El gobierno del presidente Ortega gasta millones de córdobas mensualmente en promover su imagen como alguien preocupado por los pobres. Sus mensajes han sido reiterativos, cualquier problema que no puede resolver, que son la mayoría, lo justifica con su “férrea defensa de los intereses de los pobres”. Y sus principales colaboradores repiten con las mismas palabras los mensajes de su jefe. Ninguno de ellos quiere —o quizás temen— desentonar.
Este eje propagandístico de Ortega no es nuevo. En la década de los ochenta, argumentando la defensa de los pobres se confiscó, se dividió la sociedad, se provocó una guerra, se impuso un Servicio Militar Obligatorio, se violaron los derechos humanos y se destruyó la economía. En nombre de los pobres se rechazaron las elecciones libres, a pesar de que el FSLN se había comprometido, cuando se luchaba contra Somoza, a establecer un sistema democrático de gobierno. Y si no hubiera sido por la lucha de la Contra, la estrategia de Reagan y la resistencia cívica interna del pueblo, jamás hubieran habido elecciones libres en 1990.
Los economistas afirman con certeza, que la inflación es el principal impuesto al pueblo y que golpea con más fuerza a los más pobres. Lo que significa afectar al 80 por ciento de la población. Las cifras oficiales muestran que en el 2006 la inflación fue del 9.45 por ciento, muy lejana de aquel 33,000 por ciento del primer gobierno de Ortega. Ahora, de nuevo con Ortega desgobernando el país, la inflación creció al 16.88 por ciento en el 2007 y este año esperan cerrar con el 15 por ciento. Esto significa un 34.41 por ciento de inflación acumulada.
Los salarios mínimos se incrementaron este año en un 18 por ciento, pero el sector “beneficiado” es muy reducido, tomando en cuenta que el sector informal representa el 62.7 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) y, además, que los que ganan el salario mínimo son la minoría de todos los trabajadores del país.
El principal plato típico de Nicaragua es el gallopinto. Los frijoles, el arroz, el maíz y el aceite comestible, son la base de la alimentación de los nicaragüenses. Es obvio que cualquier gobierno que dice representar a los pobres y que en su mensaje oficial argumenta que todo lo que hace es por los pobres, necesariamente debería garantizar que los pobres puedan comer lo básico, lo tradicional. Es decir el gallopinto nica. Pero, ¿qué ha sucedido en la realidad ? En noviembre del 2006, antes de las elecciones nacionales, en el mercado de Masaya, uno de los más baratos del país, la libra de frijol rojo costaba C$4.50 y ahora cuesta C$11.00. Esto significa un incremento del 144 por ciento. La libra de arroz 80-20 costaba C$3.75 y ahora cuesta C$10.50, hay un incremento del 180 por ciento. El litro de aceite costaba C$16.00 y ahora cuesta C$28.00, o sea un incremento del 87 por ciento y la tortilla costaba C$0.50 y ahora cuesta un córdoba, para un incremento del ciento por ciento.
Las cifras son demoledoras, el incremento en el costo del gallopinto con el gobierno de Ortega es del 143 por ciento, es decir mucho más del doble. Y la pregunta es sencilla: ¿Quién ahora ha incrementado su salario en 143 por ciento desde que llegó Ortega al Gobierno? ¿Quién ahora gana más del doble? La respuesta es también muy fácil, sólo ganan más los integrantes de la nomenclatura orteguista.
Entonces, contrastando la realidad con los demagógicos y furibundos discursos del presidente Ortega sobre su supuesta “defensa de los pobres”, resulta que es pura mentira, pura demagogia. La verdad es que no defiende a los pobres. Durante estos dos años de gobierno orteguista ha engañado a los pobres y a toda la población. Y ha mentido a la comunidad internacional pidiendo ayuda para “supuestamente” defender a los pobres.
Lo que sí han defendido, con morteros, con machetes, con piedras, con la manipulación de las leyes y con funcionarios corruptos como los magistrados del CSE, es su poder político y económico. Por eso se robaron las elecciones municipales, sin importarles el daño que causarían a la economía y a la democracia. Y los que más van a sufrir las consecuencias son los pobres. Pero Nicaragua tiene muchos hijos que la aman y gracias a su resistencia cívica y su lucha por la libertad y la democracia, Nicaragua volverá a ser República.