Por Carlos Salinas Maldonado y Martha Solano Martínez
Ilustraciones Bismarck Picado
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Rosario Murillo La superministra
Rosario Murillo es un personaje omnipresente en el Gobierno de Daniel Ortega. Su toque estrafalario, que mezcla lo mágico con lo religioso y revolucionario, domina el discurso oficial, la publicidad y los símbolos. Además, Murillo no deja solo al presidente en ningún momento. Es su sombra, con voz y voto. Participa en cumbres internacionales no como la mujer del Presidente, si no como su asesora personal, su asistente, su traductora. Murillo no es una primera dama, es una superministra: toma decisiones de Estado, despide y nombra funcionarios, maneja el protocolo oficial y dicta las políticas de comunicación del Gobierno. Algunos la llaman copresidenta. A su cargo están los controvertidos Consejos del Poder Ciudadano.
“No nos engañemos, Rosario es la que administra en lo cotidiano el país y administra los nombramientos, ella sólo le pide el visto bueno a Daniel Ortega”, aseguró la socióloga Sofía Montenegro.
Rosario Murillo nació en Managua en 1951. Estudió la secundaria en Gran Bretaña y Arte en Suiza. Algunas fuentes la definen como una mujer culta, que habla inglés y francés y es amante de la poesía; ella misma se define como poeta. Ese toque poético se revela en los eslóganes oficiales, las pancartas, los rótulos que rinden culto al presidente Ortega. “Yo diría que es culta en términos de este país”, dijo la escritora Gioconda Belli. Murillo se estrenó como poeta en La Prensa Literaria, periódico en el que trabajó como asistente de Pablo Antonio Cuadra.
Belli aseguró que Murillo no tuvo un papel preponderante en la lucha contra la dictadura ni en el primer gobierno sandinista. En la década de los setenta colaboró con el Frente Sandinista, pero luego se fue a Costa Rica y estuvo a punto de dejar el movimiento. Una fuente dijo que en los ochenta Murillo “se las pasó teniendo hijos”.
“Durante los ochenta ella fue directora de la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura y también estuvo desaparecida por mucho tiempo, no se le veía por ningún lado. Durante un congreso sandinista la gente votó contra ella para que no fuera parte de la asamblea sandinista”, dijo Gioconda Belli. Fue en ese periodo, durante el Gobierno revolucionario, que Murillo comenzó una guerra abierta contra el poeta Ernesto Cardenal, entonces ministro de Cultura.
Los críticos de Murillo la califican como una mujer ambiciosa, sin escrúpulos. “Doña Rosario ha sido quien es, una persona sin principios, sin escrúpulos, sin respeto por nada, con una tremenda ambición de poder. Me parece que es una persona esperpéntica, abusiva, no es inteligente ni tampoco es culta”, dijo Sofía Montenegro.
“El problema de ella es que es extremadamente voluntariosa, extremadamente paranoica, inescrupulosa porque no tiene escrúpulos para lograr lo que quiere. En el camino de lo que quiere se pasa llevando a quien sea. Es inmisericorde con la gente que ella siente que no está con lo que ella dice”, aseguró Gioconda Belli.
Murillo es el personaje peor valorado de la vida política nicaragüense. Las encuestan le dan una opinión negativa de más del 53 por ciento. Además, su atuendo neohippy y su parafernalia mística hacen que los nicaragüenses la miren con poca seriedad. Las caricaturas de los periódicos nacionales la pintan como una bruja, dada a preparar pociones mágicas e invocar a seres del más allá. Popularmente se le conoce como “La Chamuca”, bautizada así por el caricaturista Manuel Guillén.
Su relación de dependencia con el presidente Ortega ha despertado muchas críticas. Algunas fuentes relacionan el poder de Murillo y su influencia en el Gobierno con la denuncia pública que en 1998 hizo Zoilamérica Narváez, hija de Murillo, contra Daniel Ortega. Narváez acusó a Ortega de abusarla sexualmente desde niña, levantando una ola de críticas contra los líderes del sandinismo en el país y a nivel internacional. Murillo no dudó en ponerse al lado de su marido. “Rosario y Daniel han tenido una relación muy extraña. Ella le dio a él una demostración enorme con lo de Zoilamérica, cuando salió a defenderlo en primera fila”, dijo una fuente que conoce de cerca a la pareja. Esa misma fuente asegura que a Murillo “le toca absorber todas las cosas malas” de esta Administración, con la finalidad de “quemarla” públicamente.
Manuel Coronel Kautz El diplomático cascarrabias
En algunos círculos diplomáticos del país al vicecanciller Manuel Coronel Kautz se le llama con sorna “Coronel Caos”, en referencia a su peculiar estilo de hacer diplomacia. De verborrea incendiaria, Coronel Kautz no mide las consecuencias de sus opiniones, que rayan en la vulgaridad, y lanza con desparpajo contra los diplomáticos —europeos principalmente—cualquier tipo de ofensas, superándose en cada declaración.
Así, Coronel Kautz utilizó una frase de connotación sexual para referirse a los donantes que, descontentos con un Gobierno que se autoproclama progresista, exigían más resultados de la Administración que encabeza Daniel Ortega. El vicecanciller dijo que los donantes “son como la gata angora”. Posiblemente la molestia de Coronel Kautz se genere porque las críticas llegaban de la misma izquierda europea que en la década de los ochenta apoyó con gran admiración el proceso revolucionario. Una de esas diplomáticas de izquierda, la ex embajadora de Suecia Eva Zetterberg, criticó duramente la política del Gobierno. “Es muy importante que el Gobierno muestre su decisión de hacer cambios reales”, dijo Zetterberg. La respuesta de Coronel Kautz fue llamarla “diabla”.
La visita de un eurodiputado holandés y las críticas que hizo en Managua contra el cierre de los espacios políticos y la persecución a las voces contrarias al Gobierno, irritaron al vicecanciller, quien iracundo llamó despectivamente a Holanda “paisucho”. La ofensa le dio la vuelta al mundo en un par de horas, por lo que Coronel Kautz, con el rabo entre las piernas, tuvo que pedir disculpas.
Hasta ahora no ha habido una respuesta contundente de parte de los gobiernos europeos a esta diplomacia del garrote. Una fuente diplomática dijo que trabajan por mantener una buena relación con el Gobierno de Ortega. “No nos gusta mucho ese discurso, pero ahora han dejado las acusaciones personales”, dijo.
Manuel Coronel Kautz es ingeniero agrónomo graduado en la Zamorano de Honduras, con especialización en el INCAE. Fuentes ligadas al Frente Sandinista dijeron que él nunca participó activamente en la lucha revolucionaria y que su vinculación al movimiento comenzó cuando su hermano, Ricardo, formó parte del grupo de Los Doce, la agrupación de intelectuales y empresarios que apoyaron la lucha contra Somoza. Coronel Kautz es hijo del poeta José Coronel Urtecho. Su madre fue María Kautz, “una mujer de trabajo en el campo”.
En los setenta, Coronel Kautz fue empleado del Grupo Pellas y a finales de la década se desempeñó como gerente del Ingenio San Antonio, donde, según algunas fuentes, ordenaba como “capataz”. “La gente de campo no lo quería porque era muy capataz, no le tenía cariño a los trabajadores”, dijo una fuente que conoce personalmente al vicecanciller.
En la década del ochenta, durante el Gobierno revolucionario, Coronel Kautz estuvo a cargo de la Dirección General de Ingeniería y Fomento Agropecuario del Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria, MIDINRA, considerado el feudo de Jaime Wheelock, quien fue el ministro de esa cartera. “Era mentiroso y exagerado. Cuando quería que se hiciera algo decía ‘Dice Jaime (Wheelock)’, aunque fuera mentira”, dijo una fuente.
Una política disidente del FSLN dijo a Domingo que recuerda el paso de Coronel Kautz por ese ministerio “por sus proyectos megalómanos”. En efecto, el vicecanciller impulsó grandes proyectos que terminaron en el fracaso, como el ingenio Victoria de Julio y un megaproyecto lechero en Chiltepe. “Sanguíneo, loco, es muy dado a los proyectos faraónicos. Es terco y cascarrabias. Esa propensión a los proyectos faraónicos se nota ahora en proyectos como el canal interoceánico y la irrigación con el agua del Gran Lago”, dijo una fuente que lo conoció personalmente.
Con la caída del gobierno sandinista, Coronel Kautz formó parte del grupo de profesionales y técnicos del Frente. En una entrevista con el semanario Confidencial, realizada en el año 2000, Coronel Kautz aseguró que en esos años, cuando el Frente estaba en la oposición, se encargó de sus propiedades en Río San Juan, trabajó haciendo consultorías y como asesor del Frente Sandinista. Para algunas fuentes consultadas por Domingo, su actual cargo como jefe de la diplomacia sandinista lo mantiene insatisfecho. “Coronel es un cuerpo extraño en Cancillería, como aceite en el agua, es donde menos calzaba. Nunca fue diplomático”, dijeron.
Gustavo Porras El médico de las revueltas
Es fanfarrón, sarcástico y especialista en exabruptos. Es médico internista y dirigente sindical sin ejercer la profesión; es administrador de empresas, tarea que sí le ha dado buenos frutos en su finca ganadera de Muy Muy y diputado nacional por el FSLN.
En su rol como principal dirigente de la Federación de Trabajadores de la Salud (Fetsalud), un movimiento sindical que agrupa en su gran mayoría a simpatizantes del partido de gobierno, al doctor Gustavo Porras le tiembla la voz por la furia y hasta su tez rosada aumenta de tono cuando lanza los muy a menudos improperios contra la “derecha oligarca de este país”. Es decir, todo aquel que no está con el gobierno.
Durante los últimos 25 años se ha mantenido en el puesto de secretario general de Fetsalud a pesar de que no es un médico activo, cosa que viola los mismos estatutos de la organización, pero gracias a eso, el poder que tiene ahora Gustavo Porras es capaz de botar a cualquier médico, así sea el mejor en su ramo.
Según dicen, en la práctica Porras está por encima de los ministros del INSS, Salud y Mifamilia, así como de los directores de hospitales, todo gracias a la “bendición” que ha recibido de parte del presidente Daniel Ortega, a cambio de la manipulación de los afiliados de Fetsalud que acuden a las rotondas y calles ante cada llamado que haga.
Pero ese poder no lo ha tenido siempre. Hace 35 años Porras no era más que un médico practicante en la sala de recién nacidos del Hospital Bertha Calderón. “Era linda gente”, comenta una enfermera ya en retiro que se encontraba también haciendo prácticas en ese entonces. “Eso fue después del terremoto (de 1972)”, recuerda. “Él era todo rosadote”.
El doctor Porras se llevaba bien con todos, pero eso sí, siempre se enojaba cuando faltaban medicamentos y no se cansaba de repetir que las cosas no podían seguir así. Era tan buena gente que, según esta enfermera contemporánea a los 55 años que tiene el doctor Porras, un día llevó pañales nuevos para que los recién nacidos estrenaran y por lo menos dejaran de usar los pedazos de sábanas viejas que el hospital les proporcionaba.
También era de esos pedigüeños que andan atentos a cada oportunidad. Cada vez que hacían fresco de Kool-aid, una bebida instantánea, el doctor aprovechaba y se acercaba a todo el que no la quería para que fuera a pedir su ración y le llenaran el tarro de avena Quaker que siempre cargaba en sus manos.
Entonces era un hombre humilde, dicen. Pero después, ya en los ochenta, comenzó a tener liderazgo en Fetsalud hasta llegar a ser el secretario general. Entonces todo cambió. A partir de ahí comenzó a tener encontronazos con la aún secretaria departamental de Managua y diputada Iris Montenegro.
“Porras tomaba decisiones políticas y la doctora Montenegro decisiones más partidarias. Ella era fiel al partido y él pactaba los aumentos salariales con el gobierno de turno”, comenta un médico que dice haberlo conocido desde comienzos de la década revolucionaria de 1980.
Fetsalud se adjudica a por lo menos 20 mil afiliados. Sin embargo, algunos aseguran que gran parte de esas afiliaciones son a conveniencia, para mantener el puesto, dada la influencia que este médico enérgico tiene en la estructura del sistema de salud nacional.
Además de esos privilegios, reportes periodísticos han demostrado que el doctor Gustavo Porras goza de tres salarios provenientes del Estado a la misma vez. Uno como diputado, otro como docente médico y otro como médico del Hospital Manolo Morales, a pesar de que no ejerce estas dos últimas funciones.
Bayardo Arce Castaño Periodista, guerrillero, empresario
Bayardo Arce Castaño (Managua, 1949) es de los comandantes que estuvo más tiempo en la clandestinidad. Nunca lo agarraron. Nunca estuvo preso. Se supo cuidar y ascendió a la cúpula sandinista tras la muerte de Pedro Aráuz Palacios.
A principios de la década de los 70, el muchacho flaco ya era un periodista brillante, según lo recuerda un ex compañero de trabajo. Cubría temas políticos y gozaba de prestigio, sin embargo, tenía un problema que cada vez se volvía más grave, su adicción al licor. A medida que eso iba aumentando, se fue convirtiendo cada vez más desordenado. Algunos cuentan que hasta llegó a gastar todo su salario en alcohol.
Por esos años se integró al Frente Estudiantil Revolucionario de manera clandestina, pero se mantuvo como periodista hasta que los rumores de “infiltrado” llegaron a las orejas del director Pedro Joaquín Chamorro.
Sobre su despido hay dos versiones. Unos sostienen que fue debido a un pie de foto que no agradó. Dicen que una vez hubo una manifestación frente al Centro Cultural Americano Nicaragüense, Arce fue a cubrir la actividad y en su publicación aparece la fotografía de un muchacho que lanzó una piedra, acto que fue alabado en el pie de foto que escribió el periodista. A partir de entonces, se comentó que Arce era miembro del Frente y que incluso era informante de Somoza. Puros rumores.
La otra versión cuenta que mientras trabajó en La Prensa, Arce tuvo un amorío con la entonces secretaria de Chamorro Cardenal, Rosario Murillo, quien es ahora la Primera Dama. Más rumores.
Ya en 1972 el comandante Arce se sumergió en la clandestinidad. Participó en las tomas de Estelí y Matagalpa. Un miembro del FSLN lo describe como un muchacho hábil, inteligente.
Durante varios años Bayardo Arce no fue más que un guerrillero. Pero fue con la muerte de Pedro Arauz Palacios, el 17 de octubre de 1977, en la carretera a Tipitapa, que logró ascender en la estructura.
Arauz Palacios controlaba las acciones del Frente en el Pacífico del país y según el orden, fue Arce quien le sucedería. Y así ocurrió. Luego, con la división del FSLN, se unió a la corriente de la Guerra Popular Prolongada, fue parte de los GPP junto a Tomás Borge y Henry Ruiz.
Con el triunfo de la revolución, el 19 de julio de 1979, y con la creación de la junta de gobierno, Arce pasó a ser el responsable de la organización del Frente Sandinista de Liberación Nacional como partido político, además, estuvo a cargo de parte de las relaciones internacionales y la dirección de propaganda.
En la década de los noventa, fungió como diputado de la bancada sandinista en la Asamblea Nacional. Fue para esa época, según una fuente del partido, que Arce logra establecer sus empresas y da un salto económico dentro de la cúpula partidaria. “Él se preparó para eso”, dice la fuente. “Estudió cuestiones relacionadas con la economía y la administración de empresas, pero del rol de asesor económico que una vez jugó, ya no le queda nada por la desconfianza de Daniel hacia él”. Desconfianza que puede estar fundada sobre los mismos rumores que en los setenta ocasionaron su despido como periodista, una profesión que heredó de su padre, Guillermo Arce (q.e.p.d.).
Guillermo Arce, tuvo seis hijos. Cinco varones y una mujer. Fue dueño de algunos periódicos antisomocistas y debido a la línea editorial de su trabajo, en 1957 fue mandado a vapulear. La golpiza fue tal que le provocó la muerte.
A partir de entonces, el joven Bayardo Arce creció con el resentimiento que más tarde lo convirtió en un comandante de la revolución que con el pasar de los años ha multiplicado sus frutos y luce el estigma de “empresario”.
Lenín Cerna El “brazo fuerte” de Ortega
Lenín Cerna es el defensor de los “logros” del Frente Sandinista. Algunas fuentes aseguran que este hombre cuenta con un ejército propio, formado por ex miembros de la vieja Seguridad del Estado —a cargo de Cerna en los ochenta— que ahora han dejado aquel papel de inteligencia al estilo Guerra Fría para colmar y controlar el poder judicial. Esos ex funcionarios de la Seguridad del Estado se prepararon como abogados y han tenido a su cargo las “operaciones jurídicas” que favorecen al Frente Sandinista. Los llaman “mafias judiciales”. Ese control del poder judicial se logró gracias al pacto entre Arnoldo Alemán y el entonces opositor Daniel Ortega, sellado en 1999.
Cerna maneja a su “ejército” para controlar los comandos electorales que defienden el voto sandinista, pero también para emitir sentencias que interesan al FSLN. Como ocurrió en 2007, cuando un empresario acusó a Cerna de encabezar una red de extorsiones que mueve sus hilos en los juzgados para lograr fallos favorables. Algunas personas han llegado a comparar la relación entre Ortega y Cerna como la que tuvieron en el Perú Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos.
Cerna ha reconocido que “con dificultad” apenas llegó al primer año de universidad, por lo que no tiene “nada que ver” con la justicia ni con magistrados.
De Lenín Cerna se dice que posee una “mente siniestra”, a él se le achacan conspiraciones de todo tipo, torturas, robos de bancos y asesinatos. Para algunas fuentes que lo conocen personalmente, mucho de eso es parte de una “leyenda urbana” que se ha tejido a su alrededor, pero no niegan la capacidad de Cerna para conspirar.
Un político que lo conoció en los ochenta dice que Cerna es uno de los guerrilleros más antiguos del Frente Sandinista, estuvo siete años preso junto a Carlos Guadamuz, el comentarista sandinista de verbo encendido que no tenía empacho en señalar y denunciar a sus ex compañeros de guerrilla y que fue asesinado en 2004 por un “fanático”, según las investigaciones de entonces. Sobre el asesinato de su viejo compañero Cerna no tuvo palabras sentidas, más bien habló del que fue acusado como asesino de Guadamuz, William Hurtado, “un buen expediente de la Seguridad (del Estado)”.
La estadía en la cárcel hizo de Cerna un hombre duro, que según una fuente moldeó su carácter y su “mente maquiavélica”.
Cerna entró al clandestino FSLN en la década de 1960, a la par de Carlos Fonseca Amador y Tomás Borge. Cerna participó en conspiraciones para robar bancos y según una confesión que hizo en 1968 entrenaba a muchachos para que fabricaran bombas caseras. En la década de 1980, tras el triunfo de la revolución, Cerna se ganó la admiración de Daniel Ortega tras participar en la organización del asesinato del ex dictador Anastasio Somoza Debayle, muerto en Asunción, Paraguay. Desde entonces, afirma una fuente, Cerna cuenta con el apoyo de Ortega.
Un perfil elaborado por Magazine, de La Prensa, pinta a un joven Cerna que se le escondía a su prima cuando lo quería besar en su casa del barrio El Calvario de León. Un Cerna que fue monaguillo del sacerdote José Áreas. El hijo protegido de una familia de clase media que en León contaba con una zapatería. Un joven chismoso, vanidoso, mal bailarín y a quien en sus años de estudiante de medicina le gustaba rajar por la panza a los sapos.
El hombre que más tarde, según una fuente citada por la revista, se convertiría en “el brazo fuerte de Daniel Ortega”. Por una ironía del destino Cerna llegó a ocupar con Daniel Ortega el mismo cargo que su padrino ocupaba con Somoza. Samuel Genie, el padrino, era jefe de la seguridad de Somoza. Con el triunfo de la revolución y las conspiraciones que organizó, Cerna se convirtió en el jefe de la seguridad sandinista. Una fuente que lo conoce bien, dice que el “brazo fuerte” del Gobierno mantiene estrechos lazos con la familia del otrora hombre fuerte de Somoza.
Rafael Solís Del grupo de los profesionales
Como muchos Rafael Solís ingresó a las filas del Frente a través del FER (Frente Estudiantil Revolucionario) ya entrada la época de 1970.
Durante esos años realizó diversas tareas, pero lo que más se recuerda es su participación en la insurrección final, en los barrios orientales de Managua. Ahí combatió junto a reconocidos comandantes de la talla de Mónica Baltodano, Joaquín Cuadra y Carlos Núñez Téllez.
La insurrección final inició 8 de junio en el sector del barrio San Judas, pero fue hasta el 9 de junio, en la insurrección de los barrios orientales, donde el ahora magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Rafael Solís, tuvo una activa participación.
Él formó parte de los 110 jóvenes armados que llegaron a tomarse el barrio Bello Horizonte. Después, la ola expansiva se extendió hacia Santa Ana, Acahualinca, Monseñor Lezcano, Altagracia, etc.
Fueron 17 días de intensos combates. Bajas hubo muchas. Sólo en el barrio de Batahola se llegaron a contar 180 asesinados. Pero ya para el 27 de junio de 1979, aquel centenar de insurrectos se multiplicó hasta alcanzar la cifra de 6 mil personas que juntas marcharon en el repliegue táctico hacia Masaya. Después de eso ya no faltó mucho, el 19 de julio se anunciaba el triunfo de la revolución.
Rafael Solís era de los pocos profesionales graduados que se involucraron en la lucha. Era de la línea Tercerista, según cuenta una fuente, estos son los que tenían armas, radios, equipos de logística.
Después de julio de 1979 pasó a ser parte del Consejo de Estado, como asistente de Carlos Núñez Téllez.
Solís, por sus estudios jurídicos, dirigió la creación de la nueva Constitución Política de Nicaragua que comenzó a regir el país a partir de 1984.
“Prácticamente fue él quien hizo esa constitución porque era uno, tal vez el único abogado con el nivel de conocimientos suficientes para hacerlo. Payo era del grupo de los profesionales y técnicos del Frente”, comenta una fuente sandinista.
Y hasta hoy Rafael Solís se ha mantenido en ese puesto. Ahora, como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, ha estado a cargo de varias jugadas político-legales que le han dado ventaja al FSLN. Al asumir su cargo, no tuvo empacho en decir que llagaba a ese cargo a defender los intereses del Frente Sandinista.
Solís es un jurista hábil, excelente conocedor de las leyes y por tanto, capaz de maniobrar a favor del partido al que aún se mantiene fiel. Se caracteriza también por ser uno de los pocos cuadros sandinista que se atreven a brindar entrevistas y contestar sin pelos en la lengua.
Solís trabaja de la mano con el diputado Edwin Castro. En conjunto, analizan y crean las salidas que le han dado mayores cuotas de poder al FSLN. Prueba de ello fueron las reformas a la Constitución en 1998, que al año siguiente permitieron la repartición de poderes entre el Frente Sandinista y el Partido Liberal.
Y de sus últimas hazañas se cuenta la jugada que realizó junto a cinco magistrados sandinistas más, en la que emitieron una sentencia que le daba el visto bueno para que Daniel Ortega y sus 109 alcaldes en todo el país puedan ser reelectos.