La marcha de los valientes

La marcha cívica que la Unión Ciudadana por la Democracia (UCD) ha convocado para hoy en varios lugares del país, incluyendo la ciudad de Managua, es como una prueba de fuego tanto para las fuerzas democráticas de la sociedad civil y la oposición política como para el Gobierno.

Para las fuerzas democráticas, es una prueba de fuego porque la realización exitosa o el fracaso de esta marcha tendrá una gran repercusión positiva o negativa en la lucha sucesiva por la defensa de la libertad y de los espacios de participación cívica y política, y en la protesta contra el fraude electoral en las elecciones municipales de noviembre pasado. Y para el Gobierno es también una prueba de fuego, porque si el presidente Daniel Ortega cede a la compulsión de su naturaleza represiva y manda a agredir físicamente a los marchistas, podría perder definitivamente los fondos de la cooperación externa que está necesitando de manera desesperada, para cubrir la brecha presupuestaria y encarar la crisis económica interna y global que afecta al país y repercute contra el mismo Gobierno.

Cabe señalar al respecto que no podemos creer que la opinión que el representante de las Naciones Unidas expresó el lunes de esta semana, acerca de que “ hay que mirar hacia delante, y lo que ocurrió el año pasado, o no ocurrió, es un asunto que no se puede deshacer sino que hecho está, para bien, para mal, o para como cada uno lo juzgue”, sea un reflejo del sentir de toda la comunidad internacional y especialmente de los gobiernos donantes a Nicaragua. Eso significaría que la comunidad internacional está aconsejando olvidar el fraude, aceptar el atropello a la democracia, que nos sometamos al autoritarismo orteguista, que seamos indiferentes ante la pérdida de la libertad y nos acobardemos ante quienes quieren restablecer la dictadura en Nicaragua.

Eso no puede ser. El presidente Ortega debe saber a lo que se arriesga con los donantes externos, si desata otra vez la violencia contra ciudadanos indefensos que reclaman cívica y pacíficamente sus derechos democráticos. De manera que las amenazas oficialistas pueden ser sólo para atemorizar a la gente, para que por temor a las pedradas, los garrotazos y los morterazos de las turbas oficialistas, los ciudadanos se abstengan de participar en las marchas democráticas.

Pero tampoco hay que confiarse. No se debe desestimar la amenaza orteguista, ni tampoco culpar a la gente que tenga miedo a la violencia de las turbas, la cual, desde que Ortega volvió al poder ha sido una brutal realidad. El temor a la violencia orteguista es natural. Es lógico que muchas personas se abstengan, por miedo, de participar en las marchas cívicas y pacíficas. Realmente, estas manifestaciones democráticas pueden ser calificadas como marchas de los valientes, pues se necesita mucho valor personal para salir a la calle a marchar por la democracia y la libertad ante la amenaza criminal de las pedradas, los garrotazos y los morterazos. Pero es indispensable vencer el miedo para poder defender la libertad y la democracia, para ejercer los derechos y practicar la libertad, para no dejarse imponer una nueva dictadura que podría ser peor que todas las de atrás.

Anatoly (Natán) Sharanski, un antiguo disidente del comunismo en la extinta Unión Soviética quien fuera el primer preso político que el gobierno de Mijaíl Gorbachov puso en libertad, y ahora vive en Israel donde ha sido Ministro de Estado, dice que “el silencio y el miedo van siempre de la mano y basta con que aparezcan por la puerta para que la libertad se precipite a saltar por la ventana”. Y agrega Sharanski que una sociedad es libre únicamente “cuando el miedo no cunde y el silencio no arraiga”.

Ciertamente, la historia universal es pródiga en ejemplos y enseñanzas de que sólo la gente que tuvo miedo a la violencia de los opresores pero lo venció y se enfrentó a sus verdugos, muchas veces pacíficamente y desarmada, es la que ha podido conquistar, preservar y disfrutar la libertad y la dignidad individual, social y nacional.

La valentía cívica y personal deviene de la convicción profunda de que es necesario defender lo que vale la pena: la vida, la familia, la libertad, la democracia, el derecho a vivir en paz y a trabajar honradamente. Por todo eso, precisamente, van a marchar hoy las personas valientes de Nicaragua.

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