René Cárdenas. (LA PRENSA/Edgard Rodríguez)

René Cárdenas, ese viejo amigo de los cubanos

De epopeya se puede considerar la forma como tratábamos de mantenernos informados sobre el beisbol profesional, los que no nos resignábamos a perder el interés por las Grandes Ligas y las ligas invernales después de 1961 en Cuba. Muchísimos cubanos que habían sido fanáticos rabiosos y seguidores de clubes, lo mismo de la Liga Cubana […]

De epopeya se puede considerar la forma como tratábamos de mantenernos informados sobre el beisbol profesional, los que no nos resignábamos a perder el interés por las Grandes Ligas y las ligas invernales después de 1961 en Cuba.

Muchísimos cubanos que habían sido fanáticos rabiosos y seguidores de clubes, lo mismo de la Liga Cubana que de las Mayores, abandonaron con tristeza la persecución de aquel imposible que era mantenerse al día del único beisbol que reconocíamos y que resultaba increíble que hubiera sido borrado para siempre de toda posibilidad de disfrute en Cuba, el profesional.

El noticiero de la Voz de las Américas en su breve sección deportiva, primero en la voz de Fernandito Menéndez y, cuando este murió, en las de Jorge del Río y Guillermo Portuondo Cala, con Luís Rodríguez Mayoral el domingo en la noche. Radio Rumbos de Venezuela y Estación X de Nicaragua con el beisbol invernal del área, eran las únicas posibilidades de continuar atado a través de esa fina cuerda a lo que creíamos era un derecho nuestro por que sí; porque, ¿Cómo es posible que se intervenga en lo que uno quiera oír?

REVISTAS DE MANO EN MANO

Entonces nos constituimos en una gran hermandad secreta que abarcaba las provincias La Habana, Matanzas y Pinar del Río, porque pasaban de mano en mano cuanta revista o recorte de periódico recibíamos de una a otra, de tal forma que a veces, usted estaba leyendo un Sporting News de alguien en el municipio matancero de Coliseo y, allá, posiblemente, alguien disfrutaba una Hit o Super hit mejicana suya, igual podía ser un recorte de Miami News, de La Opinión de Los Ángeles, o de Patria. Era una locura desarrollada por gente cuerda que no quería renunciar a un reducto irremediablemente arrancado de raíz no al pueblo; sino a la tradición y a la identidad cultural cubana.

En 1965, alguien conoció que, por la llamada onda corta radial, se podría escuchar un programa dominical que transmitiría el sencillo o el doble juego del día de los ya rebautizados como Astros de Houston. Ya estaba inaugurado lo que en su momento se considero una de las maravillas del mundo moderno: el Astrodome.

Entonces comenzamos, en todos los ámbitos de Cuba, la cacería de la Radio Cadena Deportiva Continental de los Astros de Houston, que era el nombre completo de la transmisora que hacia posible tamaño descubrimiento.

UN JONRÓN CON BASES LLENAS

Una vieja y querida gloria del micrófono deportivo, uno de los iconos de los mayores en la Isla-yo era un adolescente-, Orlando Sánchez Diago, quien había hecho realidad las transmisiones, bajo contrato exclusivo, del beisbol profesional cubano desde el terreno de juego a principios de los cuarenta y una voz nueva, bien timbrada, poderosa y conocedor de las interioridades del juego lo suficientemente como para complacer a la exigente clientela cubana, acostumbrada a Buck Canel, Felo, Rubí, Sánchez Diago o López Silvero entre varios, el nicaragüense René Cárdenas: un jonron con bases llenas.

Todavía recuerdo el primer día de transmisión, lo que describieron para el publico que, de otra nacionalidad, ya conocía esos detalles: 80 millones de toneladas de aire circulan el complejo; la grama sintética, que se removerá en tal fecha; las pelotas de colores; ahora salió un vaquero disparando cuando se produjo el jonrón de Juanito Bateman en la pizarra y Cary Grant, de visita en Houston, ocupa uno de los palcos de la zona de la tercera base.

LEJOS DE LOS COMPATRIOTAS

A veces invitaban a Tony Pacheco o a alguien más a comentar o transmitían alguna parte de una entrevista a jugadores latinos y, en el resumen, sabíamos los cubanos que había hecho esa semana, ese día y como le iba en la temporada al haitiano González, a Tony Taylor, a Oliva, a Rojas… a todos los compatriotas que, en realidad, estaban más lejos de nosotros que la luna; pero que René y Sánchez Diago nos ponían con su descripción detallada a tiro de escopeta.

Esto puede resultar irreal, difícil de creer únicamente si no se es cubano, pero fue así. René Cárdenas se convirtió, junto a Sánchez Diago, en una de las ventanas por las que los hombres que se sentían libres de mi generación y muchos de anteriores, se asomaban al mundo de libertad que ya se nos había arrancado, bajo peligro de caer presos si la policía política se enteraba -y ocurrieron muchos casos-.

Desde entonces, Cárdenas fue nuestro amigo mas allá del tremendísimo narrador y comentarista que es. Por su clase profesional y porque conocemos su ejemplar conducta ciudadana por amigos como Ángel Torres. Puede muy bien catalogarse, de hecho lo es, como una leyenda, calificativo que le queda a la medida. Que nadie lo dude.

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