El caso A-Rod

[email protected] Aunque no suelo juzgar a las personas tras una primera impresión, la verdad es que Alex Rodríguez nunca me pareció simpático. Y eso que fue muy amable conmigo durante dos amplias entrevistas que me brindó en distintas ocasiones. Sin embargo, su arrogancia, que no me parece justificable bajo ninguna explicación inteligente, era siempre perceptible, […]

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Aunque no suelo juzgar a las personas tras una primera impresión, la verdad es que Alex Rodríguez nunca me pareció simpático. Y eso que fue muy amable conmigo durante dos amplias entrevistas que me brindó en distintas ocasiones.

Sin embargo, su arrogancia, que no me parece justificable bajo ninguna explicación inteligente, era siempre perceptible, pero estaba cubierta tras una humildad aparente, que muy pronto quedó sin asidero en Nueva York, para mostrarnos al verdadero hombre lleno de imperfecciones.

Por más que los publicistas se han esforzado por mostrarlo como agradable ante los fanáticos yanquistas, no lo han conseguido, y menos después que se supo que abandonó a su esposa e hijos para correr tras Maddona, “una mujer que consigue lo que quiere”, como escribió José Canseco en su libro, tras haber jugado algunos innings con la reina del pop hace varios años.

Aún con eso no me agrada que Rodríguez haya aparecido positivo en pruebas sobre uso de esteroides anabólicos realizadas en el 2003, lo que en cierta forma, mancha su carrera definitivamente y abre un debate sobre la verdadera legitimidad de sus cifras, que lo han proyectado desde el inicio de su carrera, hacia la cima en los cuadrangulares.

¿EN QUIÉN CREER?

En una era en la que el rey del jonrón, Barry Bonds, se alista ir a juicio en marzo, a Roger Clemens, el ganador de 354 partidos le han “solicitado” que no se presente al campamento de los Astros y tanto Mark McGwire como Rafael Palmeiro han quedado sin chance de entrar al Salón de la Fama, el artillero de los Yanquis aparecía como un referente.

No obstante, ahora aparece unido a la “pacotilla” de jugadores que hizo trampa para mejorar sus cifras, cobrar más dinero y mostrarse ante los fanáticos como jugadores que realmente no lo son. Es cierto, Alex, como semejante talento no necesitaba ninguna ayuda para deslumbrar, pero tomó un atajo en su carrera y ahí está la consecuencia.

Justo cuando el beisbol necesitaba un modelo sobre el que podía inclinar su admiración, sin temor a ser decepcionado, aparece esta mancha en Rodríguez. Se trata por tanto, de un golpe para el juego que sigue a la búsqueda de atletas que hayan alcanzado la cima pero compitiendo con limpieza y que sean capaces de dar el paso al frente y asumir esa responsabilidad, cuando ya no se sabe en quién creer.

Es una pena lo que ha pasado con Rodríguez. En su carrera, ya nada será igual.

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