- Cartas al Director
La verdad
“Para poder enseñar a todos los hombres a decir la verdad, es preciso que aprendan a oírla”.
Partidos y hordas
Muchos son los tratadistas que coin-ciden con la definición de que los partidos políticos “son directa consecuencia del nacimiento y el desarrollo del régimen democrático representativo”. Esto viene a ser una afirmación excluyente para Nicaragua, donde a los partidos se les puede comparar, figurativamente, con las hordas conquistadoras que en el Medioevo destruyeron al Imperio romano.
Esas hordas no han tenido escrúpulos para contratar a un filibustero, pedir una intervención militar e imponerle a este país el neocomunismo castro-chavista, para que nunca haya aquí una democracia. Las hordas conquistadores así han actuado en nuestra historia: conquista del poder por la fuerza para crear una sociedad de conquistadores y conquistados. Los conquistadores son los señores feudales y los conquistados los siervos de la gleba. Cada una de estas hordas ha tenido sus Atilas y Tamerlanes, saqueadores y degolladores, que han impuesto al continuismo a través de la reelección, los pactos, las reformas constitucionales, los fraudes electorales…
Según el informe de las Naciones Unidas, el 28 por ciento de los nicaragüenses vive con un dólar al día. Trabaja duramente bajo el sol y la lluvia, paga impuestos por todo lo que consume, que no es mucho. Esa gente mal alimentada es también gente enferma y para ellos los servicios de salud carecen de todo.
Lo que vivimos hoy es la misma historia de siempre: un caudillo, una conquista del poder, un régimen económico feudal, una clase política dominadora que maneja el presupuesto de la nación en su propio beneficio; y en la acera de enfrente, un pueblo atrasado y enfermo a quien el trabajo duro y subdesarrollado no redime ni saca de la pobreza. Esto explica el alto porcentaje de los ciudadanos que repudian a los partidos y a los dueños de los partidos.
Mario Alfaro Alvarado
Solidaria con CChC
Me uno y solidarizo con Carlos Chamorro Coronel por su denuncia de amenazas de muerte contra él y su familia por sicarios orteguistas, publicada en este Diario el pasado 4 de septiembre.
Así también han sido amenazados los obispos de la Iglesia católica y muchos otros nicaragüenses que se han atrevido a denunciar, protestar o criticar la corrupción, ineficiencia, tomas de tierras ilegales, juicios injustos y falsos, pactos traicioneros, prebendas (cañonazos) para diputados y magistrados mercenarios, fraudes electorales, negocios sucios e ilegales, saqueos al Estado y toda clase de crímenes contra el pueblo nicaragüense. Creo que el pueblo ya está harto de esta dictadura, este régimen de terror que, como bien dice Carlos Chamorro Coronel, sobre la terrible realidad que estamos viviendo en Nicaragua es un régimen de terror como el que describe Orwell en 1984: El mundo de Orwell.
Admiro a Carlos por su actitud de tranquilidad y paz con que recibe esta amenaza de muerte, pues como verdadero cristiano que ha sido siempre y sigue siendo, no le teme a la muerte terrenal. Para nosotros los cristianos la muerte es nuestra aliada, es el último paso tras el cual encontramos el abrazo definitivo con nuestro Padre, que nos espera desde siempre y que nos destinó para permanecer con Él. Sin embargo, para los monstruos asesinos de esta dictadura, al cometer el gran pecado de asesinar gente inocente, lo que hacen es matar su alma, matar la vida divina en el alma y se convierten en esclavos del mal, del diablo.
El Salmo 51 de la Biblia describe la jactancia del malvado: ¿Por qué presumes de tu maldad, oh poderoso? ¡El amor de Dios es constante! Sólo piensas en hacer lo malo; tu lengua es traidora como un cuchillo afilado. Prefieres lo malo a lo bueno, prefieres la mentira a la verdad. Lengua embustera, prefieres las palabras destructivas; pero Dios también te destruirá para siempre: te tomará y te echará de tu casa; te quitará la vida.
Esmeralda Cardenal
Cañonazos
Gracias al equipo de periodistas investigadores del Diario de los Nicaragüenses, LA PRENSA, los nicaragüenses nos mantenemos informados de todos los negocios en que aparecen involucrados los miembros de la familia presidencial a través de su complejo comercial-industrial. La pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿cómo librarnos de un régimen tan corrupto que maneja Nicaragua como un feudo personal? Para todo mencionan a los Somoza, los que nunca llegaron a tener ni siquiera una parte del actual capital que manejan hoy Daniel Ortega Saavedra y sus camarillas familiares, políticas y militares.
Todos sabemos que la unidad de todas las fuerzas políticas, sociales y económicas de oposiciónes necesaria para derrotar al FSLN. Pero cada día que pasa, los “cañonazos” de grueso calibre que dispara la tesorería general del FSLN sabotea todos los intentos de unificación. Al paso que vamos, la única opción que nos quedará es la armada. Pero, ¿podremos contra el Ejército Popular Sandinista, ahora llamado de Nicaragua?
Ricardo Zamora Valencia
Gobernar sin agenda
Cuando un gobernante, cualquiera que éste sea, gobierna, rige los destinos de su nación sin una agenda definida, es seguro que va a la debacle, porque trabaja a base de coyuntura y no a una planificación específica. De esa manera no se puede tener un gobierno estable, la institucionalidad se resquebraja, la economía sufre y por excelencia la base económica se empobrece, por gobernar sin agenda, incluso, de no querer gobernar siendo gobernante.
De tal suerte, la competencia política desleal y la anarquía gubernamental aleja la democratización del capital para beneficio de la democracia misma y del bienestar común. La democracia no necesita tener un inmenso capital para instalarse y desarrollarse, lo que necesita es tener hombres con voluntad soberana que la impulsen para hacerla realidad, pero que no se aprovechen usando su bandera. La democracia quiere que la usen, pero para el bienestar de todos.
El beneficio que obtiene el pueblo, inversionistas nacionales y extranjeros, instituciones prestamistas mundiales, cooperantes, comunidad internacional, es que se sientan seguros viviendo en una democracia verdadera, en paz, tranquilidad y con un futuro estable, y quienes tienen que garantizar eso son las clases políticas actuales, apartando la confrontación que a diario tienen, y buscar como aportar el bienestar del país. P. Nikitín, en su obra Manual de economía política, dice: “La organización de la economía sobre la base del centralismo democrático presupone que los organismos centrales reúnan en sus manos la dirección planificada tan sólo en los problemas fundamentales. En dichos problemas, la centralización de la dirección se combina con el máximo desarrollo de la iniciativa local y la actividad creadora de las grandes masas trabajadoras”. (Pág. 227. AKAL EDITOR, 1976.)
En consecuencia, no se puede gobernar sin agenda definida y estar a cada rato derogando las leyes, es una señal que las cosas andan mal. Por ejemplo, cada vez que un nuevo gobernante asume la silla presidencial inicia derogando parcial o total las leyes, la Constitución, el Presupuesto General de la República para acomodarlas a intereses creados. Por tanto, considero que hasta que haya una verdadera democracia que brille en todo su esplendor tendremos un futuro mejor, mientras tanto seguiremos atrasados y en conflicto.
Bayardo Quinto Núñez
Aclaración
CC no participó en marcha
Ante reporte noticioso publicado en LA PRENSA y Bolsa de Noticias, fechado en Miami, Florida, Estados Unidos, en que se menciona que la Coordinadora Civil de Nicaragua participó en esa ciudad estadounidense en la marcha mundial contra Chávez, se aclara que la Coordinadora Civil (CC) no tiene oficinas ni organizaciones filiales en Miami.
La CC es un conglomerado de diversas organizaciones de la sociedad civil de Nicaragua, de naturaleza propositiva, que tiene como principios la autonomía de partidos políticos, gobiernos, grupos de poder económicos, sociales o de ideología religiosa, sino que su trabajo es trabajar enteramente en la promoción y defensa de los derechos ciudadanos y por la ciudadanía.
Coordinadora Civil
Construyendo ciudadanía para incidir en políticas públicas