Ernesto González Valdés

Si usted profesor es uno de los que no pasa lista en su grupo, hágalo. ¿Controlar la asistencia en la universidad? Los jóvenes actualmente suelen ingresar a las universidades con 16 ó 17 años, para cuatro o cinco años después incorporarse muy bisoños al mundo laboral, donde posiblemente muchos valores —de los aprendidos en el […]

Si usted profesor es uno de los que no pasa lista en su grupo, hágalo.

¿Controlar la asistencia en la universidad?

Los jóvenes actualmente suelen ingresar a las universidades con 16 ó 17 años, para cuatro o cinco años después incorporarse muy bisoños al mundo laboral, donde posiblemente muchos valores —de los aprendidos en el hogar o en la escuela— no han sido totalmente adquiridos.

¿Cuánto tiempo de nuestras vidas dedicamos no sólo a estudiar, sino a ir físicamente a la escuela o universidad? Sacando cuentas si comenzaste la primaria a los seis años, y descartando la posibilidad de haber asistido a preescolar, de primero a sexto grado llevás 6 años, más 5 del bachillerato, más 5 promedio (dependiendo de la carrera) serían 16 años de estudios continuos.

De hacer un alto, considerando que el promedio de vida de nosotros los nicaragüenses es de 73 años, hasta aquí has dedicado el 22 por ciento de tu vida al estudio. También excluyo la posibilidad de realizar estudios paralelos, como podría ser el idioma. Hay docentes que logran retener, sin necesidad de pasar la lista, el control de los alumnos y alumnas que le asisten, sobre todo cuando el grupo es pequeño.

La problemática estará no sólo en el control de las evaluaciones sistemáticas, lo cual le permitirá medir “el pulso” de cómo sus discípulos van avanzando, sino el sentido educativo de que es obligatorio asistir y con puntualidad.

Una clase a la que se llega tarde significa la pérdida de un comienzo de los contenidos, de una posible evaluación realizada o de la interrupción de la clase misma. Por lo visto no tiene nada de positivo y beneficioso llegar tarde. ¿Y de faltar o tener ausencia? El mal será mucho peor, “no es lo mismo verlo, que te lo cuenten”.

Hay y existen por supuesto estudiantes que manejan el porcentaje de asistencia (mejor que los docentes) que establece el reglamento académico para poder darse el “lujo” de faltar por cualquier razón injustificable, no dándole el valor de lo que deja de aprender, sin darse cuenta que ha cometido una falta grave.

Estos mismos jóvenes consideran que al pasar al mundo del trabajo, ahí, a partir de ese momento sí será un ejemplo, porque por cada día que falte le descuentan de su salario. Asimismo está la posibilidad de que lo corran o que le apliquen una sanción disciplinaria. ¡Crasa justificación!

Luego estimado amigo profesor o profesora, si usted es uno de los que no pasa lista en su grupo clase, hágalo, nuestros jóvenes en el período comprendido entre los 16 y los 21 años necesitan atención, orientación y educación.

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