Las plantaciones de flores y fresas fueron severamente afectados por el sismo, dejando a muchas familias sin sustento. (LA PRENSA/AP/Kent Gilbert)

Incertidumbre impera entre damnificados

A un mes del devastador terremoto en Costa Rica POASITO DE ALAJUELA, Costa Rica/ AP Los días de sol fueron pocos tras el terremoto que el 8 de enero sacudió la zona central de Costa Rica, donde un mes después se mantienen a la espera de la ayuda prometida. El sismo cambió el paisaje y […]

  • A un mes del devastador terremoto en Costa Rica

POASITO DE ALAJUELA, Costa Rica/ AP

Los días de sol fueron pocos tras el terremoto que el 8 de enero sacudió la zona central de Costa Rica, donde un mes después se mantienen a la espera de la ayuda prometida.

El sismo cambió el paisaje y lo que antes era verde y frondoso es hoy una masa de lodo rojizo, marcando un viraje en la vida de miles como Gloria López, quien a sus 31 años perdió la casita que compartía con su esposo Orlando Vega y sus hijas de 12 y 8 años de edad.

“Las autoridades no nos han dicho hasta cuándo vamos a estar aquí o si nos van a ayudar con las casas. Todos estamos en no saber qué va a pasar con nosotros”, relató a la AP desde el interior de un contenedor que desde hace una semana les sirve para dormir.

Más de 100 vecinos de Poasito prefirieron quedarse en el albergue que de urgencia habilitaron el jueves, luego que fuertes vientos destruyeran el campamento de tiendas de campaña que habían instalado en la cancha de futbol.

PROMETIERON 200 VIVIENDAS TEMPORALES

La promesa era que la construcción de unas 200 viviendas temporales iniciaría días atrás, pero el mal tiempo lo impidió. El costo de cada casa será de unos 1,600 dólares, de los cuales el Gobierno aportará 600; el resto provino de donaciones privadas.

Aunque varias campañas recaudaron al menos 2,300 millones de colones (cerca de 4.2 millones de dólares), no hay reportes oficiales sobre montos totales de los donativos, ni sobre sus destinos.

Ante las críticas por lo que parece una lenta respuesta de las autoridades, el presidente Oscar Arias aseguró el viernes que “todo cuesta” y apuntó que los señalamientos solo buscan dañar a su gobierno y crear una imagen de negligencia.

SITUACIÓN EMPEORA

“Hace un mes del terremoto y han ofrecido muchas cosas, pero hasta el momento no llega nada. Hicieron recolectas que juntaron montones de millones, pero no se ven y uno se pone a pensar que es como la política, que ofrecen y al final no pasa nada”, reclamó Juan José González, en San Rafael de Vara Blanca.

El hombre de 68 años y su esposa Julieta Araya, de 64 años, improvisaron un refugio con plásticos y pedazos de madera junto a lo que fue su casa, que quedó destruida. Ahí, calentándose con el calor de una cocina de leña, esperan por asistencia.

Aunque muchos lograron sostener sus puestos de trabajo, para otros, como los productores de fresas y los dedicados al turismo, la situación se pone cuesta arriba.

SUEÑOS DESTRUIDOS POR EL SISMO

La “fresera” Jaqueline Salazar tiene 60,000 matitas, pero el día del terremoto marcó la muerte de su esfuerzo cuando colapsó parte de la infraestructura de los invernaderos y luego el ingreso descontrolado de ganado terminó de destruir todo.

“No estamos pidiendo más ayuda, sino que se haga más rápido porque la emergencia apenas está empezando para nosotros… Ofrecen créditos, pero uno lo que menos piensa es en eso, porque sería como ahorcarse”, manifestó.

Para los próximos meses no vislumbra ingresos, pues deben renovar toda la finca. Aparte de eso, Salazar y muchos de los cerca de 80 freseros de la zona perdieron sus casas.

SUBSIDIO CORTO

“Cuando la matita deje de producir tendremos que renovar los cultivos. El ministerio de Agricultura dijo que traería plantas madre de otro país, pero eso no ha pasado y además tardarán unos nueve meses para producir de nuevo… A algunos les prometieron subsidios de 100,000 colones (unos 180 dólares) por empleado, pero solo para dos meses… ¿qué vamos a hacer después?”, cuestionó.

Unos kilómetros más adelante el camino desaparece. Otro provisional pasa cerca del lugar donde colapsó una montaña arrastrando las vacas y la lechería donde se encontraban Carlos Villegas y Marcos Jiménez, de 16 y 14 años, dos de las 23 víctimas mortales confirmadas. Otras siete personas permanecen desaparecidas.

TURISTAS NO LLEGAN A ZONA TERREMOTEADA

En los alrededores las pertenencias olvidadas remiten a los momentos de desesperación que muchos revivieron la noche del miércoles, cuando cuatro sismos leves fueron registrados en la zona, el mayor de 4 grados.

Los turistas ya no llegan, dejando al restaurante Mi Casita sin clientes, a pesar de que uno de los principales atractivos de la zona, el parque nacional Volcán Poás, está abierto.

“El negocio bajó casi a cero en sus ventas y hubo que despedir al 60 por ciento del personal. Otros tres restaurantes de la zona cerraron porque ya nadie llega por aquí”, contó José Badilla.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí