La República Checa asumió ayer, casi un lustro después de su integración en la Unión Europea, la batuta comunitaria al frente del Consejo de Ministros de la UE, en medio de la violenta crisis en Oriente Medio, la guerra del gas entre Ucrania y Rusia y la crisis financiera y económica mundial.
Sin superar aún la resaca de las festividades de fin de año, los checos —considerados tradicionalmente como un pueblo euro-escéptico— se han apresurado a lanzar mensajes claramente europeístas y la diplomacia del país ha asegurado que el trabajo que pretende realizar no será “una mera formalidad”.
El primer ministro Mirek Topolanek confirmó que la República Checa organizará y encabezará una misión de paz en Oriente Medio para tratar de lograr una tregua entre israelíes y palestinos, después de seis días de bombardeos israelíes sobre Gaza, que según fuentes palestinas se saldaron con más de 400 muertos.
Por si fuera poco, los checos, que se incorporaron a la UE en mayo de 2004 y toman ahora el relevo de Francia al frente de las estructuras comunitarias, deberán además liderar a la Unión los próximos seis meses en medio de la incertidumbre económica causada por la crisis global.
Ya en los primeros compases del nuevo año, Praga aprovechó también para definirse acerca de su adopción del euro, un compromiso político que los checos han tardado en formular, mientras que sus vecinos eslovacos, con quienes integraron un día la desaparecida Checoslovaquia, adoptaron ayer la moneda única europea.
Además, resta todavía a Praga pronunciarse sobre un asunto de más calado: el Tratado de Lisboa, que ha mantenido en vilo a la mayoría de los socios de la UE que ya ratificaron el documento.
Se espera que el documento, que modifica sustancialmente las reglas de juego en el seno de las instituciones comunitarias, sea votado y ratificado por el parlamento en su sesión de febrero.
El presidente del país, el euro-escéptico Vaclav Klaus, repitió en su mensaje de año nuevo que no pone en duda la pertenencia de la República Checa a la UE, pero que discrepa en la dirección del proceso de integración que busca marcar el Tratado.