La nostalgia se apodera de nosotros cuando regresamos al país del que nos tocó emigrar hace mucho tiempo
Constantemente vemos o leemos ante los medios de comunicación un factor que se hace común y es la emigración, donde por lo visto —solamente basándonos en el sentido geográfico de la emigración antes descrita— se evidencia que la misma se genera a partir de países subdesarrollados o del tercer mundo hacia países del primer mundo, aunque irónicamente hablemos del mismo mundo.
¿Motivos? Económicos, políticos y por qué no, por amor o el espíritu aventurero que no siendo colonizadores, se dedican a descubrir y a permanecer en un terruño que nunca imaginaron habitar.
Emigrar significa desplazarse desde el lugar de origen para iniciar un nuevo proyecto de vida en un nuevo espacio, ¿quién no ha emigrado alguna vez? Hasta mediados del siglo XX, podemos decir que existía una cierta tendencia a permanecer en el lugar de procedencia familiar e incluso, lo normal, a continuar la trayectoria de la familia. ¿Y hoy en día? Aproximadamente 175 millones de personas (cerca del 3% de la población mundial) viven fuera de su país de origen, la mayoría en el mundo desarrollado. Se espera que esta cifra aumente a 230 millones para 2050.
¿Y la otra cara de la moneda, cuando los emigrantes se encuentran lejos, entiéndase durante años fuera del país que los vio nacer y regresan aunque sea de paso? Surge o predomina la nostalgia de la cultura, fundamentalmente y tal vez lo primero: la comida, que nunca será lo mismo. Para después, dejamos el enterarnos de lo que ha cambiado el entorno.
¿Y qué decir cuando nos encontramos a la “profe” de la escuela, aquélla que nos enseñó las primeras letras y que aún sigue batallando con la prole de generaciones, a pesar de un elevado cúmulo de canas y lentes que cada día son más gruesos?
Nos encontramos a los amigos del barrio, algunos muy cambiados, unos que han mejorado su posición social y económica (empresarios, gerentes), otros que siguen ahí, donde el cambio ha sido exclusivamente la herencia de la pulpería familiar. ¿Y a vos cómo te ha ido? Bien, estoy trabajando en… y suelen describir en muchas ocasiones páginas (de la nueva vida ¿o dura vida?) cuyos capítulos podrían tener algo de ciencia ficción o una imaginación muy volátil, cuya veracidad no es confiable. Y llega el día de despedirse, abrazos, besos, más la esperanza de que el próximo viaje no demore mucho. ¿Me da usted la razón?