- Para lograr que régimen cubano le permitiera salir para reunirse con su familia en Argentina
La Presidenta de Argentina, Cristina Fernández, recibió ayer a la neuróloga cubana Hilda Molina, quien le agradeció personalmente sus gestiones para que La Habana le permitiese viajar a Buenos Aires para reencontrarse con su hijo y su madre y conocer a sus nietos.
Molina visitó a Fernández en la Casa Rosada, sede del Gobierno argentino, acompañada por su hijo, el también médico Roberto Quiñones, su nuera y sus nietos, en un encuentro que se prolongó durante algo más de una hora.
“Fue una reunión muy amena y familiar. Cristina nos recibió como presidenta, por supuesto, pero básicamente como madre”, destacó Verónica Scarpatti, nuera de Molina, en breve diálogo con los periodistas.
ABOGA POR LIBERTAD DE SUS COMPATRIOTAS
Scarpatti dijo que en el encuentro se “contaron muchas anécdotas” y señaló que su suegra pidió a Fernández que le solicitara al Gobierno de Cuba que deje a los ciudadanos de ese país “ser libres, sin tener que pedir permiso a nadie”.
La neuróloga retomó ayer su blog personal con un breve mensaje dirigido al pueblo argentino, en el que expresó su agradecimiento por las manifestaciones de apoyo recibidas.
“Agradezco todo el apoyo que he recibido del pueblo argentino en mi llegada al país e informo que este blog seguirá funcionando normalmente tan pronto como alcance un grado de calma que me permita escribir”, precisó en su primer mensaje desde Buenos Aires.
La médica disidente llegó el domingo pasado a Buenos Aires tras conseguir una autorización de La Habana luego de 15 años de reclamos.
En declaraciones a la prensa, deseó “paz” al ex presidente cubano Fidel Castro, a quien calificó como “verdugo” de su familia, y pidió a su sucesor y hermano, Raúl Castro, cambios en el régimen de la isla, del que dijo haberse sentido “prisionera” durante años.
“No hablo de subversión, pero sí de pedir respetuosamente que se respeten los derechos fundamentales”, consideró.
Molina, de 66 años, denunció que los disidentes son tratados como traidores a la patria y aseguró que ella no tiene secretos, no fue médica de ningún dirigente cubano, no fue “mujer de Fidel Castro” ni tuvo “poder ni privilegios”.
Explicó que rompió con el régimen en 1994, tras negarse a que el centro de neurocirugía que dirigía atendiera sólo a extranjeros y porque dejó de “creer en el sistema”, y subrayó que se sintió “prisionera en Cuba por 50 años”.
El mismo día de su llegada, Molina se reunió con su hijo, quien se marchó de Cuba en 1994 y se nacionalizó argentino dos años después; con su nuera, sus nietos y su madre, Hilda Morejón, que logró viajar a Buenos Aires en mayo de 2008.
La madre de la neuróloga, de 90 años, se encuentra internada en un hospital de Buenos Aires, después de sufrir una descompensación cardíaca.