- Cocaína, ¿dónde está?Cartas de Amor a Nicaragua
Querida Nicaragua: Me parece una labor excelente y digna de encomio la que hace la Policía Nacional en la lucha contra el narcotráfico. Es evidente el profesionalismo con que actúa. Basta ver en los periódicos los constantes quiebres de drogas, los tiroteos en que se ven envueltos y la captura de individuos inescrupulosos traficantes.
Igualmente es innegable la actuación de la DEA, el organismo encargado de controlar el trasiego de drogas.
Una sola crítica tengo que seguir haciendo. Una crítica sana, porque como dice el antiguo aforismo latino, “la mujer del César no sólo debe ser honrada, sino que debe aparentar serlo”.
Para evitar malos entendidos las autoridades deberían quemar en público la droga que hayan incautado. En un acto público antes de incinerarla, presentar al profesional laboratorista dando fe de la autenticidad del producto frente a la prensa nacional y extranjera, las iglesias, autoridades civiles y proceder a quemar todo ese material.
Y digo que es bueno y saludable hacerlo para evitar malos entendidos, pues en el pasado se han publicado fotografías de personajes muy conocidos trasegando drogas en las orillas de Managua, personajes que eran altos funcionarios del Gobierno de entonces.
Digo también que es necesario dejar clara esta situación porque hubo un ex director de Policía que, en cierta ocasión, cometió la insensatez de declarar que en algunas ocasiones se le pagaba con drogas a la Policía Nacional. Esto quedó testimoniado en los periódicos de esa época.
Habida cuenta de que existen personas que se declaran abiertamente enemigas de los Estados Unidos, personas que quisieran hacer desaparecer al imperialismo como le llaman algunos, bien podría pensarse que no les importa que esos cargamentos de drogas siguieran su camino hacia el Norte. Ésa sería una forma efectiva de combatir al odiado imperialismo, mucho más efectiva que las palabras y que las armas. Introducir drogas en los Estados Unidos podría ser una forma de atacar a fondo el corazón y el alma de ese pueblo en donde se sabe que el consumo es abundante. Entre más se corrompa la juventud norteamericana consumiendo cocaína y otros tipos de drogas, más se avanza en el combate a lo que muchos llaman “el imperio”.
Es por esta razón que la Policía Nacional, que se ha profesionalizado en los últimos tiempos, debe tener mucho cuidado en el manejo de estos cargamentos de drogas. Es preciso que el público vea que toda esa droga ha sido incinerada, que los periódicos, las emisoras y las televisoras publiquen en grandes titulares esa enaltecedora acción de la Policía Nacional, capturando narcotraficantes, incautando y quemando semejantes cargamentos.
Ésta es una crítica sana, un consejo oportuno que le pondría a la Policía otra flor en el ojal, agregada a las muchas que ya tiene puestas.
Hace unos pocos días la Policía hizo un enorme quiebre: 462 kilos de cocaína. Según la información cada kilo de la droga se cotiza a un precio estimado de 40 mil dólares. Multipliquemos 462 kilos por 40 mil y nos da la fabulosa suma de 18 millones cuatrocientos ochenta mil dólares. Una fortuna.
Es bueno que la Policía escuche la recomendación que le hacemos, de quemar públicamente toda esa droga para evitar malos pensamientos del público, y para seguir gozando del prestigio del que ha gozado hasta ahora. Estas cantidades de droga no son juguetes, son cantidades tentadoras y enormes. Esperamos que nuestra Policía atienda la sugerencia.