- El fotógrafo y cineasta Robert Frank, retratista de los contrastes de la sociedad americana y cronista gráfico de la generación beat, está considerado como uno de los más influyentes trabajos gráficos de la segunda mitad del siglo XX
Robert Frank, fotógrafo y cineasta nació en Suiza en 1924 y a los 25 años emigró a EE.UU., país en el que realizó una serie de instantáneas que fueron recogidas en el libro The Americans, considerado uno de los más influyentes trabajos gráficos de la segunda mitad del siglo XX.
Denostado por ser antipatriota y mostrar una visión desilusionada de Estados Unidos, según el propio Frank , The Americans se compone de 84 fotografías que plasman las diferencias de clase y el racismo de un sector de la sociedad norteamericana, en contraste con la imagen de prosperidad generalizada.
El carácter contracultural de su obra acercó a Frank a algunos escritores de la generación beat como Jack Kerouac que firmó el prólogo de The Americans Allen Ginsberg, Gregory Corso y Peter Orlovsky, artistas con los que realizó obras de forma conjunta.
ARTISTA
También con sus primeras series, Perú (1949) y Black White and Things (1952), Frank exponía su particular forma de mirar el mundo desde un punto de vista cinematográfico, pero con los ojos de un poeta, dijo de él Vicente Todolí, director de la Tate Modern de Londres y comisario de dos exposiciones monográfica que se han hecho del fotógrafo en España.
Con esta mirada, según Todolí, Frank realiza el antiensayo fotográfico y se aleja del modelo Life, que imperaba entonces y demuestra que desde un principio quería ser un artista y no un fotógrafo.
También se aleja del fotodocumentalismo en tres de sus series europeas: Londres (1951-52), que retrata los grandes contrastes del sistema de clases inglés; Gales (1953), que se centra en un minero y en su familia y cómo luchan con la dura realidad de su vida; y en sus fotografías tomadas en España, donde vive en Valencia y visita Barcelona y Mallorca.
Cuando The Americans se convierte en una especie de icono, Frank decide abandonar la fotografía a partir de 1959, temeroso de que ese monumento se convierta en su lápida, y no volverá al arte fotográfico hasta 1972, cuando realiza imágenes compuestas y trabaja con la Polaroid y el vídeo.
Por eso en 1949 lleva a cabo su primer trabajo cinematográfico, Pull my Daisy (1959), basado en un texto improvisado de Jack Kerouac leído por él mismo y con la participación de los poetas Gregory Corso, Allen Ginsberg y Peter Orlovsky.
Sus obras de esta etapa se centran exclusivamente en temas personales, con composiciones de varios negativos, de estilo rudo, sin refinar, con los que pretende destruir la imagen perfecta y superpone textos escritos, rayados o fotografiados.
En los últimos años ha realizado copias digitales de fotos hechas con Polaroid que sugieren una serie de recordatorios o anotaciones, como My fathers coat (2000), la serie Memory for the children (2001-2003).
También ha seguido con el cine, y su última película se titula True Story (2004), una meditación sobre el envejecimiento.