El presidente Daniel Ortega no demuestra estar interesado en hallar una salida a la crisis que sufre la integración centroamericana, tras el golpe de Estado en Honduras y la solicitud formal de Panamá para retirarse del Parlamento Centroamericano (Parlacen), según coinciden dos expertos en política exterior.
El diputado nicaragüense ante el Parlacen, Mauricio Díaz, y el consultor internacional, Julio Icaza Gallard, opinan que el silencio del presidente Ortega sobre la elección de Porfirio Lobo, el domingo 29 de noviembre en Honduras, también obedece a que el mandatario está más interesado en seguir una política exterior supeditada a la del presidente venezolano Hugo Chávez, que en ver a la región.
“La respuesta a por qué el presidente Ortega todavía no se pronuncia sobre las elecciones en Honduras es que con él Nicaragua actúa en bloque en asuntos de política exterior cuando ésta afecta los intereses del Alba (la iniciativa de Hugo Chávez) y probablemente no va a pronunciarse en tanto y en cuanto el grupo del Alba no asuma una posición común”, opinó Díaz.
Para Icaza Gallard también es evidente que la política exterior de Ortega está plegada a los interés de Chávez, por lo que faltaría ver qué hace el mandatario venezolano al respecto.
Mudos tras elección
Hasta ahora, Chávez y Ortega se han limitado a descalificar las elecciones hondureñas. Ortega lo hizo días antes de la votación, pero desde entonces no ha dicho nada específico sobre la elección de Porfirio Lobo.
Según el diputado del Parlacen y también ex embajador de Nicaragua en Costa Rica, la actitud de Ortega sobre las elecciones en Honduras también responde a una acción “solidaria” con el presidente venezolano que perdió con Manuel Zelaya a uno de sus “peones en su ajedrez”.

Díaz estimó que “lo más grave” de esta actitud de Ortega es que mientras otros países irán reconociendo la legitimidad de las elecciones en Honduras, Nicaragua seguirá alejada de uno de sus vecinos inmediatos, como ya lo está también de Costa Rica, con cuyo presidente (Oscar Arias) tampoco sostiene las relaciones más cordiales.
Desde el jueves pasado el presidente Daniel Ortega ha insistido en su supuesto interés por la integración centroamericana, muy dañada —según él— por la crisis hondureña, el desencanto de Panamá con el Parlacen y la actitud de Costa Rica en contra de la éste y de la Corte Centroamericana de Justicia.
Sin embargo, Díaz reconoció que antes de estos hechos había sido Nicaragua la que a través de algunos de sus funcionarios se había opuesto a entregar a Costa Rica la presidencia pro témpore de Sistema de Integración Centroamericana (SICA).
“Tenemos que fortalecer los instrumentos de integración y unidad centroamericana que hoy se encuentran seriamente lesionados”, dijo Ortega el jueves. El sábado agregó que en Honduras urge una Comisión de Reconciliación como la que el cardenal Miguel Obando y Bravo preside en Nicaragua.
Sin embargo, Díaz criticó que es Ortega quien ni siquiera cumple con los acuerdos de Esquipulas que dieron al Parlacen, pues no practica una verdadera reconciliación en el país, sino un discurso bipolar con el que tampoco pierde la oportunidad para atacar a los que le critican.
Gallard dijo que si Ortega quiere demostrar que su política de integración es real no debe impedir el retorno de Honduras al proceso de integración.
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