Retos del Milenio que Ortega es incapaz de asumir

La Cuenta Reto del Milenio (CRM) ha sido el primer desafío que Ortega fue incapaz de asumir, en este caso por el fraude electoral de noviembre pasado. El fraude fue la “gota” que rebalsó el vaso del incumplimiento por parte del Gobierno orteguista sobre las condiciones de dicho programa, que se resumen en: 1. Buena gobernabilidad; 2. Inversión en educación y salud; 3. Políticas ambientales, todas ellas con el objetivo final de proporcionar la libertad económica.

Desde el 20 de diciembre de 2007, el Director Ejecutivo en ese entonces de la Corporación Reto del Milenio de Estados Unidos, el embajador John Danilovich, le hizo saber a Daniel Ortega por medio de una carta la preocupación por “algunos aparentes desvíos en el indicador de rendimiento de este año en la categoría Estado de Derecho y lo instamos a trabajar con las partes interesadas de su país para garantizar progreso en este ámbito”. Pero Ortega desestimó aquel aviso y continuó violando los compromisos de la Cuenta Reto del Milenio.

Un año después, el 25 de noviembre del 2008, el mismo embajador Danilovich expresó una profunda decepción por los eventos relacionados a las elecciones municipales en Nicaragua (concretamente, el fraude electoral) y ordenó reevaluar la ayuda pendiente de 175 millones de dólares a Nicaragua. En aquel momento Danilovich declaró: “Nosotros teníamos la esperanza, por el bienestar de los nicaragüenses, que el Gobierno continuaría la tendencia del país hacia procesos pacíficos, democráticos y elecciones creíbles”. Pero Ortega siguió atropellando los principios y normas de la gobernabilidad democrática.

En realidad, además de perder los fondos de la Cuenta Reto del Milenio por el fraude electoral, la administración de Ortega está aplazada en control de corrupción, efectividad gubernamental, inversión en educación primaria, inflación, acceso y derechos sobre tierras y reglas para abrir negocios. Está aplazado no sólo por el Gobierno estadounidense, sino por toda la comunidad democrática internacional y por la mayoría del pueblo de Nicaragua.

Cabe señalar que algunos de estos indicadores están muy relacionados con el otro gran reto, que es el de los Objetivos del Milenio (ODM) aprobados por 189 países y firmados por 147 jefes de Estado y de gobierno, en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, celebrada en septiembre del año 2000. Tales objetivos son los siguientes:

Reducir a la mitad el porcentaje de personas con ingresos inferiores a un dólar por día y las que padecen hambre; velar porque todos los niños y niñas puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria; eliminar las desigualdades entre géneros en la enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para el año 2005, y en todos los niveles de la enseñanza para 2015; reducir en dos terceras partes la tasa de mortalidad de los niños menores de 5 años; reducir la tasa de mortalidad materna en tres cuartas partes; detener y comenzar a reducir la propagación del VIH/sida y la incidencia del paludismo y otras enfermedades graves; garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Para alcanzar estos objetivos en Nicaragua, se necesitan aproximadamente, en gasto social entre el 2001 y el 2015, de 5.246 millones a 6.435 millones de dólares de inversión social. Según el Informe de Cooperación Externa oficial, 2008, publicado recientemente por el Banco Central de Nicaragua (BCN), los recursos recibidos del exterior durante este año ascendieron a 1.055 millones de dólares, que representan “la principal fuente de cobertura del déficit en cuenta corriente, cuyo nivel como proporción del PIB, ha crecido sostenidamente en los últimos dos años, hasta llegar a 23 por ciento en 2008”. “El monto global recibido en cooperación oficial”, sigue diciendo el informe, “superó los flujos provenientes por remesas familiares en 237 millones, inversión extranjera directa en 429 millones, y turismo en 779 millones de dólares, siendo superado solamente por las exportaciones en cuanto a generación de divisas se refiere”.

O sea que Nicaragua, con otro Gobierno hubiera podido cumplir los Retos del Milenio, pero Ortega no quiere que la gente salga de la pobreza ni le interesa promover el desarrollo nacional. Para él, lo único importante es su objetivo personal de consolidar una nueva oligarquía, más codiciosa y corrupta que las anteriores, e imponer una dictadura que lo perennice en el poder. Eso es todo lo que hay detrás de su demagógico y falaz discurso de amor a los pobres de Nicaragua y del mundo.

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