- La industria naval brasileña capea la crisis y ayuda a la argentina
São Paulo
Por mucho tiempo, los astilleros de Río de Janeiro estuvieron silenciosos. Más allá de las reparaciones de algunos barcos, el país claramente había perdido el peso en la industria naval mundial que había tenido a fines de los 70, cuando llegó a ocupar la segunda posición del ranking mundial en producción por tonelaje bruto.
El martilleo, sin embargo, volvió a sonar a fines de la década pasada, gracias a dos hechos puntuales: la reforma de la legislación petrolera del país y la creación de Transpetro, el brazo logístico de la estatal Petrobras.
Esto llevó a una serie de programas para la adquisición de barcos de astilleros nacionales, lo que dio un fuerte empujón al sector. Y ahora, cuando en todo el resto del mundo el sector de producción de barcos atraviesa una fuerte crisis, en Brasil, gracias a este empujón, la industria se ve pujante.
“En Brasil, la crisis no ha llegado a la construcción naval, que está blindada por la financiación del Fondo de la Marina Mercante, FMM (que el año pasado desembolsó 620 millones de dólares) y los pedidos de Transpetro”, dice un informe de la Asociación Bonaerense de la Industria Naval (ABIN).
De hecho, Transpetro, a través de su programa de modernización y expansión de flota, solicitará hasta 2014 la construcción de 49 buques. En la primera fase del programa se pedirán 26 buques petroleros y gasíferos, por un total de 2,500 millones de dólares, apoyado por el FMM.
Además se espera para este año la contratación de más de 23 buques, a 15 de los cuales se está revisando su propuesta y ocho que serán licitados en los astilleros locales. Como comparación, entre 1998 y 2008, el sector construyó sólo 34 embarcaciones.
“Si sólo se considera la mitad de los pedidos de Petrobras, ya es un volumen muy importante”, dice Dominic D’Arco, presidente del astillero Mauá, en el estado de Río de Janeiro.
42 MIL EMPLEOS
Otras empresas del sector petrolero, como Chevron, Shell y Devon, están ampliando las inversiones en el país y podrían fortalecer la demanda por barcos. No en vano la industria brasileña terminó 2008 con alrededor de 42,000 empleos directos. Sólo la segunda fase del programa de modernización generará 18,000 puestos de trabajo, de acuerdo con los cálculos de Transpetro.
En mucho tiempo no se había visto tal actividad de producción en Brasil, país que sigue lejos de los principales productores de barcos: China, con pedidos de más de 3,500 navíos, seguida de Corea del Sur, con 2,500, y Japón, con 1,500. Fuentes del sector acusan que en el resto del mundo se produjo una burbuja especulativa de producción de barcos y el mundo en recesión no tendrá cómo ponerlos en uso.
“Por suerte, la industria naval tiene aspectos de territorialidad y dinámicas económicas y servicios asociados a las distancias territoriales”, comenta Horacio Tettamanti, presidente de ABIN y propietario del astillero Servicios Portuarios Integrados (SPI).
Pero no son sólo las buenas perspectivas del sector petrolero las que fomentan las esperanzas de la industria naval brasileña, conformada por 25 astilleros. Segmentos del rubro energético, como el etanol y los sectores de la minería y la siderúrgica también ofrecen buenas perspectivas.
“Brasil cuenta actualmente con varios proyectos que pueden aumentar la demanda de buques”, dice Timo Bothmann, corredor de fletes de la alemana Beluga, firma especializada en el transporte de cargas pesadas y una de las mayores compradoras de embarcaciones.
Pero el crecimiento pasa por la solución de los cuellos de botella, especialmente en el trabajo de mano de obra. Algo que viene abriendo oportunidades en los países vecinos como Argentina.
El mismo Tettamanti comenta que la industria argentina se encuentra en negociaciones con la Cámara de la Industria Naval Brasileña para implementar un acuerdo de asociación en sectores en los que la capacidad de producción local es limitada. Eso es ser buen vecino.
Con María Soledad Gómez, en Santiago.