Zona de Strikes

[email protected] Los managers varían en cuanto a calidad, conocimientos y sutileza. Los hay también hábiles para motivar y quienes logran que el colectivo hale en una misma dirección, mientras le exprimen al máximo su talento. Sin embargo, al final de la historia, es la casilla de los triunfos lo que garantiza la estabilidad en el […]

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Los managers varían en cuanto a calidad, conocimientos y sutileza. Los hay también hábiles para motivar y quienes logran que el colectivo hale en una misma dirección, mientras le exprimen al máximo su talento.

Sin embargo, al final de la historia, es la casilla de los triunfos lo que garantiza la estabilidad en el puesto, y a la vez, conduce al reconocimiento. Eso lo saben bien Noel Areas y Pedro Torres, dos de los más caracterizados hombres de beisbol.

A Noel se le critica porque desea tocar bola desde antes que el partido inicie, pero su reputación de ganador disipa cualquier duda respecto a su calidad. En cambio, Torres domina el juego, pero a sus clubes les cuesta ganar. Así que lo prefieren de entrenador.

Y ante el inicio del torneo de beisbol, ¿qué managers vamos a ver? A timoneles capaces como Omar Cisneros, Hubert Silva y Adalid López. A ganadores históricos como Noel, Davis Hodgson y Gustavo Quinado, igual que a jóvenes en ascenso.

Lo que cambia es el contexto. Lucharán en un ambiente equilibrado, sin poderosos equipos a su alrededor ni billeteras disponibles para satisfacer caprichos. Es decir, van a dirigir. Y ganar, recurriendo a maniobras y tácticas en desuso para sobreponerse a las limitaciones de sus rosters.

Aquí hay managers probados como Hodgson o el mismo Noel. Han demostrado capacidad en escenarios de abundancia y escasez. Pero hay cierta expectación sobre lo que harán Silva y Cisneros.

Se les señala de armar el gran trabuco y sentarse a verlo ganar. Yo veo el asunto de la siguiente forma: le sacaron provecho a la flexibilidad que les permitía el contexto anterior, pero han aprendido. Son tipos vivos y empeñosos en mejorar.

Omar y Hubert tienen sus méritos ganados. Los equipos no ganan solos. Hasta los Yanquis de 1998 —o los de 1927— necesitaron de un manager que hiciera coexistir egos, los comprometiera con el triunfo y moviera hacia el mismo lado.

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