- El apoyo de la afición no tuvo buen efecto
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Banderas. Pitos. Gases. Fueron algunos de los medios de los que se valieron los fanáticos de los Caciques de Diriangén para respaldar a su equipo, que a pesar de los cantos y gritos de apoyo no pudo ante el arrollador paso del Tren del Norte, Campeón del Torneo de Apertura 2008 del futbol nacional.
Los diriambinos llenaron el Estadio Cacique Diriangén, aunque la entrada de los fanáticos fue algo lenta.
Con las caras pintadas, la camiseta de los Caciques y la ilusión de derrotar a su histórico rival, los fanáticos se entregaron por completo desde el arranque.
Arriba de la malla que rodea el campo, un aficionado dirigía la barra diriambina. “El equipo muere en la cancha, nosotros morimos en las gradas”, gritó con convicción aquel joven.
Con una gran emoción por parte de los hinchas de los Caciques y una tímida barra del Real Estelí, que no superaba las 500 personas, inició el duelo.
Mientras transcurría el juego se podían escuchar los gritos de los diriambinos en apoyo a su equipo y en otros momentos ofendiendo a los rivales y al árbitro central.
Al minuto 16 empezó la agonía diriambina, cuando Franklin López marcó el primer gol del Estelí, por penal.
Las maldiciones y amenazas al árbitro no se hicieron esperar, pero aunque ya perdían en la cancha, los diriambinos no dejaban de cantar el “Cacique amigo”, dando ánimos a su equipo.
Terminó el primer tiempo 1-0, pero todavía quedaba una esperanza en los Caciques.
Pero en el minuto 71 pasó lo peor para los Caciques: Samuel Wilson anotó el segundo gol.
El silencio se apoderó de los diriambinos y aunque los más fieles fanáticos intentaron seguir cantando, la mayoría de sus coterráneos los abandonó.
La pequeña barra esteliana se volvió gigantesca en ese momento, ya que ante el silencio y los lamentos de los diriambinos, sus gritos de júbilo invadieron el Estadio Cacique Diriangén.