CORRESPONSAL/CARAZO
Con la visión de cambiar completamente su vida y borrar los tatuajes que representan su mal actuar en su adolescencia, como miembro de una pandilla en el departamento de León, Walter Solís Masís, ayer empezó el doloroso proceso de quitarse dos tatuajes de su brazo izquierdo.
Luego de recibir una pequeña charla en la iglesia San Antonio, de Jinotepe, Solís Masís empezó su tratamiento, el cual consistirá en tres sesiones de rayos infrarrojos, para remover la tinta permanente color verde con la que se tatuó una calavera y una figura en forma de diablo.
“Desde que conocí al Señor mi Dios le he dado un cambio a mi vida, ahora evangelizo a varios jóvenes”, dijo Solís Masís.
A BORRAR TATUAJES
Al igual que Solís, varios jóvenes y adultos llegaron a la casa cural de la iglesia San Antonio para empezar a borrarse sus tatuajes y coinciden en que les afecta en su vida laboral y para conseguir trabajos.
Fernando Arbeláez, encargado del programa Adiós Tatuajes de Caritas, dijo que este programa lo aprendió en Honduras y lo viene impulsando desde septiembre del 2004 en Nicaragua.
“Aparte de borrar los tatuajes también brindamos charlas en los colegios para que los chavalos tomen conciencia sobre las consecuencias que van a tener en el futuro”, aseguró Arbeláez.
Según Arbeláez, desde la apertura de este programa en Nicaragua se han atendido alrededor de 1 mil 800 personas y se han aplicado más de 7 mil tratamientos.
Para las personas que quieran borrarse un tatuaje pueden dirigirse a las oficinas de Caritas, ubicada de los semáforos de El Zumen, tres cuadras al Norte, donde fue la antigua Nunciatura, en Managua.