A estas alturas, Ricardo Mayorga debería tener al menos tres coronas del mundo, su vida económica resuelta y quizá hasta un poco de respeto sobre su trabajo.
En lugar de eso, está implorando por una oportunidad para pelear y solventar deudas que lo han desterrado, mientras el índice negativo sobre su persona se ha disparado a niveles sorprendentes y hasta hay quienes lo consideran acabado como pugilista.
Todo eso es una pena, si se considera que Mayorga, creciendo de golpe, llegó a subirle el voltaje al boxeo en un momento en el que sus principales figuras habían palidecido. Y más con su boca, que con sus puños, atrajo los reflectores y estableció su show.
El problema de Ricardo es que lo que hacía con la derecha lo destruía con la izquierda, mientras se rodeaba de personas, que lejos de ayudarlo lo llevaron a más enredos y jamás logró pararse en la brecha para poner fin a su desorden que no sólo ha hecho peligrar su carrera, sino su vida.
Mayorga resultó ideal en el vasto mercado estadounidense por ser un fajador temerario, golpeador brutal y sin pudor al tomar el micrófono. Se volvió un show, que aunque no conseguía la simpatía de muchos, sí capturaba su atención.
Y mientras eso ocurría, el púgil se volvió alérgico al trabajo duro en el gimnasio, salía de un problema para meterse a otro, y perdía el control de sus gastos, a la vez que quedaban dudas si se le pagaba lo que le correspondía en sus bolsas.
Sin embargo, en diálogo con LA PRENSA, asegura que está en pie de guerra y que no está acabado. Más bien se alista para disputarle el título superwelter de la AMB a Daniel Santos, en un duelo que lo podría llevar de regreso al hit parade.
Quizá lo más importante es que al menos cuenta con la intención de cambiar. Y eso es un buen punto de partida para generar la transformación necesaria que le haga explotar lo que aún queda en sus alforjas.
Así que Mayorga aún se mueve. Está vivo, y se alista para darle otro giro a su trayectoria que hasta ahora le ha dejado más reveses que éxitos, y no propiamente en su balance, sino en su historia. Vamos a ver qué es capaz de hacer todavía.