El nuevo primer ministro de Bélgica, Herman Van Rompuy (izquierda) junto a su predecesor, Yves Leterme. (LA PRENSA/AFP HERWIG VERGULT)

Diputados ratifican a premier belga

Herman Van Rompuy logra apoyo para empezar a gobernar Los diputados belgas ratificaron ayer viernes sin sorpresas el nombramiento del nuevo primer ministro, el democristiano flamenco Herman Van Rompuy, nombrado el pasado martes en reemplazo de Yves Leterme, empujado a la renuncia tras el escándalo “Fortisgate”. Los diputados respaldaron al nuevo gobierno por 88 votos […]

  • Herman Van Rompuy logra apoyo para empezar a gobernar

Los diputados belgas ratificaron ayer viernes sin sorpresas el nombramiento del nuevo primer ministro, el democristiano flamenco Herman Van Rompuy, nombrado el pasado martes en reemplazo de Yves Leterme, empujado a la renuncia tras el escándalo “Fortisgate”.

Los diputados respaldaron al nuevo gobierno por 88 votos a favor y 45 en contra.

El rey de los belgas Alberto II había encargado el domingo a Van Rompuy formar gobierno tras la renuncia, el 19 de diciembre, de Yves Leterme, acusado de haber presionado a la justicia para que convalidara el plan de rescate financiero del banco belga-holandés Fortis.

El nuevo gobierno retoma lo esencial del programa y de la composición del equipo de Yves Leterme, apoyándose en una amplia coalición de cinco partidos: cristiano-demócratas y liberales del lado flamenco, cristiano-demócratas, liberales y socialistas del lado francófono.

La duración de vida del gobierno Van Rompuy es incierta, a causa sobre todo de las tensiones persistentes entre las comunidades de lengua francesa y neerlandesa.

Herman Van Rompuy reclamó en su primer discurso ante el Parlamento, el miércoles, una aceleración de las negociaciones comunitarias sobre el futuro del país.

LA DIVISIÓN

Van Rompuy buscará rápidas soluciones al contencioso de la circunscripción electoral de Bruselas-Vilvoorde, denominado “BHV”, uno de los ejes de la crisis política entre flamencos y francófonos de Bélgica.

Los flamencos exigen la escisión de BHV desde hace varios años, buscando recortar los derechos electorales y judiciales específicos acordados a los francófonos que viven en la periferia flamenca de la capital belga, pero los francófonos quieren mantenerlo, ya que les permite votar por candidatos francófonos y acudir a la justicia en francés.

Los partidos que representan las principales comunidades lingüísticas del país —los flamencos de Flandes y los francófonos de Bruselas y Valonia— se enfrentan desde hace un año y medio debido a la petición de más autonomía de los primeros.

Las citas electorales de junio de 2009 —comicios europeos y regionales— agravan la situación al empujar a liberales, socialistas y democristianos de ambas comunidades a nuevas maniobras políticas para evitar un avance de los extremistas.

En ese sentido, la llegada a la cabeza del Gobierno de un hombre de consenso como Van Rompuy, considerado un “sabio” de la política belga, podría servir para distender las relaciones.

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