- También quiere que los empresarios se “metan en política, alcancen el poder y terminen con una década perdida” de gobiernos de izquierda en la región
PANAMÁ/AFP
Ricardo Martinelli, el magnate que asume la Presidencia de Panamá, se declara enemigo de los «políticos de siempre» y sueña con empezar una revolución encabezada por empresarios que acabe con la hegemonía de la izquierda en América Latina.
A sus 57 años, este empresario dueño de una cadena de supermercados ha prometido que no le temblará la mano a la hora de luchar contra quienes utilicen la política «para hacerse millonarios».
También prometió construir un metro «de primer mundo» en la caótica capital panameña, erigir un tercer puente sobre el Canal, y otorgar 100 dólares mensuales a los mayores de 75 años que no tengan ningún tipo de pensión.
Asimismo, declaró que quiere repartir oportunidades entre los 3,3 millones de panameños, de ellos el 28% en la pobreza, y mejorar la salud y la educación.
Pero sobre todo, proclamó que una vez instalado en el Palacio de las Garzas, sede de la presidencia panameña, quiere que los empresarios se «metan en política, alcancen el poder y terminen con una década perdida» de gobiernos de izquierda en la región.
EXITOSO EMPRESARIO
Este descendiente de italianos y españoles es uno de los empresarios más exitosos de Panamá, donde empezó su primer negocio con 1,671 dólares.
Hoy tiene participación en diversas empresas y sectores clave de la economía panameña, como la banca, energía, bienes raíces, ganadería, agricultura e importaciones. Además es dueño de una de las cadenas de supermercados más afamadas del país: los Super 99, con 40 sucursales.
Como el politólogo estadounidense del que es admirador, Francis Fukuyama, autor del «Fin de la Historia y el último hombre», Martinelli piensa que la división entre izquierda y derecha ya pasó a la historia.
DETESTA LOS GOBIERNOS DE IZQUIERDA
«Yo estoy en el medio», le gusta repetir. Y asegura que aunque deteste todo lo que huela a izquierda, en particular a gobiernos como el de Raúl Castro en Cuba, Hugo Chávez en Venezuela o Evo Morales en Bolivia, no tendrá problemas en reunirse con ellos porque «cada uno es presidente de su país y yo debo respetar su opinión y ellos la mía».
El nuevo mandatario se considera una persona «leal» que valora la amistad y que no tiene rencor a nadie.
Pero por encima de todo se declara tenaz, persistente, muy exigente consigo mismo y comprometido «con lo que tengo y quiero hacer para que este país cambie».
«Lo más importante para mí es que yo no puedo ver a mi país lleno de oportunidades manejado por gente incompetente y deshonesta», dice.
Martinelli es licenciado en Administración de Empresas con especialidad en mercadotecnia por la Universidad de Arkansas, Estados Unidos, y tiene una especialidad en finanzas en la escuela de negocios INCAE, en Costa Rica.
Cuenta que de niño iba al mercado con una caja de betunes, un cepillo y una toallita de lustrar zapatos para saber cómo vivían otros niños menos afortunados de Soná, su localidad natal en la provincia de Veraguas, 300 km al suroeste de la capital, mientras estudiaba en el exclusivo colegio de La Salle, antes de ir a la Staunton Military Academy, Virginia (EEUU), a estudiar la secundaria.
EX FUNCIONARIO DE GOBIERNO
Casado con Marta Linares, con la que tiene tres hijos, fue ministro del Canal y director de la Caja del Seguro Social bajo gobiernos de distinto color político.
Dice haber «caminado en los zapatos del pueblo» durante los últimos 10 años para conocer los problemas de la gente y se enorgullece de echar del gobierno a «esos gobernantes que sólo están pensando en ellos y no en el pueblo».
Sin embargo, ya ha probado los sinsabores de las críticas antes de sentarse en el sillón presidencial, por varios nombramientos para su gabinete.
«Palo porque bogas, palo porque no bogas», dijo resignado en una ocasión.