Aún cuando la realidad suele quedar por debajo de nuestras expectativas, cada nuevo año volvemos con igual entusiasmo a confiar en una gran campaña para Vicente Padilla en Texas.
Y en esta ocasión, agregamos a nuestros deseos de éxito a Everth Cabrera, el esforzado jugador de Nandaime, quien tras romper los esquemas respecto a los requerimientos físicos que el beisbol establece, se ha aferrado compulsivamente a un puesto en el equipo de los Padres de San Diego.
Y todo parecía ir bien. El veloz lanzador de Chinandega se apuntó la victoria en su primera salida ante Cleveland, mientras que Cabrera no se tomaba mucho tiempo en probar que pertenecía a las Ligas Mayores, pese a su inexperiencia y al propio hecho de nunca haber jugado un partido más allá de Clase A.
Pero de pronto todo ha cambiado. La bola rápida de Padilla se ha vuelto perezosa y Cabrera recién ha salido del quirófano tras una lesión en su mano izquierda, que lo alejará del campo de juego al menos seis semanas.
Así que de súbito la preocupación ha desplazado al optimismo, mientras la incertidumbre amenaza con aparecer.
¿Qué pasará con Padilla? Para un lanzador que suele realizar disparos a 96 millas constantemente no deja de ser angustiante permanecer en 88 y tocar las 90 sólo en ocasiones. Sus posibilidades de éxito disminuyen en forma drástica porque no se trata de un mezclador, sino de un tirador de poder.
En Texas se ha dicho que probablemente hay cansancio en el brazo y quizá se le extienda su reposo. Ésa es una buena medida, si en efecto, no hay un problema más de fondo. Hasta ahora, tanto médicos como Vicente han dicho que no hay un problema en el brazo. Así que puede ser cansancio.
Y sobre Cabrera no hay otra opción que esperar su recuperación tras la cirugía. Su regreso podría darse a finales de junio, y será entonces cuando su determinación estará nuevamente sometida a prueba, aunque vale decir que la última vez que Cabrera salió de una sala de operaciones fue a robarse 73 bases.
El punto es que de forma repentina nuestro habitual optimismo ha sido congelado por las circunstancias, aunque hay tiempo para esperar que los disparos de Padilla recuperen su vigor y la mano de Cabrera vuelva a asir su bate con firmeza.
Por ahora no nos queda más que esperar que el panorama se aclare para ambos.