- Dos iniciativas empresariales se están desarrollando en Estados Unidos para producir energía limpia. Una de ellas representa no sólo una solución a un problema de salud pública, sino también de seguridad energética, al aprovechar los desechos sólidos humanos. Otra iniciativa impulsa la construcción y comercialización de autos, que funcionan a base de hidrógeno
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orlando, florida-ee.uu.
A diario la empresa Max West recibe 30 toneladas de excrementos humanos que desecha Sanford, poblado de 55 mil personas, cercano a la ciudad de Orlando, Florida.
El producto no lo usa para convertirlo en abono orgánico para plantaciones de cultivos, tal como ocurre con el estiércol, sino para un solo objetivo: producir energía eléctrica.
Hace dos años, por primera vez en Estados Unidos, esta empresa adquirió un contrato con las autoridades de Sanford, para recibir durante los próximos 20 años todo el residual fecal de origen humano.
Aunque hasta la fecha la empresa todavía no inyecta a la red eléctrica la energía que obtiene del proceso de transformación del producto, espera que para el 2012 lo empiece, con la construcción de una megaprocesadora de biosólidos, la cual podría suministrar a la red 10 megavatios de energía.
Los 10 megavatios serían obtenidos de la transformación de al menos 100 mil toneladas de heces fecales humanas, que la empresa Max West estaría recibiendo de la planta residual que trata los desechos de la ciudad.
“Ahorita estamos en el proceso de perfeccionar esta nueva tecnología para producir energía limpia. El tema de qué hacer con los desechos fecales de la ciudad siempre ha sido visto por las autoridades como un problema que resolver”, expresó Jeff Snyder, coordinador del proyecto de Max West.
La energía, que hasta la fecha se obtiene de someter al proceso de gasificación de las 30 toneladas de biosólidos, es utilizada por la empresa para poner a funcionar el sistema eléctrico de la planta gasificadora.
EL PROCESO
El cargamento de biosólidos es trasladado a diario a las plantas de Max West en un contenedor especial, cubierto de un material que no permite la fuga del producto. Posteriormente, éste es introducido en una especie de caldera, donde es sometido a altas temperaturas para ser secado.
Jim O’Hara, directivo de la compañía Max West, explicó que en este primer paso se debe “garantizar” que el producto quede totalmente limpio de agua para luego enviarlo, a través de un conducto, a un gasificador.
En esta segunda etapa el biosólido es combinado con biomasa (por ejemplo madera), para luego someterlo a una presión de 12 millones de BTU por hora.
De ese proceso se desprenden gases que son captados por un aparato, cuyo gas puede ser utilizado para mover turbinas de plantas eléctricas.
Una de las barreras que esta empresa ha logrado superar en los últimos meses es, precisamente, captar los malos olores que se desprenden del proceso de usar heces fecales, para lo cual han colocado materiales en los alrededores de la planta, que no permiten la expansión de los olores.
La construcción de cada planta tiene un costo de entre 4 y 5 millones de dólares, según cálculos de esta empresa, que proyecta expandir este proyecto en la mayoría de Estados de Estados Unidos.
ALGUNAS VENTAJAS
Snyder mencionó que este tipo de sistemas podría convertirse en los próximos años en una alternativa para eliminar el mayor volumen de heces fecales, que se desprenden de las ciudades más pobladas del mundo.
Una de las ventajas de emplear este sistema es, precisamente, la disponibilidad del producto, en este caso las heces fecales, no sólo en volumen sino también en tiempo, consideraron los empresarios.
Snyder y O’Hara coincidieron que el interés que ha despertado el Gobierno de Estados Unidos, en promover el uso de la energía limpia, dará un empuje a este tipo de proyectos que “representan no sólo una solución a un problema de salud pública, sino también de seguridad energética”.
Más del 50 por ciento de la energía eléctrica que se produce en Estados Unidos se logra a partir de la quema de carbón, de cuyo proceso se desprenden gases como dióxido de azufre, óxido de nitrógeno, mercurio, dióxido de carbono y partículas, catalogados como letales para el medio ambiente y los humanos.
MILLONARIO AHORRO
Para aliviar parte de ese daño ambiental, desde principio de este año el Presidente de Estados Unidos, el demócrata Barack Obama, impulsa un millonario y agresivo programa de producción de energía renovable, mediante el cual se pretende: reducir las emisiones de invernadero, aliviar la alta dependencia del petróleo y promover la fabricación y uso de vehículos eficientes.
Este programa energético se está materializando con el diseño de un paquete de leyes energéticas y de cambio climático, que está pendiente que sea debatido en el Senado de Estados Unidos.
Una vez promulgada la ley, Estados Unidos ahorrará entre mil y cuatro mil millones de dólares anuales, entre 2012 y 2050.
La iniciativa de ley establece que en el 2020 un 12 por ciento de la energía que distribuyan las compañías de electricidad deberá proceder de fuentes renovables, así como la obligatoriedad de recortar las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero en un 17 por ciento respecto a los niveles del año 2005, y en un 83 por ciento para el año 2050.
Entre el 2012 y 2050 Estados Unidos dejaría de emitir 594 millones de toneladas de bióxido de carbono, equivalente a eliminar 166 millones de vehículos de las carreteras.
VEHÍCULOS A BASE DE HIDRÓGENO
A este esfuerzo de disminuir la alta dependencia de Estados Unidos del petróleo, también se está sumando la industria automotriz, que apuesta en fabricar en los próximos años vehículos más eficientes, es decir que consuman menos combustible fósil, como la gasolina, derivada del crudo.
Aunque es una tecnología que data desde hace 20 años, el uso de hidrógeno para mover los vehículos está siendo visto por la industria automotriz como una opción para sustituir el consumo de gasolina.
Una de las compañías automotrices que se aventuró desde el 2005 a fabricar 30 unidades de estos vehículos fue la Ford, cuyos automotores ya se encuentran circulando en algunas avenidas de Estados Unidos, principalmente Orlando, Florida.
Además de contribuir a reducir en más de un 80 por ciento las emisiones de dióxido de carbono con respecto a un auto convencional, el uso de hidrógeno en los vehículos podría disminuir en más de un 90 por ciento el gasto presupuestado para la compra de gasolina mensualmente.
Otra de las ventajas de este modelo de vehículos es que puede recorrer hasta 350 kilómetros tras el llenado completo de hidrógeno.
Actualmente en Estados Unidos se está trabajando para instalar puestos de abastecimiento de hidrógeno, el cual es obtenido a través de un proceso de extracción del químico en el agua.
Mientras que el Estado de Florida se han instalado cinco estaciones, en el Estado de California superan los seis puestos.
Para abastecer de hidrógeno al auto, la persona introduce un código secreto en un aparato ubicado en la estación, para activar la bomba, mediante la cual viaje el hidrógeno en forma de gas. El código se le otorga a la persona al momento de comprar el vehículo.
El hidrógeno es almacenado en el tanque del auto, que funciona a base de presión. El tanque está colocado en la parte trasera del vehículo.
Aunque el vehículo posee múltiples bondades medioambientales, una de las barreras que ha obstaculizado el rápido desarrollo de esta tecnología en comparación al de los vehículos eléctricos, es el alto costo que implica la instalación de los puestos de abastecimiento de hidrógeno.
Construir una estación de hidrógeno puede costar en promedio 400 mil dólares, casi el doble de lo que puede invertirse para la instalación de un puesto de gasolina.
Además, cada vehículo tiene un costo promedio de 1.3 millones de dólares, lo que representa un costo elevado para las personas interesadas en comprar este tipo de carro.
Quizás por esa razón, el Gobierno de Obama excluyó este año del plan de incentivos a las empresas que fabrican carros que funcionan a base de hidrógeno.