Los bajos resultados en la universidad

La universidad significa una nueva vida, pero no todos saben manejarla Tras el análisis de un grupo de estudiantes provenientes de la enseñanza media (habiendo culminado el bachillerato meses atrás) y que recién culminan un curso de verano, donde los resultados no resultan tan halagadores, me conlleva a pensar en un conjunto de factores, que […]

La universidad significa una nueva vida, pero no todos saben manejarla

Tras el análisis de un grupo de estudiantes provenientes de la enseñanza media (habiendo culminado el bachillerato meses atrás) y que recién culminan un curso de verano, donde los resultados no resultan tan halagadores, me conlleva a pensar en un conjunto de factores, que pueden incidir en el fenómeno mismo.

Seis meses de estancia en la universidad, ¿y no se han adaptado, que los estudios universitarios son “al duro y sin guante”?, entiéndase, mucho estudio individual y en colectivo con el uso de libros de textos (donde aún no son utilizados por todos, justificando el alto costo de los mismos, pero que a su vez es una realidad donde las instituciones dedicadas a la venta de libros no se acaban de dar cuenta que la lectura, ya casi es un lujo); horarios que dejan de ser uniformes (mañana o tarde) si no algunos turnos en la mañana y otros en la tarde, que ocasiona al estudiante un cambio de entorno total, donde al estudiante “le cuesta” entender que a partir que ha decidido culminar una carrera universitaria, todo, de ahora en adelante, dependerá de él o ella y sólo de él o ella.

Jóvenes que por otra parte dejan de ser atendidos equívocamente por sus padres, y que tras los primeros “tropiezos universitarios” tienen temor a decir: “…¡Voy fatal en las asignaturas!” a sus padres o tutores y que éstos lo interpretan como responsabilidad total de los hijos por ser cuasi adultos (lo cual no es cierto) o porque la institución universitaria es muy exigente, pero… hasta ahí llega la historia, pocos se acercan a la universidad para ver el desempeño de sus descendientes.

Cuando hemos tenido la posibilidad de analizar datos un poco anticuados de los resultados en las promociones correspondientes a los quintos años de bachillerato, pocos se quedan o repiten, señal que el nivel de exigencia desciende y el “producto final” sale “término medio”

¿Elementos tangibles que evidencian lo anterior? De cada 10 estudiantes, 6 quedan aplazados en la Matemática básica, que es algo más que las cuatro operaciones sumar, restar, dividir y multiplicar, que no dominan (¡inexplicable!, ¿qué pensaría Pitágoras, “padre de las matemáticas”, primer pensador que las situó como ciencia del razonamiento); mientras que en el caso de las letras, donde mejora relativamente con relación a los cálculos, donde de cada 10 aprueban 7, avalado por errores (¿u horrores?) ortográficos, dificultades en la lectura, interpretación, redacción, lo cual pone en tela de juicio la “paternidad” de Miguel de Cervantes y sus enseñanzas. Indiscutiblemente que debemos seguir los docentes atendiendo a nuestros jóvenes en el “Mundo Mágico de los números y las letras”.

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