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Una muestra concreta de nuestro fervor religioso es la Gritería en honor a la Purísima Concepción de María. Ésta se celebra en todos los rincones del país, teniendo especial relevancia en León, de donde es originaria. La Gritería se celebra la noche de hoy 7 de diciembre, víspera de la fiesta católica de la Inmaculada Concepción de María, ésta consiste en visitar los distintos altares en honor a la Virgen María, se reza, hay cánticos y se quema pólvora. Se acostumbra que a las 6 de la tarde el párroco de la localidad en la entrada de la Iglesia grite ¿Quién causa tanta alegría?, y la feligresía responde ¡La Concepción de María!, de aquí el nombre de La Gritería. Inicialmente en los lugares donde se grita a la Virgen se obsequiaba a los fieles, entre otras cosas: ayote en miel, chicha en calabazos, churros, cajetas, caramelos, indios, pitos, matracas, canastitas, estos últimos elaborados en su mayoría en la cuna de nuestro folclor: Masaya. Hoy en día se reparten todavía algunas cosas como las antes mencionadas, pero a éstos se les ha agregado artículos plásticos como panas; también granos básicos: arroz, azúcar, frijoles; otros reparten jugos artificiales, y en hogares más pudientes se han integrado también comidas como nacatamales y hasta bebidas gaseosas. Cabe recordar que los misioneros franciscanos trajeron a América la devoción por la Virgen María y su Inmaculada Concepción. En 1562 don Pedro Alonso Sánchez de Cepeda y Ahumada —hermano de Santa Teresa de Jesús—, llegó a Nicaragua al Puerto de El Realejo, Chinandega, con la imagen de la Virgen en su advocación de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, y de allí al pueblo de Tezoatega (hoy El Viejo). Los habitantes de la localidad no querían que se la llevara, por lo que don Pedro la dejó allí y se fue del país. El 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX promulgó la bula Ineffabilis Deus, en la que expuso y definió como “doctrina revelada por Dios y que todos los fieles deben creer firme y constantemente que la Santísima Virgen María fue preservada de toda mancha del pecado original desde el primer instante de su concepción, por gracia y privilegios únicos que le concedió Dios todopoderoso en previsión de los méritos de Jesucristo, salvador del género humano”, con lo que legitimiza el culto mariano. En 1857 Monseñor Gordiano Carranza, desde el atrio de la Iglesia de San Felipe de León, anima al pueblo a visitar casa por casa y a alzar sus propios altares a la vez de rezar, cantar y gritar a la Virgen. Según cuenta la tradición, ésa fue la primera vez que oficialmente se dio la primera Gritería, tal y como la conocemos hoy. Sin embargo, hay documentos que dicen que ya en 1742 era costumbre en León adornar altares y poner luces en las entradas de las casas. De León la fiesta pasó a Masaya, Managua y a Granada y de allí se extendió por todo el país, y más allá. Como sea, lo más importante debe ser que ese fervor mariano, a pesar de los muchos obstáculos que haya, se siga manteniendo como se ha venido haciendo desde hace muchos, pero muchos años. Sigamos manteniendo ese amor a María y, a pesar de todos nuestros problemas, gritemos hoy 7 de diciembre: ¿Quién causa tanta alegría?… ¡La Concepción de María!
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