- Hombach señala cómo las autoridades tratan de “domesticarla”
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Notas Relacionadas > Con 75 años cumplidos, monseñor Bernardo Hombach hace horas extras como Obispo de la Diócesis de Granada, en espera de que la Santa Sede acepte la renuncia por edad que presentó en septiembre pasado.
El obispo conversa con LA PRENSA a propósito de la disposición de su renuncia tras 47 años de sacerdocio, 22 de los cuales ha ejercido en Nicaragua, catorce como obispo de las diócesis de Juigalpa y Granada, desde donde no ha callado sus críticas contra la corrupción, los pactos prebendarios y las decisiones políticas erradas.
Hombach asegura que las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno del presidente Daniel Ortega “están en stand by”, a pesar de que algunos sectores hablan de un encuentro entre los obispos y el mandatario.
No habla de quién le reemplazaría como obispo de la Diócesis que comprende los departamentos de Granada, Rivas y Boaco, “porque ése es un tema que le corresponde al Vaticano”, como también la fecha de la aceptación de la renuncia, tras la cual aún no decide si regresará o no a su natal Alemania.
A su juicio, las reducciones del presupuesto para la educación en centros católicos, las presiones contra los dispensarios en Juigalpa o los intentos de cobrar impuestos a instalaciones de la Iglesia son medidas del Gobierno contra ésta para “domesticarla, para que no acuse, para que no denuncie”, debido a las críticas de la Conferencia Episcopal sobre la situación política del país, entre éstas el fraude en las Elecciones Municipales del 2008.
Agrega que han habido obstáculos a los hogares infantiles (parte del Programa Amor de la Primera Dama, Rosario Murillo), donde el Ministerio de la Familia “irresponsablemente” ha pretendido que no se acepten a niños en riesgo o se precipite su salida, supuestamente para no separarlos de la familia.
“(Hay) niñas violadas por sus padres, por parientes, por padrastros. Viene la madre a entregarla y el Ministerio dice: ‘Nada. Hay un hogar formado ahí”. Pensando, que no lo dicen, ‘qué nos importa que lo violen’”. El daño, dice Hombach, es para los más abandonados y pobres.