- Francisco Valdivia
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Joven pistolero de chagüitillo
Una de las principales virtudes de Francisco Valdivia, además de su poderosa recta que ha sido medida hasta en 96 millas, es que siempre proyecta entusiasmo a su alrededor. Sonríe en todo momento y siempre parece dispuesto a más en el entrenamiento.
Y eso es magnífico si se considera que está a punto de dar sus primeros pasos sobre una ruta que podría llevarlo a las Grandes Ligas. Valdivia firmó por 726 mil dólares con los Marineros y ayer viajó hacia Arizona a los entrenamientos de primavera.
“Ya quiero comenzar a jugar y sobre a todo desquitar los reales que me dieron”, aseguró Valdivia, siempre con su sonrisa por delante. “He estado aquí cuatro meses y me quiero ir para entrenar bien y responder a lo que esperan de mí”, agrega el tirador.
Y seguro se espera mucho de un prospecto que atrajo la atención de por lo menos veinte organizaciones del beisbol de Ligas Mayores, las que lo observaron dentro y fuera del país, pero fue Seattle quien realizó la mejor oferta y se quedó con sus derechos.
“No me he puesto a pensar en cómo me va a ir, uno nunca sabe, pero yo le voy a hacer capricho para llegar a Grandes Ligas y establecerme como un buen lanzador. Ojalá Dios me permita esa oportunidad para mi bien y el de mi familia”, dice Francisco.
A diferencia del pasado, Valdivia no se movió ahora desde su casa en Chagüitillo, hasta Sébaco, a bordo de una bicicleta. Lo hizo en una moderna camioneta Isuzu con todas las extras. Pero la sonrisa es igual. Aún con el cansancio en aquellos días, siempre sonreía.
UNA INFANCIA DURA
“Fíjese que cuando chavalo siempre soñé con un carrito de juguete y nunca lo tuve. Mis papás no podían dármelo y ya a los ocho, nueve años, estaba trabajando en el campo en la limpia de cebollas o de tomate. No había tiempo para el juego”, recuerda Chico.
Valdivia estuvo dedicado a las labores agrícolas hasta los 13 años, cuando escuchó que se haría un equipo en Sébaco para ir a jugar a León y un amigo le aconsejó que fuera. Se atrevió a ir a Sébaco, aunque no conocía mucho la ciudad.
“Vine con miedo, porque ni siquiera sabía dónde quedaba el estadio, pero un amigo me indicó y ahí me encontré con don Alex (Torres). Él me dijo que volviera el sábado y a partir de ese momento, me dediqué por completo al beisbol”, asegura.
Torres lo acogió en su casa y durante tres años trabajó arduamente hasta convertir aquel chavalo flaco y sin ninguna técnica beisbolística, en uno de los mejores prospectos en la historia del beisbol nacional, al extremo que consiguió el mejor bono.
“Chico no sabía ni agarrar el guante. Una vez lo pusimos a virarse y casi se cae, pero le puso ganas y aprendió bastante. Tiene mucho en la bola y como no es haragán, seguro que va a llegar largo”, dice Julio Reyes, el coach que ayudó a moldearlo.
Además de su camioneta, Valdivia se ha construido una casa cerca de la de sus padres y les ha mejorado las condiciones de vida a éstos. Sin embargo está consciente que lo mejor probablemente no ha llegado para él y los suyos, si trabaja con determinación.
“ES DURO SER POBRE”
“Una de las cosas que me he metido en la cabeza es no conformarme con el bono. Sé que puedo llegar a ganar más si me establezco como jugador. Y aunque el dinero se puede acabar, la verdad es que no quiero regresar a vivir como antes. Es duro ser pobre”, señala.
Para Francisco, el día comenzaba a las cinco de la mañana, hora en que se levantaba para ir a las hortalizas. Su labor ahí concluía a las dos de la tarde, pero luego le tocaba pastorear unas vacas. Al final del día podía haber coleccionado veinte córdobas.
“Ese dinero lo ocupaba para ayudar a mi mamá, quien estaba enferma en el hospital de La Trinidad. Ahora la he llevado a Managua en la camioneta porque ha estado un poco mal, pero espero en Dios que se mejore pronto”, dice el veloz tirador.
Valdivia no sólo quiere llegar a las Ligas Mayores y establecerse, sino que quiere llegar pronto. Sueña con una carrera prolongada y que al final de la historia, pueda poner a la par de la realidad, todas las expectativas que sobre él se han edificado.
“Mi meta es ser alguien en la vida, pero quiero que los Marineros y toda la gente que ha creído en mí, no queden defraudadas. Sé que lo que me espera no es fácil, pero no creo que sea más duro que lo que me tocado vivir. Así que espero rendir y divertirme”, indicó.
Sólo con el tiempo sabremos de qué es capaz Valdivia, pero al momento de partir hacia la conquista de un lugar en la historia, parece equipado para lograrlo. Tiene talento y deseo, y no quiere volver a las limitaciones del pasado. Y a veces eso basta para triunfar. Ya veremos si el chavalo se vuelve algo real.