COSTA RICA
Hallan helicóptero desaparecido
Un helicóptero que desapareció en Costa Rica el viernes fue hallado semidestruido en una montaña boscosa y se ignoraba la suerte de sus dos ocupantes, uno de ellos mexicano, pues las patrullas no habían podido llegar al lugar.
El aparato Bell 206, que despegó de San José para tomar fotografías en la zona de la cordillera de Talamanca, fue visto por aeronaves de búsqueda, pero era improbable que las patrullas llegaran en el curso del día al sitio del accidente, en una ladera del Cerro de la Muerte, de 3,451 metros sobre el nivel del mar.
“Oficialmente (no hay muertos). Eso no se puede confirmar hasta que los grupos de rescate no lleguen al lugar”, dijo un oficial del Servicio de Vigilancia Aérea.
El helicóptero era pilotado por Héctor Arguedas, un ex oficial del Servicio de Vigilancia Aérea de la Policía costarricense formado como piloto hace 15 años en la Policía de Carabineros de Chile. Su pasajero era el fotógrafo mexicano Germán Trejos, quien iba a tomar imágenes para una empresa inmobiliaria que había comprado terrenos en la zona y que era la propietaria del helicóptero.
HOLANDA
Agresor no era problemático
Los vecinos y conocidos de Karst T., el hombre que el jueves irrumpió con su coche en el desfile del Día de la Reina en Apeldoorn, Holanda, causando la muerte de siete personas, incluido él mismo, lo describen como solitario, pero no problemático.
El hombre había perdido recientemente su trabajo en una empresa de seguridad y también debía abandonar su vivienda; según el propietario del apartamento, tenía una cita el viernes, 1 de mayo, para entregar las llaves al nuevo inquilino.
Las autoridades han confirmado que Karst T., de 38 años y nacionalidad holandesa, no tenía antecedentes policiales y tampoco de problemas mentales. Uno de sus amigos citado bajo seudónimo consideró que su acción —tratar de embestir al autobús en el que se encontraban la reina Beatriz y su familia, sin éxito, y acabar llevándose al público por delante— fue un acto de desesperación.
Según este hombre, al verse sin trabajo, sin casa y sin dinero, Karst T. habría querido vengarse de la empresa de seguridad que lo despidió demostrando los fallos del sistema de seguridad en el desfile de Apeldoorn.
BRUSELAS/ EFE