Entre el verso y la tragedia

Como un homenaje a la poesía y la figura de Alfonso Cortés (León 1893-1969), esta edición se nutre con su poesía y pensamiento. Igual este año el Festival Internacional de Poesía de Granada es realizado en su nombre. Un versificador cuya vida fue trágica y marcada por la locura. Vivía en la vieja casa en […]

Como un homenaje a la poesía y la figura de Alfonso Cortés (León 1893-1969), esta edición se nutre con su poesía y pensamiento. Igual este año el Festival Internacional de Poesía de Granada es realizado en su nombre. Un versificador cuya vida fue trágica y marcada por la locura. Vivía en la vieja casa en que pasó su infancia Rubén Darío y en esa casa se volvió loco en 1927.

Cuentan que su familia lo mantenía encerrado por sus crisis de furia y a veces lo tenían encadenado a una viga del techo. De igual manera, los historiadores literarios sostienen que viviendo en el encierro escribió ya loco su poema La canción del espacio.

Versos en los que se manifiesta el misterio, la metafísica y una perenne preocupación por el Tiempo y el Espacio. Lo curioso es que estos temas aparecen antes y después de su locura con gran intensidad y calidad.

Ya lo dijo el poeta Thomas Merton, monje norteamericano, y traductor al inglés de Alfonso, “Cortés ha escrito una de las poesías más profundamente ‘metafísicas’ que existe. Obseso por la naturaleza de la realidad, este poeta intuye lo inexpresable”.

No obstante, su astucia con el verso es reconocida por Joaquín Pasos, cuando éste agrega sobre su condición de poeta “…Nació con la armonía en una mano. Educado bajo la tutela de Darío, Verlaine y demás simbolistas, camina con ellos, pero se les adelanta pegando gritos y llega hasta nosotros, solo. Él nos siente, como nosotros lo sentimos a él”.

Y Pasos reconoce en él “…es nuestro precursor. Porque es fuertemente poeta. Tiene fuerza de poesía, esa solidez de piedra roca, esa musculatura espiritual que golpea y aturde. Alfonso Cortés es un gigante capaz de matar a cualquiera de un grito. Y es triste a veces, muy triste, porque el pájaro de su alma no puede volar en horizontes tan pequeños. Y además, arrastra una tragedia, la gran tragedia de su vida”.

De manera que su poesía paradójica y enigmática a través del tiempo ha sido reconocida como un estandarte de calidad entre una vida trágica. Trasladado al manicomio de Managua donde sufrió encierro por más de veinticinco años. Al final de su vida fue llevado de nuevo a León, a casa de sus hermanas y vivió allí sus últimos días, sin recobrar la razón. Murió en 1969 a los 76 años.

La Prensa Literaria

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí