- Mal trato oficial
Desde hace nueve años, centenares de niños de la comunidad El Limonal se dan cita junto a sus padres en el ingenio azucarero Casur. El motivo del encuentro es recibir un juguete, un traje, un refrigerio y quebrar piñatas, en un evento promovido por José Rolando Camacho Morales.
Este hombre de 51 años trabaja en Costa Rica desde hace 32 años, 19 de los últimos en el mantenimiento de los centros comerciales más importantes de San José, que incluye el mall San Pedro, lo que le ha permitido tocar el corazón de unos 30 dueños de negocios de tiendas, a quienes desde que inicia el año les pide que le aporten para los niños de Potosí.
“La idea me nació, cuando un día que vine de Costa Rica a pasar Navidad con mis familiares, observé a un niño con un juguete que pasaba frente a una casa de palma, y un niño que vivía ahí quedaba viendo el juguetito que llevaba el otro menor, y me dio pesar ver que en esa comunidad tan pobre, muchos niños no tenían ni siquiera un juguete, mucho menos un estreno en Navidad o año nuevo”, comentó Camacho.
Detalló que en ese momento comenzó a recoger de su propio dinero, y en 1999 hizo la primera actividad. Recuerda que fue una fiesta para los niños, pero al final llegaron más los padres de familias y pocos niños, por lo que decidió al año siguiente hacer piñatas y comprar juguetes con su aguinaldo y dinero que guardaba durante todo el año. “Comenzaron a llegar unos 200 niños, pero cada año llegaban más, y fue en el tercer año de estar haciendo esta actividad que decidí pedir apoyo al buen corazón de los hermanos costarricenses que conozco y desde hace seis años me ayudan a hacer feliz a un niño de esta comunidad”, dijo.
TAREA DIFÍCIL
Cuando Camacho tiene listos los juguetes y la ropa para los niños, le corresponde la difícil tarea de transportarla a Nicaragua. “Por cada bulto tengo que pagar un montón de dinero para transportarlo de Costa Rica a Nicaragua, y todos los años la Aduana de Peñas Blancas piensa que se trata de negocio, y aunque le muestre cartas que es una actividad de los niños me cobran y bonifican el pasaporte”, se queja Camacho.
Sin embargo, en este año la cónsul de Nicaragua en San José, Leticia Herrera, certificó el noble gesto de Camacho y pidió el apoyo a las autoridades de Aduana, lo que permitió que este año los obsequios entraran sin problema alguno a su destino.
Para hacer posible la repartición de juguetes y las piñatas, Camacho cuenta con el apoyo de seis señoras del sector, que en su momento también fueron trabajadoras inmigrantes en Costa Rica.
Camacho considera que su gesto hacia los niños es de nobleza. “No tengo ninguna intención de andar en partidos políticos, ni aspiraciones a cargos públicos, lo que hago es únicamente por hacer feliz a un niño”, dijo.