No habrá otro igual

Admirábamos a Alexis Argüello porque era admirable. Vino en el momento justo. Equipado para el éxito. Determinado para convertirse en héroe. Y aun cuando en instantes pudo haber sido errático o impredecible, aceptó sus reveses con la cabeza erguida y su mirada al frente. Pero tampoco fue alardoso en la victoria, pese a que ésta […]

Admirábamos a Alexis Argüello porque era admirable.

Vino en el momento justo. Equipado para el éxito. Determinado para convertirse en héroe. Y aun cuando en instantes pudo haber sido errático o impredecible, aceptó sus reveses con la cabeza erguida y su mirada al frente.

Pero tampoco fue alardoso en la victoria, pese a que ésta era muy frecuente. Celebró con la emoción sincera que caracteriza a quien entiende su misión en la Tierra. Entendió su compromiso con su pueblo, con sus indios, como nos llamó.

Así que creo que no tendremos otro igual. Como no tenemos otro Darío, pese a los magníficos poetas que le han sucedido. Tampoco hay otro Sandino, capaz de luchar por el beneficio de las mayorías y no de sus intereses personales.

Alexis alcanzó la grandeza no sólo por sus dotes como boxeador. También lo hizo por su personalidad encantadora. Su carisma y sencillez. Porque nunca se sintió superior a nadie. Aunque lo fuera, como se ha notado ahora por su impacto.

Vino en el momento apropiado porque le dio esperanzas al país, cuando necesitaba creer en alguien, en medio del agobio provocado por la represión de que era víctima, pero sobre todo, porque surgió desde la pobreza y ofreció el ejemplo.

Se hizo grande porque jamás se lo creyó y porque los del barrio lo sentían muy cercano, propio, suyo. En algún momento comentó que era un homenaje para él tomarse una foto con la gente, brindar una entrevista o regalar una firma.

Se le respetó porque llegó a las alturas gracias a su propio esfuerzo, a su trabajo duro y a su sentido de responsabilidad. Porque salió de las limitaciones sin tomar lo ajeno y no se contaminó a pesar de los ambientes en los que se movió.

Su lado oscuro fueron las drogas y el alcohol, y aunque logró sortearlas, a veces quedan secuelas y su presencia recurrente hace entonces mayores estragos, como el de arrebatar el entusiasmo por la vida y agobiar hasta el trastorno.

No tendremos otro igual porque él fue el primero.

Fue quien abrió el camino y dejó muy altos los patrones por los que han de medirse a las generaciones futuras. Porque tampoco tenemos otro Darío, y menos, otro Sandino.

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