- Las tragedias del matrimonio perfecto
Los adolescentes enamorados de Titanic sobrevivieron al naufragio y se casaron, pero no fueron felices por siempre. Se fueron a vivir a Revolutionary Road, un suburbio estereotipado, lleno de lindas casas y matrimonios perfectos. Pero detrás de esa perfección palpita con fuerza un círculo vicioso de discusiones, amargas riñas e infidelidades.
La relación con el millonario film sobre el hundimiento más famoso de la historia se entendería a primera vista por la presencia de Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, reunidos nuevamente doce años después.
Pero al presenciar su trabajo en Sólo un sueño, nos damos cuenta que hay más. Una evolución histriónica que alcanza la perfección. DiCaprio y Winslet muestran al mundo cómo han crecido como actores y para probarlo traen ante nosotros una de las películas más maduras y exquisitamente elaboradas de los últimos tiempos.
Frank (DiCaprio) y April (Winslet) Wheeler son un típico matrimonio joven, llenos de ambiciones y sueños. De esto nos enteramos por pequeños y sustentos flashbacks que nos llevan a los momentos clave de la relación, como la noche en que se conocieron y cuando compraron la casa en Revolutionary Road.
Pero desde el primer tercio de la cinta nos damos cuenta que las cosas no están bien. La primera discusión de la pareja puede ser tal vez la más intensa filmada hasta ahora, y no exagero. La meticulosidad en la dirección de Sam Mendes (Camino a la Perdición, Belleza Americana) no deja cabo suelto sobre las personalidades de Frank y April.
Como fino hilo en manos de un sastre experto, Mendes hilvana todos los sueños y frustraciones de estos jóvenes hasta desembocar en un final, que por más predecible que pudiese ser, tiene toda la emoción y fuerza para impactarnos hasta el alma.
Hace mucho que no disfrutaba tanto los diálogos de una película. Cada línea del guión de Charles Leavitt, basado en la novela homónima de Richard Yates, es una reflexión profunda sobre los desafíos y desencantos del matrimonio.
Pero, pese a las soberbias actuaciones de Winslet y DiCaprio, curiosamente la cinta no les pertenece. El filme es asaltado prácticamente por los pocos minutos en pantalla de Michael Shannon, como el trastornado y enfermo Jhon Givins.
La locura que lo domina lo hace decir las cosas más cuerdas y lógicas en toda la historia. Es como una especie de Pepe Grillo, pero más adulto y crudo. Givins lleva a categoría de arte los reclamos de la conciencia. Olvídense de las boberías sobre el amor de Vicky Cristina Barcelona. Si quiere realismo y reflexión de primer nivel, corra al cine (porque seguro la van a quitar pronto) y no se pierda Sólo un sueño.