Por Mauricio Mendieta Herdocia
El que fue Presidente una vez, no debería volver a serlo bajo ninguna circunstancia. Ése ha sido el anhelo y la aspiración histórica de los nicaragüenses. Las pretensiones y la voluntad continuista de algunos de los gobernantes que hemos tenido han dado origen a dictaduras como la somocista y la sandinista que nuestro pueblo no quiere volver a vivir jamás.
Los argumentos jurídicos expresados por diferentes expertos constitucionalistas han sido lo suficientemente claros y contundentes para demostrar la ilegalidad de esa sentencia, de la cual no es ajena el arnoldismo pactista. Esta acción convierte a los magistrados que la emitieron en verdaderos usurpadores del Poder Legislativo, al pretender reformar artículos constitucionales que no son de su competencia.
Dentro de su concepción del socialismo del Siglo 21, la reelección indefinida es una de las exigencias de Hugo Chávez para los países miembros del Alba. Por esa razón los albinos deben procurar como eternizarse en el poder para lograr establecer un socialismo que solamente ellos conocen y saben en qué consiste. Se equivocan en creer que nuestras poblaciones van a permanecer y adoptar unas actitudes de contemplación indolente ante las agresiones a los principios de democracia y libertad que debemos hacer prevalecer.
A pesar que los albinos utilizan y manipulan constantemente la figura y la memoria de Simón Bolívar, éste tuvo una expresión contraria a la conducta impulsada por ellos, al decir con mucha sabiduría: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer tanto tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía”.
René Herrera, magistrado del Consejo Supremo Electoral, tratando de justificar su actuación expresó que los magistrados de ese poder del Estado actuaron de la forma en que lo hicieron para ayudarle a Daniel Ortega en el problema de sucesión que tiene a lo interno de su partido. La franqueza o el cinismo de esta revelación explican la desesperada iniciativa, que culminó con esa burda e ilegal sentencia de los magistrados pactistas del orteguismo, otorgándole el derecho a reelegirse.
Con esta acción Ortega ha demostrado, o no tener los 56 votos en la Asamblea Nacional para conseguir la reforma constitucional pertinente, o bien cortar de tajo las aspiraciones presidenciales a otros miembros de su partido, que ya manifestaban algunos signos que él percibió como evidentes de esas pretensiones. Y como dice la expresión popular, mató, según él, “gato en puerta”.
Es inverosímil que un Presidente de la República cometa semejante torpeza, como es esta ilegal e ilegítima iniciativa de sentencia que le va a producir acciones en contra de su propia gobernabilidad. Ortega, quien tiene 30 años gobernando, 15 desde arriba y 15 desde abajo, está demostrando tener unas ansias y ambiciones ilimitadas del poder per se.
Durante los últimos setenta años de nuestra historia, la no reelección ha sido impulsada con un genuino y vital sentido de misión nacional para el destino democrático de nuestra nación. Muchos patriotas fueron perseguidos, encarcelados y torturados por oponerse a la reelección de los Somoza; y otros derramaron y abonaron con su sangre el árbol de la democracia y la libertad.
Oponernos a la reelección no es una actitud caprichosa y antojadiza. Existe una fundamentación de carácter democrático, y particularmente al referirnos a Nicaragua. Cuando un gobernante tiende a repetirse y perpetuarse en el poder, termina por debilitar y deformar las instituciones para hacerlas que funcionen a favor de sus propios intereses, terminando por imponer su voluntad sobre las diferentes instituciones y poderes del Estado, sufriendo el país y la población sus graves consecuencias. De ahí la importancia de limitar el tiempo de gobierno de los elegidos para gobernar.
La primera etapa de lucha y el reto patriótico en contra de la reelección se encuentra en la Asamblea. Los diputados no sandinistas tienen una inmensa responsabilidad histórica con Nicaragua y sus votantes, y de manera especial los del PLC y la ALN, quienes tienen una oportunidad única para romper de una vez por todas con el nocivo y perverso pacto Alemán-Ortega. Fue el comportamiento del diputado Alejandro Ruiz el preludio de otros antipatriotas que vendrán, ojalá y no fuera así.
Nicaragua necesita elegir, no repetir. De ahí la importancia de la no reelección y de generar una alternativa distinta al pactismo, que tenga un claro sentido estratégico y carácter programático, para así poder establecer la República Democrática que hemos anhelado.
El autor es médico
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