Cartas al Director

Cartas al Director Decisión “El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir, nunca decide”. ¿Quién será el mediador? En Honduras, la única salida inteligente que queda es el diálogo y la negociación. La negociación es como una escalera que hay que bajar, a partir de posiciones muy confrontadas, como es el caso […]

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Decisión

“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir, nunca decide”.

¿Quién será el mediador?

En Honduras, la única salida inteligente que queda es el diálogo y la negociación. La negociación es como una escalera que hay que bajar, a partir de posiciones muy confrontadas, como es el caso cuando ya hubo sangre de por medio. Hay que ir desactivando grada por grada hasta llegar a un punto de encuentro en que ambas posiciones sientan, pensando en el país, que “algo” ganan, aunque no todo lo que quieran.

En el caso de Honduras, lo primero que hay que desactivar en el diálogo y la negociación es la grada del retorno de Manuel Zelaya a la fuerza o clandestino, y la amenaza de echarlo preso, si llega. La segunda grada puede ser que Hugo Chávez deje de azuzar y Roberto Micheletti levante el toque de queda, por ejemplo.

Las gradas hay que seguirlas bajando hasta que haya coincidencia en cosas como compromiso de una campaña electoral transparente, respeto absoluto a la Constitución, toma de posesión del nuevo presidente el día previsto, ni un día más ni uno menos, oportuna amnistía política para Zelaya, calma y paz en estos meses, temas así.

La gran pregunta es: ¿Quién modera o dirige estas negociaciones? Tienen que ser una o dos personalidades que en este conflicto no hayan estado polarizadas y que tengan autoridad política; no pueden ser partidarios de Chávez ni de Micheletti, e Insulza ya se autoexcluyó con sus posiciones muy parcializadas hacia un lado. ¿Quién puede ser mediador? Ésta es la pregunta clave.

José Dávila

Premio Nobel

Continúa siendo para mí un misterio cuá-

les son los criterios racionales que sirven de base a ciertos organismos internacionales para decidir sobre el galardón de determinadas personas y la concesión de pomposos títulos tales como Premio Nobel de la Paz. Así, por ejemplo, me pregunto cuáles fueron los méritos extraordinarios de Adolfo Pérez Esquivel para recibir tal distinción.

Más aún, ¿puede seguir ostentando este título una persona que se perfila cada vez con mayor nitidez como promotor de la violencia? Me parece incompatible una cosa y otra. Y sin embargo, el hecho es que el señor Premio Nobel de la Paz constantemente predica, en lugar de la armonía, la confrontación de clases y hace apología de las fuerzas que luchan —en el sentido literal de la voz— por instituir sociedades que viven sojuzgadas por la violencia de poderes despóticos.

Ahora, en relación a los acontecimientos de Honduras, acaba de enviar una carta al Secretario General de la OEA que rezuma odio contra los Estados Unidos —al que achaca erróneamente de ser el instigador del derrocamiento de Zelaya— con “la complicidad de empresarios, sectores eclesiásticos y políticos que siempre abusaron del poder para dominar al pueblo”. Reclama seguidamente “sancionar a los militares (…), parlamentarios, magistrados, empresarios y eclesiásticos”, porque ellos constituyen “remanentes de fuerzas armadas golpistas, impregnadas de la doctrina de la Seguridad Nacional y con añoranza de las dictaduras”. Recuerda que “sectores antidemocráticos golpistas intentaron imponer un golpe de Estado contra el Gobierno legítimo del presidente Hugo Chávez”.

Está claro que para el señor Esquivel la democracia real y la paz verdadera sólo existen en sociedades gobernadas por execrables déspotas, tales como los hermanos Castro, el venezolano Chávez o el racista Morales. En esos países, efectivamente, la paz está firmemente garantizada por la violencia estructural del poder totalitario.

Sin duda alguna hay que respaldar al Premio Nobel de la Paz cuando lanza un no rotundo a los golpes militares, pero pienso que debería completar su pensamiento con un no a los poderes espurios que imponen sistemas de vida que condenan a sus miembros a la miseria y a la esclavitud, sin libertad para pensar y decidir por sí mismo, sin libertad sindical, sin libertad de culto, sin libertad de enseñanza, sin libertad de información. En una palabra: para vivir dignamente, como persona humana, en una sociedad libre.

José Leopoldo Decamilli

¿Justicia o agresión?

He visto con mucho asombro una noticia en un canal de televisión local, en la que se presenta un supuesto delincuente completamente desnudo y atado a un poste de alumbrado público, donde la persona que lo captura arremete a agredirlo con un machete. Me pregunto: ¿dónde están las instituciones que dicen velar por los derechos humanos en este país?

El sujeto que atrapa al supuesto delincuente se convierte en un transgresor de la ley, pues viola los derechos humanos del delincuente al desnudarlo, amarrarlo y exhibirlo públicamente, además de tomar la justicia en sus manos, pues lesiona físicamente al detenido al cinchonearlo y dejar marcas evidentes de su agresión. No se puede permitir que personas en aras de detener la comisión de un delito, cometan otro igual o peor que el que se supone iban a detener. Debe ser castigado por los delitos que cometa.

Alfonso Lacayo

Valores del trabajo

En los ambientes educativos vuelve a debatirse el valor del esfuerzo. ¿Es necesario esforzarse para aprender? ¿Qué papel tiene el juego en el aprendizaje? Hay una máxima en Pedagogía que dice: “Sin actividad no se aprende nada y sin esfuerzo no hay actividad”. Luego en todo proceso de aprendizaje tiene que haber actividad y esfuerzo por parte del estudiante.

El trabajo de los escolares es auténticamente educativo cuando se termina con perfección, cuando se persigue la obra bien hecha, con la calidad posible dadas las condiciones de cada escolar. Su influencia en la educación del estudiante hay que considerarla respecto a la actividad misma del aprendizaje y la resultante de la relación social con los otros compañeros.

En la actividad misma del aprendizaje se desarrollan varios valores como: la constancia, para terminar la obra iniciada; la magnanimidad para conseguir que la labor sea de probada calidad; el desarrollo del criterio personal, para discriminar lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, lo aceptable de lo rechazable; el estudiante desarrolla el orden, no sólo de sus ideas, sino también del material y del tiempo a él dedicado; la claridad en la expresión verbal y el decoro del lenguaje.

En la relación social con los otros compañeros también se desarrolla una serie de valores como la justicia, ofrecer el trabajo personal adecuado cuando se hace trabajo en equipos; participación en las decisiones que se toman dentro del equipo y responsabilizarse de los encargos personales; hace falta generosidad para que el trabajo final tenga la calificación de obra bien hecha, y en muchas ocasiones hace falta ayudar y servir a algún compañero que necesita una colaboración eficaz. La enumeración de estos valores justifican la idea de que la formación ética se apoya en la intelectual, es decir, al estudiar matemáticas, lengua o ciencias naturales también se forma la personalidad.

Algunos autores como Brown, G.I. (en Human Teaching for Human Learning: An Introduction to Confluent Education Viking, New York, 1971), hablan de “educación confluente” en el sentido de que los elementos cognitivos y afectivos confluyen en todo proceso de aprendizaje. Cuando un estudiante pone esfuerzo en su actividad académica, no sólo realiza una obra bien hecha, sino que se forma como persona a sí mismo.

Arturo Ramo García

Joven gran escritor

El pasado 3 de julio del año en curso cumplió cinco años de la confirmación como escritor el joven Francisco Ernesto Martínez, quien a la edad de 25 años publicó su primera obra, Genealogía de mis padres, libro dividido en XX capítulos, que abarcan las diferentes familias que tienen relación consanguínea con la familia Martínez Morales.

Con esa publicación este talentoso joven se bautizó y confirmó como uno de los más grandes escritores de Masaya. Su labor empezó a los 21 años; por 4 años visitó los Registros de Bautismos de diferentes iglesias, los registros civiles de las personas de diferentes departamentos, consultando los nacimientos, matrimonios y defunciones, culminando con la publicación del arriba descrito libro. A sus 30, Martínez es Miembro de Número de la Academia de Ciencias Genealógicas y ha publicado los siguientes libros: El artista y su musa, Los músicos Ramírez Velásquez, Recopilación de fotos de Rubén Darío, La poesía de los Morales…

Felicito a Francisco Martínez y le deseo muchos éxitos en el futuro.

Argentina Vega Bolaños

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