“Les dije, si no se le consultan (al pueblo) no habrá éxito, y se enojaron conmigo”, relata Rodrigo Carazo Odio, ex Presidente de Costa Rica, al recordar su contradicción con los comandantes sandinistas. (LA PRENSA/D. Carcache)

Hablar de elecciones incomodaba a líderes sandinistas

Rodrigo Carazo Odio, Presidente de Costa Rica en 1979, protegió a la guerrilla nicaragüense y hasta confrontó a Somoza, pero el FSLN se enemistó con él en 1980, cuando les aconsejó consultar al pueblo qué destino quería. “Yo nunca hice ningún arreglo con los sandinistas”, afirma Carazo tres décadas después [doap_box title=»Gobiernos que se creen […]

  • Rodrigo Carazo Odio, Presidente de Costa Rica en 1979, protegió a la guerrilla nicaragüense y hasta confrontó a Somoza, pero el FSLN se enemistó con él en 1980, cuando les aconsejó consultar al pueblo qué destino quería. “Yo nunca hice ningún arreglo con los sandinistas”, afirma Carazo tres décadas después
[doap_box title=»Gobiernos que se creen salvadores del planeta» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El frío típico de Escazú aumenta con las primeras lluvias de mayo. Johanna Cruz, la joven nicaragüense que trabaja como doméstica en la casa del ex presidente Rodrigo Carazo Odio, llega con café caliente. Es el primer miércoles de mayo del 2009 y en los periódicos costarricenses resalta ese día la noticia de que más fábricas maquiladoras de ropa han cerrado en Nicaragua.

“Se quedaron sin trabajo”, comenta él. “Posiblemente mujeres se quedaron sin trabajo… Vienen para acá y aquí también vamos a sufrir el impacto de la desocupación en Nicaragua, porque así como tuvimos problemas políticos y militares en el pasado, hoy tenemos problemas sociales”.

“Hay gobiernos que se creen salvadores del planeta, no, no…”, opina Carazo. “Dicen que no hay manera de jalar carga en carreta si no es con dos bueyes. Hay que ir juntos, tenemos que trabajar juntos. No vamos a resolver nuestros problemas si lo que buscamos es bronca, los que tienen mucho y los que no tienen”.

Asegura que la inmigración en Costa Rica es más numerosa de lo que dicen las estadísticas. Los especialistas estiman que hay medio millón de nicaragüenses trabajando en Costa Rica. “Tuvimos la suerte de que nuestros antepasados escogieron la paz y la solución de conflictos antes que la violencia”, dice Carazo.

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Mientras estaban refugiados en Costa Rica, los comandantes sandinistas aprovecharon el apoyo del gobierno de Rodrigo Carazo Odio. Después de tomar el poder en Nicaragua, se enojaron cuando el presidente les aconsejó hacer elecciones.

Carazo fue elegido Presidente de Costa Rica el 5 de febrero de 1978, 25 días después que asesinaron en Managua a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, con quien había forjado una buena amistad en las diferentes ocasiones que éste llegó a suelo costarricense exiliado por la dictadura somocista.

Conoció a tantos exiliados nicaragüenses en San José y fue testigo de tantos intentos por botar a los Somoza, que hoy no le cabe duda que ese régimen se derrumbó en 1979 por el alzamiento de distintos sectores sociales “porque no era sólo del Frente Sandinista, era también de los intelectuales organizados, de los civiles organizados, de la oposición organizada”.

Incluso, la insurrección contó con el respaldo de “mucha gente en el campo intelectual de los Estados Unidos, que se interesó por Centroamérica”, indica Carazo. “No creo que ellos lograron nada, pero sí ayudaron en mucho a que se creara un ambiente de cansancio hacia la dictadura”.

“Nunca ofendo, pero siempre digo lo que pienso”, enfatiza el ex Presidente, sentado en el salón principal de la casona de su antigua finca en Escazú, a 10 kilómetros de San José, donde hace 30 años predominaban los cafetales y ahora florecen las urbanizaciones. “Ellos (los comandantes sandinistas) se molestaron mucho conmigo, pero yo les dije: ‘Miren, si ustedes quieren tener un amigo, yo soy un amigo que les dirá siempre lo que piensa’”.

El 19 de julio de 1979, cuando los guerrilleros entraron a Managua, Carazo rogó por la pacificación definitiva en el país vecino. Ese día “le pido a Dios que esa paz perdure y por eso me angustia, enormemente, cuando la solución de los problemas de Nicaragua post Somoza toma el camino de las armas otra vez”.

“Yo le di refugio aquí a la Junta”, admite al referirse al primer gobierno de unidad nacional de Nicaragua que salió de San José hacia León la noche del 17 de julio de 1979. “Ya se estaban yendo, llegaron y me dijeron ‘muchas gracias por el refugio que nos ha dado para luchar’. Porque ellos no fueron nunca violentos, ese grupo de la Junta nunca”, dice Carazo al referirse a Violeta Barrios de Chamorro, Alfonso Robelo Callejas y Sergio Ramírez Mercado.

El otro miembro de la Junta refugiado en Costa Rica era Daniel Ortega Saavedra, pero estaba clandestino en ese país, igual que su hermano Humberto que desde San José dirigía a las columnas guerrilleras.

EL CHOQUE CON ORTEGA

Cuando el FSLN preparaba la celebración del primer aniversario de la revolución, invitó a Carazo para que compartiera tribuna con otros presidentes latinoamericanos, incluido el cubano Fidel Castro. El mandatario tico no aceptó. “No quise ir”, relata. “Yo se lo dije al padre (Miguel) D’Escoto, yo no voy a celebrar victorias militares; y no voy porque allí va a haber gente que ha ejercido el gobierno por la fuerza… Yo no puedo celebrar la libertad simultáneamente con ellos”.

Acordaron entonces que Carazo visitaría Managua el 22 de agosto de 1980, para celebrar la conclusión de la Cruzada Nacional de Alfabetización. Pero, lo que debió ser una fiesta se convirtió en un día difícil para el Presidente costarricense, porque el jefe de las fuerzas armadas sandinistas, Humberto Ortega Saavedra, lo increpó.

Era de tarde y la Plaza 19 de Julio, de Managua, estaba colmada de ciudadanos llevados de distintos puntos del país y, sobre todo, de jóvenes que acababan de regresar de las zonas rurales, donde habían permanecido meses enseñando a leer y escribir a los campesinos.

“¿Ya saben ustedes leer y escribir?”, preguntó Rodrigo Carazo desde la tarima principal y, segundos después, lanzó una crítica velada: “Ojalá no les sirva sólo para leer consignas”.

Detrás del Presidente costarricense estaban los anfitriones, los Comandantes de la Revolución, y comenzaron a incomodarse. Carazo, quien hoy enseña historia en la universidad y dicta charlas en diferentes países, sabe bien qué fue lo que más molestó a los jefes del FSLN: “En la plaza, ahí, vengo a decirles que se empieza por darle el derecho al pueblo a que elija a sus gobernantes; y a este gobierno, que está empezando, le recomiendo que consulte al pueblo”.

Su reflexión, 29 años más tarde, es que si el FSLN hubiera hecho elecciones al inicio de la revolución “habrían ganado”. Pero, en vez de analizar la idea, la desecharon de un tajo. “Les dije, si no se le consulta (al pueblo) no habrá éxito, y se enojaron conmigo”.

Humberto Ortega tomó la palabra de inmediato y le reprochó a Carazo la intromisión. “Humberto me dijo: ¿de rodillas para qué? Se echó un discurso furibundo, que no nos venga a dar consejos el Presidente de Costa Rica, aquí no queremos intrusos”.

Dos de los amigos de Carazo en el Gobierno nicaragüense ya habían renunciado a la Junta, primero Violeta Chamorro el 18 de abril de 1980 y cuatro días después Alfonso Robelo. Les sustituyeron Rafael Córdova Rivas y Arturo Cruz Porras, quien a finales de 1984 se fue a Estados Unidos y se sumó a la Contrarrevolución.

Fueron tan duras las palabras del jefe del Ejército sandinista que, al terminar el acto, el embajador de España ofreció a Carazo llevarlo en su automóvil, para que no le sucediera nada malo. “Yo le dije (al embajador): ¿a mí pasarme algo? Yo me voy por la plaza y me fui por la plaza”, cuenta el ex Presidente. “La gente no se había dado cuenta de lo que habíamos dicho, ni él (Ortega) ni yo… La gente estaba gritando consignas”.

Hasta 1979, Humberto Ortega era buscado por la justicia de Costa Rica, por haber matado a un policía en 1969, cuando intentó liberar a Carlos Fonseca de una cárcel en ese país; y ese delito le fue borrado gracias a Carazo Odio quien pidió al Consejo de Ministros le concedieran la amnistía, después que el FSLN tomó el poder.

EL PROBLEMA CON SOMOZA

En Costa Rica todavía existen ciudadanos que critican a Carazo Odio por involucrar a su gobierno en el conflicto bélico de Nicaragua de los años setenta. Otros, sin embargo lo recuerdan como un buen mandatario que llevó progreso a su país, como el taxista que me condujo de San José a Escazú.

El propio Carazo salió a abrir el portón del jardín frontal cuando el taxi se detuvo frente a su casa. “Mi viejo amigo de siempre, ¡mucho gusto!”, le gritó el taxista y el ex Presidente fue a saludarlo con el entusiasmo de quien ha vuelto a encontrar a un amigo de antaño.

Sin embargo, jamás habían estado frente a frente ni se habían saludado; el taxista sólo era un simpatizante político de Carazo. Al comentar después ese encuentro, el ex Presidente hace una observación: “No me dijo mi jefe político, ni nada; no, no, ‘mi viejo amigo de siempre’. ¿Por qué? Porque yo no hago diferencias con la gente y eso me lo enseñó la cultura costarricense”.

La Organización de Estados Americanos (OEA) tuvo que intervenir en el conflicto entre Nicaragua y Costa Rica, en 1979, cuando el presidente Anastasio Somoza Debayle acusó a Carazo de ser parte de una confabulación comunista para derrocarlo.

“Yo estoy convencido de que la historia juzgará a Rodrigo Carazo, Presidente de Costa Rica, con mucha severidad”, escribió Somoza después de huir al exilio. “Como resultado de su miopía política, como resultado de su estúpida participación en un ‘juego’ internacional para destruir a Nicaragua, su propio país va a sufrir y la gente de su país va a sufrir”.

El dictador acusó a Carazo de suministrar “las bases esenciales para las operaciones militares de las fuerzas dirigidas por los comunistas… Las facilidades de aeropuerto para que los aviones panameños que traían armas y municiones a los revolucionarios pudieran aterrizar sin problemas”.

El Presidente de Estados Unidos, “Jimmy Carter, va a ser juzgado aún más severamente, porque él, con sólo tomar el teléfono, podía haber detenido la actividad de Carazo en Costa Rica”, que favorecía al Frente Sandinista, sentenció Somoza, quien murió al año siguiente, el 17 de septiembre de 1980, en Asunción, Paraguay, víctima de una bazuca RPG-7 disparada por un comando guerrillero dirigido por el argentino Enrique Gorriarán Merlo, por encargo del FSLN.

“Lo que sucede es que Tachito quiere internacionalizar el conflicto”, explica Rodrigo Carazo Odio al referirse al encontronazo que tuvo con el último presidente Somoza, llamado igual que su padre Anastasio (Tacho) Somoza García. “Cuando empieza a debilitarse, cree que el pueblo de Nicaragua se pondrá alrededor suyo si entiende que el conflicto es con Costa Rica, y quiere presentarlo como Costa Rica peleándose con Nicaragua y nos empieza a bombardear y nos empieza a hostigar”.

Carazo insiste en que todo lo que hizo desde el 8 de mayo de 1978, cuando asume la Presidencia de su país, fue “por defender la paz en Costa Rica”.

“Cuando nos empezaban a bombardear (los guardias de Somoza), lo primero que hice yo fue ir a buscar cómo nos hacíamos dueños de algunas armas antiaéreas, para defender a los costarricenses… ¡Cómo nos íbamos a quedar queditos!”, confiesa.

TESTIGO DE LA DERROTA

Así como Carazo presenció con satisfacción el triunfo de la insurrección nicaragüense en 1979, también fue testigo de cómo una mayoría de campesinos votó contra el gobierno sandinista en febrero de 1990, en una comunidad del departamento de Chontales, para poner fin a la revolución de manera pacífica.

Jimmy Carter llamó a Carazo a finales del 1989 para pedirle que viajara a Nicaragua, a observar las elecciones en que, por primera vez, los sandinistas pondrían su poder en juego. Aceptó de inmediato, pero exigió que lo mandaran a una zona campesina, lejos de Managua.

Habían transcurrido más de nueve años desde que los líderes sandinistas le reprocharon el atrevimiento de sugerir elecciones. Aquel 22 de agosto de 1980 era inolvidable para Carazo, porque después que Humberto Ortega le pidió que no se entrometiera, el FSLN emitió un comunicado para dejar claro que “la democracia no se mide únicamente en el terreno político y no se reduce solamente a la participación del pueblo en las elecciones”.

La “democracia es la intervención de las masas en todos los aspectos de la vida social” y “el FSLN ratifica la crítica constructiva como la única crítica fecunda… Las críticas que deben tenerse en cuenta fundamentalmente son las que hace el pueblo trabajador”, advirtió el partido sandinista.

Pero el 25 de febrero de 1990, el viento favorecía menos a la dirección sandinista. Rodrigo Carazo Odio llegó temprano al caserío Los Chinamos donde, además de ver el interés de los campesinos por depositar sus votos, pudo enterarse de las motivaciones que éstos tenían para desear un cambio de gobierno: “Doña Violeta (Chamorro) ganó allí por siete a uno. Pienso que en Nicaragua el campesino siempre ha temido a la violencia y se opuso al régimen de Servicio Militar obligatorio. Con cada uno que yo conversaba, me decía eso, o eso con otras cosas; pero era el argumento fundamental: ‘no queremos que nos recluten’. Estaban deseosos de paz”.

La candidata de la Unión Nacional Opositora (UNO), Violeta Barrios de Chamorro, derrotó ese día al FSLN con el 55 por ciento de los votos, logrando una ventaja del 14 por ciento sobre Daniel Ortega Saavedra. La población se volcó a las urnas y más del 86 por ciento de los inscritos logró votar.

Sólo había un antecedente electoral en la revolución. El 4 de noviembre de 1984, bajo la presión de la guerra, la dirigencia sandinista hizo las primeras elecciones, pero la oposición más radical, agrupada en la Coordinadora Ramiro Sacasa, se negó a participar alegando pocas garantías.

Con la elección de 1984, que el FSLN ganó con el 67 por ciento de los votos, desaparece la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y Daniel Ortega Saavedra asume como Presidente y Sergio Ramírez como Vicepresidente.

EL MUNDO ENTERO CONTRA SOMOZA

¿Qué recuerdo llega primero a la mente de Rodrigo Carazo Odio cuando le mencionan la revolución nicaragüense de 1979? “La juventud muerta. Aquellos ojos de esperanza de los muchachos que luchaban por lo que creían. Una lección para la humanidad”.

“Yo nunca hice ningún arreglo con los sandinistas”, afirma Rodrigo Carazo Odio, quien confiesa que después del 19 de julio de 1979 esperaba que hubiera democracia en Nicaragua. Se quedó esperando. “Yo me opongo mucho a darle color a la acción de los partidos políticos. Lo que necesitamos es soluciones”.

Defiende la labor de Carter, presidente estadounidense hasta enero de 1981, de quien dice “se jugó mucho su nombre político en Estados Unidos, por querer la paz” y ayudar a botar a Somoza. “Hay gente en América Latina que siempre cree que los gringos son culpables de todo, de lo que les conviene y lo que no les conviene… Él (Carter) no fue factor decisivo en ningún momento”.

Carazo es un convencido de que Anastasio Somoza Debayle “se cayó solo”, porque su dictadura estaba carcomida. “El pueblo de Nicaragua luchó contra él, pero (Somoza) cometió tantísimos errores que llega el momento final en que no tenía más remedio que irse”.

Reitera que no fue sólo el FSLN el que lo sacó del poder. “Nooo… El mundo entero era contrario a ese y muchos otros dictadores”, exclama el ex Presidente costarricense. “Aún más, creo que ni el empujón lo botó. Se tropezó… Quiso imponer reglas de hierro, como llegar a bombardear sus propias ciudades”.

Han pasado tres décadas, pero Carazo sigue “pidiéndole a Dios por la paz en Nicaragua, porque hay muchos que aún empujan a la violencia, porque no participan en ella o la ven de lejos… La violencia no ha servido, ni nunca servirá para resolver los problemas”.

Rodrigo Carazo Odio, quien nació en diciembre de 1926, suele decir a sus alumnos en la universidad que “Centroamérica, en la guerra fría, fue el potrero donde se pelearon las dos superpotencias el predominio de la región”. El ex Presidente se ha vuelto un predicador de la paz. “Yo le aconsejo mucho a mis estudiantes que vean (en vídeo) la invasión rusa a Afganistán y la invasión norteamericana a Afganistán… Tenés que oír hablar a los soldados para notar la diferencia, unos hablan ruso y los otros inglés. Los dos fueron con su mensaje de salvación”.

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