueva York llamada Rachel Uchitel, quien lo ha negado.

Otra supuesta amante, Jaimee Grubbs, le proporcionó a la revista Us Weekly un mensaje de correo de voz que según ella le dejó Woods dos días antes de Acción de Gracias, pidiéndole un favor.

“Um, podrías, por favor, uh, borrar tu nombre de tu contestador”, dijo el hombre que se identificó como Tiger. “Mi esposa revisó mi teléfono y, uh, podría llamarte”.

Unos pocos días después, una noticia sacudió a muchos: Woods había resultado herido en un accidente vehicular a las afueras de su casa en Florida y era llevado al hospital.

Para muchos el temor se convirtió en alivio cuando supieron que el accidente y las heridas eran menores y que Woods se recuperaba en su casa, pero pronto comenzaron a surgir dudas.

¿A dónde iba Woods a las 2:25 de la madrugada? ¿Cómo pudo dañar tanto su camioneta Cadillac Escalade si sólo estaba saliendo del garaje? ¿Estaba borracho o drogado?

Entonces surgió una revelación bastante rara, el jefe de la policía local dijo a The Associated Press que Elin había roto las ventanas laterales de la parte trasera de la camioneta para ayudar a que su esposo saliera del vehículo.

De parte de Woods sólo hubo silencio y esta estrategia parecía haber funcionado muy bien con él. Mientras tanto los tabloides se llenaron de fotografías de otras mujeres y los helicópteros sobrevolaban su casa en Isle worth, en busca de contenidos para vender a los medios.

Woods hizo sus primeros comentarios el domingo después del accidente y en ellos pidió que se respetara su privacidad. Al día siguiente emitió un comunicado en el que anunciaba que se retiraba de su propio torneo.

Woods esperaba que ese fuera el fin de las cosas. Uchitel negaba haber tenido una aventura con él y parecía que las autoridades no querían encontrar otros detalles del choque.

Pero Grubbs, una mesera en un bar de Los Ángeles, dijo a la revista Us Weekly que había tenido un romance de 31 meses con Woods y que guardaba mensajes de texto y una grabación en su contestador para demostrarlo.

A pocas horas apareció el mensaje de voz en el sitio de internet de la revista. Entonces apareció otro comunicado en el sitio de internet de Woods.

En este caso se disculpaba por cometer “transgresiones” y dijo que había decepcionado a su familia. Pero insistía en mantener la distancia con los medios a pesar de su relevancia como figura pública.

Pero sus amantes no eran tan recatadas como él y de pronto comenzaron a aparecer mujeres que aseguraban haber tenido amoríos con Woods. De dos pasaron a cuatro, cuatro se hicieron ocho y en algunos casos hay quienes cuentan hasta 12.

Ellas tampoco tenían pena de contar los detalles íntimos sobre sus encuentros, de modo que cualquiera con una computadora o un iPhone podía saber lo que decían de Woods y sus gustos en la recámara.

Además surgió un reporte de la policía presentado el lunes que apoyaba a un oficial de Florida que sospechó que Woods podría haber estado bajo la influencia de alguna sustancia al momento del choque. El policía había pedido que se le hicieran pruebas de sangre a Woods después de que un testigo dijera que había estado bebiendo alcohol y que le habían recetado el somnífero Ambien y el analgésico Vicodin.

Al día siguiente su suegra fue llevada a un hospital después de quedar inconsciente en el baño y los medios tenían al poco tiempo la grabación de una llamada de emergencia que hizo Elin o su gemela con un niño llorando en el fondo.

Jesper Parnevik, que presentó a Woods y a Elin, no fue tan condescendiente como otros golfistas que expresaban su apoyo a su colega.

“Le dije que ése era el tipo que me parecía que era todo para ella. Es honesto, tiene valores y no miente. Era todo lo que se quisiera de un tipo”, dijo Parnevik en una entrevista con ESPN. “Pero ¡oh! Estaba equivocado”.

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COMENTARIOS

  1. Fito LOCO
    Hace 17 años

    HOMBRES FAMOSOS~~~~ despierten… jodido si esto no es nada nuevo q’ los hombres le peguen los cachos a las mujeres…. y Las MUJERES a los HOMBREs… Pero cuando eres rico, famoso o artista reconocido… las mujeres te caen por todo lado… y eso es algo inevitable… el problema no somos los hombres si las mujeres.. q’ es la «tentacion»y q’ pasa cuando te le niega a una mujer entonces cree q’ sos maricon, cochon o pato…. y la fama se riega por todas tus admirantes… q’ hacer entonces? «CULEAR»» ARRIBA TIGER CULEATELAS A TODAS>> SI todas las MUJERES SON RICA>>> ESE ES EL MEJOR MANJAR PARA COMER….

  2. ANA
    Hace 17 años

    Para el comentarista vulgar Fito Loco. Lo mejor para un hombre
    Zorro es no casarce. El verdadero hombre es el que solo le es
    fiel a una mujer. El que es padre de familia y mantiene un hogar.
    Hombres como Tiger nunca se deberian de casar.

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