El mundo de Orwell

El intelectual nicaragüense Carlos Chamorro Coronel denunció públicamente que fue amenazado de muerte, después que publicó en LA PRENSA del lunes 31 de agosto una carta titulada “En el mundo de Orwell”, en la que escribió sobre el ambiente represivo que el Gobierno actual ha creado en Nicaragua. De manera que hay que agregar el nombre del señor Chamorro Coronel a la ya numerosa lista de ciudadanos que han recibido anónimas amenazas de muerte, directas e indirectas, entre los que cabe mencionar a los obispos Abelardo Mata, de Estelí; Sócrates Sándigo, de Chontales, y Bernardo Hombach, de Granada; el coronel retirado Víctor Boitano, autor del libro Confesiones secretas de un coronel sandinista; el comentarista político Jaime Arellano y el líder de la oposición liberal, Eduardo Montealegre.

En la carta que motivó la amenaza de muerte contra su persona, Chamorro Coronel escribió que los gobernantes de Nicaragua “han creado un ambiente sofocante, casi irrespirable, pero muy tenue, de manera que mucha gente ni siquiera lo nota, pero la amenaza está allí, latente, real, ominosa, como una plaga o una epidemia. Porque todos, sin excepción, inclusive los mismos funcionarios que trabajan en el Gobierno, nos sentimos amenazados. Yo todavía no conozco personalmente a nadie que no se sienta amenazado”. Y aseguró Chamorro Coronel que se ha creado en Nicaragua “ese horrible mundo que narra (George) Orwell en su famosa novela realmente terrorífica, 1984, de lo que sería el mundo en el futuro controlado todo por un ubicuo y omnisciente Big Brother”.

Dos días después Chamorro Coronel fue amenazado de muerte, como lo denunció él mismo por medio de otra carta publicada en LA PRENSA el viernes 4 de septiembre. Chamorro Coronel, quien tiene 76 años de edad y confiesa sufrir un cáncer terminal, informó que la amenaza de muerte fue extensiva a sus hijos y su nieta, y hasta una hija que reside en Estados Unidos.

En el ámbito político, la amenaza de muerte es un acto de terrorismo psicológico, un recurso intimidatorio que no siempre se cumple —pues por lo general el asesino no avisa a su víctima que la va a asesinar—, cuya intención es amedrentar a la persona amenazada, obligarla a callar sus críticas al poder imperante. Además, quienes amenazan de muerte persiguen el propósito de atemorizar a otras personas y a la sociedad en general, pues la permanencia del régimen autoritario o totalitario se basa en la intimidación, en la fuerza bruta, en la violencia represiva incluyendo el asesinato político y en el miedo de la población.

Precisamente en este año se conmemora el 60 aniversario de la publicación de la célebre novela 1984, del escritor inglés George Orwell (1903-1950), a la que aludió el señor Chamorro Coronel en la carta pública que motivó la amenaza de muerte contra él y sus familiares más cercanos. Orwell fue un intelectual comunista que renegó de esa ideología extremista y describió en su famoso libro antes mencionado una sociedad totalitaria en la cual manda absolutamente el partido, pero controlado por el Gran Hermano, es decir, el líder, el caudillo, el comandante, quien es como un dios terrenal que domina el pensamiento y la acción de todas las personas y castiga implacable y cruelmente a los que osan rebelarse, protestar y aún sólo criticar verbalmente.

Sin duda que ése es el modelo de sociedad que se quiere imponer en Nicaragua, y por eso, quienes lo denuncian como el señor Carlos Chamorro Coronel y las otras personas que han sido amenazadas de muerte, son intimidados para que callen o se atengan a las consecuencias. Lo cual es una clara demostración de que Nicaragua ha retrocedido no sólo en el ámbito de la economía y las políticas sociales, sino también hasta en el de la seguridad personal y el derecho a la vida.

Por cierto que los amenazados de muerte han formado una asociación cuyo presidente honorario es monseñor Abelardo Mata, obispo de Estelí. El objetivo de esta asociación es apoyarse mutuamente y darle ánimo a la sociedad; defenderse cívicamente mediante denuncias públicas, peticiones a los organismos de derechos humanos, asesoría jurídica y asistencia psicológica a las víctimas, informes a organismos internacionales, etc.

Se trata, sin duda, de una lucha imperiosamente necesaria en esta desdichada Nicaragua que una minoría de extremistas quiere convertir en el horrendo mundo de Orwell.

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