- Aquí está Juan Oviedo conectando imparables que ayudan a ganar al equipo de beisbol de Estelí, pero también pescando hombres para el Señor. El hijo del otrora eficiente lanzador del Chinandega en los años setenta, se ha convertido ahora en un terrible bateador, pero también es un llamativo ejemplo para los deportistas nicaragüenses, tras su proceso de conversión al cristianismo, un tema obligado en los diálogos con el tercera base de El Viejo
Juan oviedo, jugador de beisbol de primera división
A sus nueve años, Juan Oviedo debió olvidarse de los juegos infantiles, para comenzar a trabajar como hombre. Y sin proponérselo, se convirtió en el soporte para sus hermanos menores, laborando en las bananeras en la zona de El Viejo, en Chinandega.
“La verdad, nunca supe cuánto ganaba cada quincena, porque mi mamá era quien recibía mi pago, pero me alegra mucho haber ayudado a mis hermanos, quienes siempre me han visto como un padre”, señala el bateador más caliente en el actual campeonato.
Ellos —sus hermanos— al igual que Juan, fueron abandonados por su papá, aquel famoso lanzador del Chinandega en los años setenta, del mismo nombre, quien decidió formar otra familia, o quizá varias, porque el bateador del Estelí tiene 19 hermanos.
“Llegué a tener un profundo resentimiento contra mi padre, pero Dios llegó a mi vida y me llenó de amor para con él y todas las personas. Ahora tenemos buena comunicación y lo quiero mucho”, dice Oviedo, de 36 años y con una sólida carrera en el beisbol.
Sin embargo, nada ha sido fácil para “Juanón”, como le llaman algunos periodistas. No sólo no tuvo infancia, sino que sin quererlo iba repitiendo algunos de los patrones de su padre, hasta que se convirtió al Evangelio y su vida cambió por completo.
Después de un mes de iniciado el Campeonato Nacional de Beisbol Superior, Oviedo ha sido el mejor bateador y su desempeño ha mantenido al Estelí en los puestos codiciados, pero su mira no está puesta en el título de bateo sino en el cetro para su equipo.
LA PRENSA habló con Oviedo sobre sus pretensiones en la actual campaña, su origen e inicios como jugador en Chinandega, igual que sobre su conversión al cristianismo, un ingrediente que no falta en las pláticas con Juan desde hace ya algunos años.
UN JUGADOR MADURO
¿Te sorprende la forma como iniciaste esta liga, con un bateo furioso?
En realidad no. Ya he tenido inicios así fuertes, aunque luego voy bajando el ritmo como es natural en campeonatos extensos. Y no creo que haya tenido progresos sustanciales en mi forma de jugar, sino que estoy más maduro y tengo más conciencia de lo que hago.
¿Por qué iniciás duro y luego vas bajando en tu desempeño?
Primero, porque al ver que estás bateando comienzan a trabajarte más difícil, no te hacen buenos lanzamientos, y segundo, al ver que no respondo, yo me pongo un poco loco y le tiro a envíos que no son adecuados para batear y termino cediendo. Ese ha sido el problema.
¿Y creés que ahora la historia será distinta y podrías ser líder en bateo?
Sólo Dios sabe lo que va a pasar, pero como te dije, me siento más hecho como jugador y eso me da más confianza en mí mismo. Sin embargo, no estoy pensando en ser líder de bateo, sino en ayudar lo más que pueda al Estelí para llegar a la Final, pero si Dios me bendice con el título de bateo, bienvenido.
¿La Final es la pretensión tuya y la de tus compañeros de equipo?
Nosotros creemos que tenemos un buen equipo y que somos capaces de avanzar largo en la liga. Tenemos la meta en llegar a la Final y nos hemos preparado para eso, pero obviamente, vamos a tomar lo que Dios tenga para nosotros. Eso es así.
¿Se podrá asimilar la inminente salida de Ofilio Castro del equipo?
Reponer a Ofilio es una tarea muy dura. Es un jugador de experiencia y con dominio del beisbol, pero esperamos que Chico Miranda nos ayude como un sustituto. Quizá vamos a tener a Eduardo Romero como tercer bate y a Miranda, que está bien, de quinto en la alineación.
UNA INFANCIA DURA
Hablemos sobre vos, ¿cómo fue tu infancia?
Dura. Trabajé desde que era un niño de nueve años. Y trabajé en el campo, no en cosas suaves. Mi papá nos dejó por razones que aún no entiendo, y debí ayudar a mi mamá a criar a mis otros hermanos, para quienes hice de padre, prácticamente. Fueron días difíciles.
¿Y la relación con tu papá, cómo ha sido en todo este tiempo?
Antes fue mala, le tuve mucho resentimiento, aunque siempre lo buscaba en el estadio. Y la verdad, me conformaba con verlo. Pero cuando uno conoce a Dios, nueva persona es, y todo lo que pasó lo recuerdo pero sin dolor. Quiero mucho a mi papá.
¿No tuviste un padre entonces que te ayudara a formarte?
Sí lo tuve. Se llamaba Manuel de Jesús Avelar, quien ya falleció. Él se hizo cargo de mi mamá y de nosotros. Fue mi padrastro. Me enseñó a trabajar en el campo y me estimuló para que jugara beisbol. Le tengo un profundo agradecimiento.
¿Avelar fue importante para jugaras beisbol?
Sí. Recuerdo que me preguntaba que si quería llegar a ser un jugador famoso así como era mi papá, y yo le decía que sí. Entonces, como era mi responsable en el trabajo, me dejaba ir a jugar los domingos y me decía que yo también podía llegar a ser bueno. En esa época a nadie le daban permiso los domingos.
¿Y te vio jugar en la Primera División?
Sí. Recuerdo que debuté con el Chinandega luego de jugar en el campo, donde me vio el difunto Humberto Galeano, quien me recomendó. Y entonces en el fin de semana inicial batee de 11-9 ante el San Fernando, y él estaba muy feliz de verme destacando.
UN SUEÑO PARA SU PAPÁ
Juan, alguien me comentó que tu papá era un poco duro con vos…
No. Si con mi papá yo no tenía relación. Mi papá sencillamente nos dejó. Pero Dios nos envió a Manuel y con él terminamos de formarnos. Pero como he dicho, a mi papá yo lo quiero y mi sueño es que se convierta al Señor Jesucristo para que su vida cambie.
¿Y cuando comenzaste a destacar, no te buscó tu papá?
No. Siempre he sido yo quien lo he buscado. Mi papá ha sido un poco desamorado, pero confío que Dios lo va a cambiar y se podrá ordenar. Imaginate que entre sus 19 hijos hay una niña de 18 meses. Pero uno no conoce su infancia o los problemas que pudo haber tenido.
¿Sentís orgullo por lo que hizo tu papá como jugador?
Sí, mucho. Fue un buen lanzador dentro y fuera del país. Un hombre fuerte. Y mi sueño es que ojalá un día le reconozcan sus méritos y lo incluyan en el Salón de la Fama. A él nunca se le ha reconocido nada y creo que cuando se muera, no tendrá sentido hacerlo.
Pero vos ibas repitiendo algunas cosas de tu papá, ¿no?
Así es. Yo tengo ocho hijos, y si Jesús no ha llegado a mi vida, tendría cuarenta, porque era muy desordenado. Por eso le tengo un gran agradecimiento a Dios porque cambió toda mi forma de pensar. Vos sabés que uno quiere ser como su papá y ahí se enreda. Yo tomaba muy a menudo. Ahora no.
¿Y tu mamá (Manuela del Carmen Fonseca) qué ha significado en tu vida?
Ha sido una gran madre. Siempre me motivó a salir adelante. Recuerdo que cuando le dije que iría a probarme al Chinandega, me dijo: “Si eso es lo que querés, andá, que aquí vamos a ver cómo nos arreglamos para sobrevivir”, y lo hemos logrado. La quiero mucho.
Después de un primer mes de temporada, Juan Oviedo ha sido el bateador más agitado. Se ha pasado volando sobre los 500 puntos y ha sido la bujía para el Estelí, que pasó de ser un equipo conformista, a uno con aspiraciones importantes en el beisbol nacional.
Juan Francisco Oviedo Fonseca es hijo del otrora veloz lanzador chinandegano del mismo nombre. Tiene 36 años y diecisiete haber debutado en el beisbol de Primera División, aunque se ausentó dos campañas para dedicarse a dirigir beisbol juvenil.
Sin embargo, sólo en dos ocasiones ha formado parte de la Selección Nacional, un sueño que tuvo desde niño. Fue a unos Juegos Centroamericanos a El Salvador, donde resultó el mejor bateador, y a otro torneo clasificatorio en Arizona, donde lució bien.
“No sé qué ha pasado conmigo, pero siempre he sido marginado de la Selección. Vos sabés que aquí los managers tienen sus grupitos de jugadores, y yo nunca he caído en gracia, aunque cuando me llamaron, he respondido”, señala pero sin frustración.
La gira a El Salvador pudo haber sido un asunto ligero para cualquiera, no para Juan, quien al cumplir el sueño de enfundarse en un uniforme nacional, decidió entregar su vida a Dios y experimentó un giro extraordinario para él y todo su entorno.
“Desde aquel momento mi vida cambió y decidí predicar el Evangelio. No siento la más mínima vergüenza de hablar de Dios donde sea. Aquí mismo en el equipo, junto con mis hermanos Eduardo Romero y Emilio Villegas, salimos a hablar del Señor”, afirma.
Cada jueves, Oviedo y muchos otros jugadores del Estelí son vistos en la iglesia Vida Abundante, y luego con Romero y Villegas se dedican a practicar y multiplicar lo que aprenden cada día, aún con lo difícil que resulta hacerlo en ambiente del beisbol.
“Lo que vivo ahora en el Señor no lo cambio por nada y quisiera que más personas se dieran ese chance. Mi familia está más unida y a lo interno en el equipo, también. Si Dios lo permite, creo que vamos a avanzar largo en la temporada”, indicó.