¡La marcha debe ser de muchos… no de machos…!

Por Violeta Granera Padilla.-

La marcha nacional del sábado 21 de noviembre debe ser una marcha cívica y pacífica, como han sido todas las convocadas en los últimos años. La ciudadanía no debe caer en la provocación de la violencia que se está promoviendo desde el gobierno del presidente Ortega, porque eso es lo que quieren: un caos de violencia con consecuencias dolorosas para el pueblo de Nicaragua, pero con pretensiones de ganar el margen de la paz y del respeto a la Constitución y a la diversidad que constituye este país. Los machos no son los hombres, son todos los que creen que deben controlar a los demás y tienen miedo de no poder hacerlo. Los muchos somos el pueblo de Nicaragua que debemos asumir este reto histórico de proteger la libertad, la democracia y el bienestar de cada familia y niño(a) nicaragüense.

La voluntad de paz y de civismo de las organizaciones de la sociedad civil que convocamos a las marchas, y en especial a esta próxima, ha sido ampliamente divulgada persona a persona a través de los líderes comunitarios y en los medios de comunicación. Condenamos enérgicamente todo acto de violencia contra el pueblo de Nicaragua, venga de donde venga. Y a la fecha ha quedado claro quiénes son los que usan a los empleados públicos y a grupos de jóvenes marginados para atacar con morteros y piedras toda manifestación ciudadana que cívica y pacíficamente estamos alertando sobre el peligro de continuar por la ruta dictatorial que está siguiendo el gobierno del presidente Ortega, la que incluye persecución y agresión a la juventud, ataque a medios de comunicación, listas de personas para ser agredidas… con el fin de intimidar y orillar a la población a entrar en el trágico círculo repetitivo de nuestra historia: Dictadura/Violencia. Sin duda se perfila una dictadura de nuevo estilo, pero lo esencial está más que presente: un poder de pocos por encima del poder soberano del pueblo.

Es normal la indignación popular por estos atropellos a los derechos humanos más elementales. A la básica libertad de disentir y de criticar a las autoridades y sus actos. Y al derecho de organizarse para controlar la acción del Estado (Gobierno y sus Poderes). Y sé que es difícil que esta indignación no nos haga pensar en la revancha o la respuesta…

Pero hermanos(as) nicaragüenses, ese trágico círculo no ha traído ninguna mejoría sostenible para nuestro país. “debemos romperlo”. El desafío no es sólo detener la dictadura, sino rescatar la democracia de forma sostenible para y por las futuras generaciones. Y es el momento ahora. La violencia no es igual a fuerza. Esta idea proviene de la cultura patriarcal o machista, que provoca las agresiones a las mujeres, a los niños, a los débiles. Y se expresa en la política o en la vida pública en los dictadores, abusadores del poder, caudillos autoritarios y funcionarios públicos que se enriquecen con nuestros impuestos. La violencia es igual a debilidad. Siempre viene del cobarde y del miedoso. Del que no se siente capaz de defender sus ideas civilizadamente. Del que le teme al pueblo porque sabe que el derecho a la libertad es un valor irrenunciable de cada persona.

Sé que los ánimos están justamente indignados. Y que mi artículo puede tener mucha crítica. Pero ruego leerlo desprovisto de miedo, tal como lo estoy escribiendo. Las organizaciones estamos haciendo los mayores esfuerzos para minimizar el riesgo de los(as) miles de valientes que vamos a marchas cívica y pacíficamente este sábado 21. En nombre de la voluntad de paz de Nicaragua, hago un llamado a los partidos políticos que participen en la Marcha a que respeten el espíritu de Desafío Político No Violento con que ha sido convocada. Hago un llamado al gobierno de Ortega a que detenga la agresión a la ciudadanía para no complicar más la situación del país, y no deteriorar más la imagen de su Gobierno.

Finalmente, cuántos seremos en la Marcha, depende de cada uno de nosotros(as). Cómo será la Marcha, como debe ser: una Marcha Cívica, Pacífica, honrando la nueva cultura política que queremos dejarle a nuestros hijos e hijas. Y levantando valiente y cívicamente nuestras legítimas reivindicaciones políticas y sociales.

Los machos no son los hombres, son todos los que creen que deben controlar a los demás y tienen miedo de no poder hacerlo, y los muchos somos el pueblo de Nicaragua que debemos asumir este reto de proteger la libertad, la democracia…

La autora es coordinadora del Movimiento por Nicaragua

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