Hace unos pocos días la champaña corrió en la caseta de los Yanquis, que celebraban su banderín divisional número 16, un récord —compartido con los Bravos— desde que se inventó este formato en 1969.
Sin embargo, la frustración de no obtener un título en la Serie Mundial aún no ha sido lavada. La última vez que los Bombarderos llegaron a la cima del beisbol fue en el 2000, pero para los yanquistas parece que fue hace un siglo. No obstante, la pregunta es: ¿podrán hacerlo ahora?
Hay que esperar. Nada puede garantizar el éxito en un deporte tan impredecible como el beisbol. Ni siquiera ser el mejor equipo de las Mayores, como en efecto lo han demostrado los Mulos este año. Hay que ganar más juegos, y en esta etapa que viene el camino se pone duro.
Pero debemos partir de un detalle. Los Yanquis de este año, y más específicamente los de la segunda mitad de la temporada, son un equipo sólido. Pitcheo responsable, defensa segura, bullpen confiable y un ataque capaz de explotar por cualquier extremo. Y Joe Girardi espantó las dudas sobre su capacidad.
Es decir, si la campaña acabara hoy, habría satisfacción entre los yanquistas. El zurdo CC Sabathia ha sido un acierto. Es el máximo ganador de la liga. Mark Teixeira puede ser el Más Valioso y A. J. Burnett ha lanzado bien, aunque le ha faltado suerte.
Pero además, Derek Jeter pareció rejuvenecer y entró pisando fuerte entre los inmortales de los Yanquis. Robinson Canó tronó como se esperaba y tanto Hideki Matsui como Jorge Posada han regresado a su nivel habitual. Y no hay que olvidar a Nick Swisher, un bate decisivo.
Sin embargo, como he dicho, el trabajo no está concluido. Falta deshacerse de los Tigres y de quien prevalezca entre Boston y California. Y si se llega a la Serie Mundial, hay que ganarla. Los aficionados de los Yanquis no se conforman con algo distinto que el éxito, y el grande de verdad.
En el 2001, cuando llegaron por última vez al clásico de octubre, los Yanquis se impusieron a Seattle, que había mandado todo el año en la liga tras acumular 116 victorias, pero ellos se los despacharon, aunque luego fueron a perder con Arizona.
Eso demuestra que no hay nada garantizado en el beisbol. Hay que salir al terreno a pelear cada victoria. Y eso es lo que han hecho hasta ahora. Veremos si continúan así.