Una charla con Facundo Cabral

Hay que escuchar a Facundo. Él habla como nadie del amor, de Borges y de los pendejos. Anoche, este sabio de la vida sostuvo una amena plática con su atento público [doap_box title=»Katia y Ocarina» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] La cantante nicaragüense Katia Cardenal fue quien abrió el concierto de anoche. Ella, quien de niña guardaba de […]

  • Hay que escuchar a Facundo. Él habla como nadie del amor, de Borges y de los pendejos. Anoche, este sabio de la vida sostuvo una amena plática con su atento público
[doap_box title=»Katia y Ocarina» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

La cantante nicaragüense Katia Cardenal fue quien abrió el concierto de anoche. Ella, quien de niña guardaba de manera especial un casete de Facundo Cabral.

Con su siempre impecable voz y entregada participación, Cardenal deleitó a los presentes, haciéndose acompañar de María José Ocarina, en la percusión y de Omar Suazo, en la guitarra.

[/doap_box]

En su otra vida muy probablemente fue predicador. Y no cualquier predicador, sino de los mejores. Su don es la palabra, esa facilidad con que le fluyen a borbotones sabios consejos de la vida y el amor.

En medio de una explosión de aplausos ha salido al oscuro escenario un señor de 71 años y anteojos redondos. Camina a paso lento pero seguro, apoyándose en su bastón café claro que hace juego con la guitarra que carga en la otra mano.

Se dirige con determinación hacia el lugar que le corresponde, allí donde una sola luz ilumina un asiento que le servirá de estrado.

Una sincera ovación no se hace esperar. Facundo empieza a hablar. Enseguida el público ríe luego de la primer frase que suelta en toda la noche. Y luego no para. “Si las cosas no se hacen por amor, no funcionan”, dice este hombre de tez morena y cabello blanco.

Primero de enero de 1960. Ese día empezó a cantar, él lo recuerda. En ese entonces Facundo, junto con otro amigo, quería “cambiar al mundo sin conocerlo”. Más risas de los espectadores. Y es que cada frase que suelta acompañada de esa manera particular de hablar que tiene, resulta un gozo para los presentes.

Habla de Jorge Luis Borges por un rato y luego empieza a sacar los primeros acordes de la guitarra que hasta ese entonces permaneció muda.

Aún no se distingue si Facundo Cabral sigue charlando o si ya ha empezado a cantar. “Yo vengo de todo el mundo, vengo de toda la gente, de la magia del pasado y la furia del presente”… continúa el conversador argentino. “Como no tengo mujer, vivo con todas…”, y vuelven las risas.

Definitivamente que los conciertos de Facundo Cabral, más que conciertos son monólogos. Entretenidos y aleccionadores monólogos. Algunas de sus frases hacen reír, otras logran hacer reflexionar. “La vida es el arte del encuentro, somos hijos del amor, por lo tanto nacemos para la felicidad. Y la felicidad no es un derecho, es un deber; porque si no estás feliz, hacés amargado a todo el barrio”.

LOS PENDEJOS

La velada transcurre y la definición de pendejo no podía faltar. El artista termina por concluir que son mayoría, “hasta eligen al Presidente”, y las carcajadas no se hacen esperar.

El artista tampoco se olvida de mencionar a Rubén Darío ni de brindar por Ernesto Cardenal. Tampoco se olvida de hablar del Juicio Final: “El Señor no nos juzgará uno por uno, pues resulta muy difícil, sino el promedio, y si juzga el promedio estamos salvados porque la mayoría es buena gente”.

Un concierto de Facundo es un ramo de bellas, ingeniosas y sabias frases de la vida. Esas frases que a algunos les hará reír y reflexionar de momento, y a otros les podrá cambiar su manera de ver las cosas.

Después de poco más de una hora conversar con su público, Facundo se retiró del escenario. Todavía quedaron las ganas de más. Y es que cuando uno platica tan ameno con otra persona, no quiere que la conversación se acabe nunca.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí