“Nuestra meta es alcanzar un récord de .500 (igual cantidad de ganados y perdidos) en el Pacífico y luego vamos a esperar a los equipos en nuestra región”, dijo con la claridad que le caracteriza el manager de la Costa Caribe, Davis Hodgson.
Y así fue.
El primer equipo en ir a la Costa fue Masaya y vino castigado por los morenos, quienes le ganaron tres de los cuatro encuentros. Eso nos pareció normal. De hecho, los costeños se ponen duros cuando juegan ante su público. Generalmente se llevan las series, o barren.
Sin embargo, después de viajar 20 horas en bus, Estelí llegó a Puerto Cabezas y en lugar de ser apaleado, le dio durísimo a la tropa costeña y le ganó la serie 3-1, con Juan Oviedo al frente del fuerte ataque segoviano.
De esta forma, Estelí ha comenzado a probar que no anda con bromas en la liga. Que tiene pretensiones serias y que se haría mal si no se les toma en cuenta entre los clubes con material para avanzar profundo.
Como ha sido su historia, Estelí es un equipo de bateo, que además de Oviedo tiene a Eduardo Romero, a los jóvenes Marbell Córdoba y Moisés Flores sobre los 300 puntos y a toda una batería que resume .337, el más alto promedio de la liga.
Además, Marlin Mejía y Jairo Pineda han formado un buen dúo como iniciadores, más el refuerzo de Juan José Espinoza hijo y el aporte de brazos norteños como Silvio Carrasco y el zurdito Justo Pérez.
Pero lo más importante, es que Estelí se ha quitado de la mente el conformismo y el complejo que a menudo exhiben los equipos de esa zona (Norte), donde los títulos son tan escasos como la cortesía entre buseros.
Y aún cuando en los setenta, Estelí llegó a disponer de un formidable equipo con Porfirio Altamirano y Vicente López a la cabeza, jamás se logró un cetro.
Aún falta mucho por recorrer en este torneo, pero quizá habrá que admitir que el Estelí ha dejado de ser un equipo chiquito.