Ernesto González Valdés

Lunes ¿primer día de trabajo? Cuando se acaba el domingo, por la noche hay quienes piensan: ¿por qué el lunes llega tan “pronto”? Resulta común que tras una semana ardua de trabajo, todos esperemos que llegue el fin de semana “como agua de mayo” para descansar y atender los pormenores domésticos y familiares, además de […]

Lunes ¿primer día de trabajo?

Cuando se acaba el domingo, por la noche hay quienes piensan: ¿por qué el lunes llega tan “pronto”?

Resulta común que tras una semana ardua de trabajo, todos esperemos que llegue el fin de semana “como agua de mayo” para descansar y atender los pormenores domésticos y familiares, además de reposar.

Algunos ocupan sus mañanas para dormir, otros para darle lectura a un libro, en fin, se cambia la rutina del trabajo, lugar donde nos pasamos la mayor parte de nuestras vidas.

Inclusive, nos contentamos cuando en el calendario cae algún día “encajonado” y cruzamos los dedos para que el Gobierno lo dé a cuenta de vacaciones. También esperamos que se aproximen fechas festivas… ¡y a descansar!

¡Aaaaah, qué agradable! El problema es cuando se nos acaba el domingo y por la noche hay quienes piensan: ¿por qué el lunes llega tan “pronto”?

¡Oooh, de nuevo al trabajo!, éstas son expresiones que nos dan señales de que comienza una nueva semana y el tiempo de descanso simplemente no alcanzó.

Cuenta la historia que el lunes es el segundo día de la semana en el calendario gregoriano, mientras que es el primer día de la semana laboral, según el estándar ISO 8601.

El nombre “lunes” proviene del latín Dies Lunae, o día de la Luna.

El calendario gregoriano debe su nombre al Papa Gregorio XIII (año 1582, siglo XVI), quien reunió a un grupo de expertos que, después de cinco años de estudios, implantaron el calendario que actualmente tenemos en vigor en la sociedad occidental.

Se realizaron entonces las siguientes reformas al calendario juliano: se corrigió la duración del año solar, estableciéndose en 365 días, 5 horas, 49 minutos y 12 segundos; se hizo empezar el año el 1 de enero; y los años seculares se convirtieron en bisiestos sólo si resultaban divisibles por 400. Así, este calendario fue inmediatamente adoptado en todos los países católicos del mundo.

Hay quienes llaman al viernes “sábado chiquito”, como señal ¿o alarma? de que comienza el descanso, sin necesidad de que suene la campana.

¿Tiene dudas? Al parecer, y compruébelo usted mismo, los centros de diversión como bares, restaurantes, cines, discotecas, suelen llenarse mucho más que los días sábados.

Para muestra un botón: grupos de compañeros y compañeras de trabajo que con el uniforme de la empresa, no hacen “escala” en la casa y ahí ustedes los aprecian dando su buena movidita “al esqueleto” o entre cerveza y cerveza, boquitas van, boquitas vienen, se cuentan los pormenores de lo “bueno y lo malo” de lo acaecido durante la semana en el trabajo (¡increíble!, apresurados por salir del trabajo, inconscientemente retornan a él).

¿Qué sucede el lunes en la mañana? Al llegar algunos con pereza, —tras la despertada temprana— suelen bostezar antes de dar los buenos días.

Una vez que arriban a la oficina, ésta es la evidencia de poco descanso producto de la farra, juerga y parranda. Sencillamente no alcanzaron las pocas horas de descanso que nos proporciona el fin de semana.

No dudo que algunos busquen a mitad de mañana del lunes donde tomar una deliciosa sopa (aunque la temperatura ronde los 34-36 grados centígrados), de modo tal que permita “borrar” (por lo visto la sopa mágicamente sustituye la Sal de Andrews) los vestigios de la noche anterior. Por cierto, ¿pertenece usted a este grupo? [email protected]

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