- Armando Hernández, un lanzador diferente
Armando Hernández parece alguien inteligente. Y lo es. Su figura atlética y espigado tamaño (6’3 pies) no influyen tanto para esa conclusión, como su manejo de la palabra. De hecho, a él lo sacaron de una universidad y le pusieron un uniforme de beisbol.
Pero a Hernández no hay que escucharlo hablar para descubrir el desarrollo de su pensamiento. Basta observarlo sobre un montículo haciendo fallar oponentes para percatarse del correcto aprovechamiento que hace de sus talentos y habilidades.
“La clave para el salto que experimento ha sido la madurez alcanzada tanto en un plano personal como en el deportivo”, dice Armando, nacido hace 27 años en Diriá, Granada. “Tengo metas que no quisiera revelar, pero estoy luchando para alcanzarlas”, agrega.
Esas metas pareciera que son ganar todos los juegos que abre con los Tiburones. Hasta el momento, ha ganado siete partidos en ocho aperturas y su efectividad de 0.57 indica que realmente está intratable. Es, sin espacio a dudas, el mejor tirador de la liga.
Pero tirador es probablemente un concepto que no calce bien con Armando. Aun cuando tira fuerte (90-91 millas por hora), no es la recta el principal recurso en su repertorio. Es más bien el manejo que hace de todo su arsenal, lo que lo ha llevado al siguiente nivel.
“Tirar es sobre todo lanzar la bola de forma mecánica. Uno crece cuando se convierte en pitcher y recurre a su inteligencia para descubrir debilidades en el contrario, y las ataca”, señala Hernández, quien sube al box hoy a las 6:00 de la tarde contra los Dantos.
Además de su recta —fuerte para nuestro medio—, Hernández recurre a menudo a un envío de dedos separados (tipo split-fingered) que Cairo Murillo, su entrenador de pitcheo, llama “la incómoda”, pero el coach aclara que los dedos no están totalmente abiertos.
“Ese lanzamiento me lo enseñó Denis Martínez en el 2001. Fue cuando se hizo el viaje a China y a mí me dejaron fuera en la última semana. Pero yo aproveché para aprender algo nuevo y ese pitcheo me ha ayudado mucho, tal como lo predijo Denis”, explica.
No obstante, detrás de la recta fuerte y el devastador splitter, Hernández tiene también un sólido slider y una curva, a la que en realidad le falta un poquito de obediencia. Pero todo eso sale de un espigado cuerpo que también le ayuda a intimidar adversarios.
“Pero yo no me apoyo sólo en la recta, sino que mezclo los envíos y trato de engañar a los bateadores. El mayor logro ahora es que he aprendido a mantenerme saludable. Y eso es porque entreno para acondicionar las áreas adecuadas para mi trabajo”, asegura.
El muchacho que soñaba convertirse en administrador turístico y hotelero se ha vuelto ahora el mejor pitcher del país. Y todo porque Alex Torres fue a sacarlo de la universidad y lo firmó para los Gigantes. No llegó a las Mayores, pero hace estragos a nivel local.