- Millones se encomendaban a Dios
Los filipinos se encomendaban a Dios antes de la llegada de un supertifón al archipiélago ya enlutado por la tormenta Ketsana.
Los fervientes rezaban ayer ante la amenaza de una nueva calamidad natural: el “supertifón” Parma, capaz de volver a sembrar desolación en el archipiélago.
Manila y su región ya quedaron sumergidas el 26 de septiembre por un mar de agua y barro, descargado por la tormenta tropical Ketsana, que causó más de 400 muertos en el sudeste de Asia, de ellos al menos 293 en Filipinas.
El tifón Parma amenaza particularmente a 1.8 millones de personas “que viven en lugares donde los vientos pueden tener un impacto máximo”, advirtió el viernes en Ginebra la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU.
“Ocho millones y medio de personas viven en el camino de este tifón, y 1.8 millones lo hacen en lugares donde los vientos serán más fuertes (…) y corren el riesgo de tener un impacto máximo”, declaró a la prensa la portavoz de dicha oficina, Elisabeth Byrs.
La presidenta filipina Gloria Arroyo decretó ayer el estado de catástrofe natural para toda Filipinas antes de la llegada de Parma, prevista para hoy.
La nueva amenaza, el tifón Parma, que genera vientos de hasta 195 km/h con ráfagas de 230 km/h, se está acercando a la provincia septentrional rural de Aurora, que podría ser golpeada a partir de la madrugada.
La gobernadora de esa provincia, Bella Angara, se encomendó a Dios, en un país donde el 80 por ciento de la población es católica. “Las previsiones indican que el tifón es muy potente. Rezamos para que no se pierda ninguna vida (…)”, afirmó en declaraciones a la radio.