- “Un diálogo si quiere ser sincero no puede ser excluyente”, señala Obispo; mientras analistas políticos recuerdan perversión histórica de diálogos
[/doap_box]
-
Ver Infografia > La Conferencia Episcopal de Nicaragua aún no decide si la Iglesia católica, en la figura del Arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes, será garante del “proceso de mediación” para lograr un acuerdo nacional que permita superar la actual crisis política y económica, como solicitó anteayer el sector empresarial.
Sin embargo, LA PRENSA conoció que Brenes ya presentó el tema a los obispos, en un encuentro realizado esta semana en Bluefields, Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS), y estaría a la espera de la decisión de la Conferencia.
Mientras tanto, el Obispo de la Diócesis de Granada, monseñor Bernardo Hombach, abogó por la realización de “un diálogo abierto, donde realmente las diferentes partes tengan la voluntad de hablar y ponerse de acuerdo”.
“Si se le enfoca bien y es un diálogo abierto yo creo que es algo bueno, pero que no sea un monólogo (…) un diálogo si quiere ser sincero no puede ser excluyente”, advirtió el Obispo.
En la misma tónica, los analistas Alejandro Serrano Caldera y Carlos Tünnermann abogaron por una concertación incluyente y transparente que busque el desarrollo del país, tras recordar cómo a lo largo de la historia nacional los diálogos se han pervertido en negociaciones para la repartición de cuotas de poder.
PETICIÓN DE LA IGLESIA ES DIÁLOGO ABIERTO Y AMPLIO
Desde principios de marzo monseñor Leopoldo Brenes dijo a LA PRENSA que la Iglesia, “como siempre lo ha hecho”, está dispuesta a contribuir a la solución de los problemas nacionales y recordó que “desde siempre” ésta ha abogado por un diálogo que involucre a los sectores sociales, políticos y económicos del país, en el que el reclamo por el fraude cometido en las elecciones municipales del 2008 debe tomarse en cuenta.
Hombach, por su parte, consideró que sólo el diálogo amplio y abierto es útil. “Me parece que tienen que participar todas las fuerzas vivas del país, que no sea excluyente, sólo entre algunos, sino que sea realmente con todos los sectores políticos, económicos, sociales y culturales, para que sea un diálogo en el que toda la nación esté representada, entonces así lo veo útil”, explicó.
Además, sostuvo la necesidad de que se incluya el tema del fraude electoral, calificado como la causa de la crisis política y la razón de la suspensión de la cooperación internacional, aunque el presidente Daniel Ortega inició desde la semana pasada un conjunto de encuentros sectoriales bautizados como el “diálogo nacional”, del cual vetó el reclamo por los resultados electorales fraudulentos.
“Yo creo —señaló— que un diálogo si quiere ser sincero no puede ser excluyente, si después encuentra un compromiso eso es otra cosa, pero de antemano, en un diálogo de este estilo no se puede excluir ningún tema”.
EVANGÉLICOS RESPALDAN
Representantes de las Iglesias evangélicas también se unieron al llamado a un diálogo nacional incluyente y multisectorial.
El pastor evangélico Augusto César Marenco, del Ministerio Apostolar Centro Cristiano, coincidió en que los encuentros promovidos por el Gobierno son un monólogo y urgió “un diálogo nacional incluyente y multisectorial y que realmente se vayan a debatir los temas más sensibles que tanto urgen para el desarrollo de la Nación”.
Por ejemplo, sugirió que se puntualicen temas como la salud, educación y desempleo y que el fraude cometido en las elecciones municipales “debe ser llevado a la agenda del diálogo para que en este país no se vuelva a repetir eso”.
El pastor Mauricio Fonseca Pereira, de la Alianza Evangélica Nicaragüense, dijo que “en el diálogo lo más sano sería que todos pensáramos en común por la Patria”, y que éste se haga de una manera transparente.
ANALISTAS: ¿CUÁL DIÁLOGO?
El académico y analista político Carlos Tünnermann estimó que “el diálogo nacional no ha iniciado”, porque en los encuentros que como tal promueve el Presidente éste lleva sus propias agendas y así está lejos de la expectativa que despertó el anuncio de su disposición a iniciar el diálogo tan demandado por diferentes sectores sociales.
Además, criticó que el mandatario excluye el reclamo por el fraude “que es el tema fundamental y que la cooperación así lo ha expresado claramente”.
“Los diálogos, y hay que estar claros que el convocado por el Presidente son sólo una colección de monólogos, son para superar los problemas, pero si de éste se excluye la discusión del problema, entonces ¿de qué sirve?”, preguntó Tünnermann.
El filósofo Alejandro Serrano Caldera también opinó que “una concertación o un diálogo no debe ser para crear una imagen, una estratagema para tratar de ver si con esto se descongela lo que fue congelado por la acción interna gubernamental”.
Y, agregó que “tampoco puede ser el objetivo de un diálogo hacer algunas concesiones para legitimar irregularidades”, “mucho menos derivar de ellos que aquí se puede hacer cualquier cosa, luego se llama a un diálogo se le echa tierra a lo mal actuado y se toma como muletilla el decir ‘hay que ver hacia adelante, hay que ver hacia el futuro, el pasado hay que olvidarlo, lo hecho, hecho está’. Eso sería dar una legitimidad a lo ilegítimo, una corrección a lo incorrecto y transformar las conductas irregulares, la transgresión a la Ley y al Estado de Derecho como en formas normales y corrientes de actuar”.
“Estoy de acuerdo que hay que ver hacia el futuro, pero ver hacia el futuro no significa aceptar las transgresiones; significa restaurar la legalidad violada, recuperar la legitimidad perdida, reafirmar el Estado de Derecho y consagrar la gobernabilidad democrática”, anotó.
Ambos analistas sostuvieron que un verdadero diálogo debe partir de compromisos serios, involucrar a todos los sectores y realizarse con transparencia.