Darwin López Galeano

Llamado a la tolerancia

¡Hasta dónde estamos llegando en Nicaragua, un país en el que durante 16 años, después de febrero de 1990, prevalecía la tolerancia y la democracia!

Aun con el triunfo del Frente Sandinista, en el 2006, cuando Ortega pregonaba discursos pacifistas y nada confrontativos, parecía que la forma de gobernar sería diferente, se notaba un personaje diferente.

Pero al paso del tiempo, a lo largo de estos tres años, Nicaragua se ha transformado. Ya los nicaragüenses parecen no verse como hermanos, ya no prevalece la cultura de paz y libertad. Da lastima decirlo, pero nuestra tierra pinolera se ha transformado en estos últimos meses en un país de confrontaciones y de violencia política.

Lamentablemente, Nicaragua ya está dominada por la política del miedo, dominada por un grupo del partido de gobierno denominado “pueblo organizado”, como lo bautizó el dirigente del FNT, Gustavo Porras. Y para aumentar su maquinaria, ahora quieren transmitir esa cultura de violencia a los trabajadores del Estado que se concentran en diversas zonas de la capital o donde los obliguen, en cuyas caras son evidentes las vergüenzas que demuestran algunos por la falta de voluntad que tienen para concentrarse.

Seguiremos sufriendo brotes de violencia, al menos es el panorama que se visualiza, así ha sido luego del retorno de Ortega al poder y se agudizó luego de las elecciones municipales del 2008. Una cosa es movilización pacífica y otra es provocar el caos. Los grupos opositores al Gobierno han marchado en contra del fraude electoral, pero los resultados no han sido satisfactorios, también se han movilizado en repudio del fallo de la CSJ que da paso a la reelección presidencial favoreciendo de esta manera al mandatario, pero el resultado es siempre el mismo, marchas fracasadas por los brotes de violencia provocada por las turbas sandinistas.

A partir de hoy, la situación se pone cada vez más tensa en el país, ya está la cuenta regresiva, me refiero al 21 de noviembre, fecha en que está anunciada una gran marcha de nicaragüenses, quienes se movilizarán en repudio del fraude electoral y del fallo de la CSJ. También marcharán las denominadas fuerzas de choque, que como siempre, utilizarán pasamontañas, morteros, piedras y garrotes, cuyo objetivo es claro: sembrar el miedo y reprimir a los opositores.

Ojalá ese día no se convierta en otro 22 de enero de 1967, cuando la Guardia Somocista masacró a opositores del Gobierno de Somoza Debayle, por organizar una nutrida marcha contra la dictadura de ese entonces. Digo esto porque ahora la oposición parece rebelarse, pues Eduardo Montealegre en representación de todos sus seguidores, anuncia la decisión de hacerle frente a las turbas, que si ellos lanzan una piedra, los opositores lanzarán dos y el ex presidente Arnoldo Alemán advirtió a los sandinistas “no encender la mecha de la dinamita”. Esto sin duda alguna es una clara señal de enfrentamientos ya anunciados.

Ojalá que el 21 de noviembre no quede registrado en las páginas de la historia de nuestro país como un hecho sangriento en Nicaragua, que no se repita la triste historia. Hay que hacer un fuerte llamado a la calma y a la tolerancia y estar atento a todo lo que acontezca ese día. La Policía Nacional tiene que sacar a todas sus fuerzas y resguardar toda la ciudad para evitar hechos sangrientos y reprimir el caos. Dios proteja nuestro país y que no se tiñe con sangre de hermanos.


El autor es periodista

Opinión marcha Ortega tolerancia archivo
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