Sorprendida busco en ti
el misterio del plano
que diseñó el arquitecto
para hacerte ¡así de resistente!
Te veo también atractiva
con tus hexágonos cafés,
unas veces; otras, grises,
y con rebordes amarillentos
bien precisos.
Mis ojos te observan con curiosidad
y envidian tu andar parsimonioso,
y seguro de no tropezar
¡Qué carajo!
Préstame tu envidiable
casa rodante quelonio,
tortuga de cuatro patas,
para no pagar hábitat.